Los 300 bellacos de Gorino

Artículo publicado el 16 de Noviembre de 2016
Artículo publicado el 16 de Noviembre de 2016

[OPINIÓN] Hace unas semanas, 300 personas cortaron la calle de entrada al pueblo italiano de Gorino, en Ferrara, para impedir la llegada de 20 inmigrantes reubicados temporalmente. Estos espartanos modernos dejaron el honor en sus casas y llevaron el odio en el bolso, provocando que los italianos nos avergonzáramos de compartir la misma nacionalidad.

Debieron de sentirse como los 300 espartanos en las Termópilas frente a la avasalladora potencia del ejército de Jerjes. Trescientos héroes que, a sus ojos (y solo a los suyos), estaban ahí para defender la tierra sagrada de la incursión violenta de 12 mujeres y 8 niños. A falta de otras instalaciones disponibles en la zona para acogerlos, el procurador de Ferrara les había destinado a la pequeña aldea de Gorino, un microscópico pueblo de 600 almas perdido entre la niebla. Trescientas personas que siguen siendo héroes solo a sus ojos rebosantes de ignorancia, sin un Leónidas que les infunda el honor y la virtud de dejar a mujeres y niños fuera de este circo de odio y ruindad. 

Viendo las fotos de los resistentes de la niebla ferraresa uno se queda atónito: ahí están, sonrientes, felices de defender sus derechos y su precaria economía en crisis, con sus sudaderas de marca y sus abrigos llamativos, con tiempo siempre para lamentarse de la miseria. Y ahí están, en las fotos, contentos por haber restablecido el orden natural de las cosas, fuertes y orgullosos de haber obtenido una victoria que no es sino una de las derrotas más repugnantes, cuya señal perdurará en la sociedad italiana durante los años venideros. Contentos con la noche que han pasado en blanco y que ha terminado con vino tinto y salchichón, como si de una excursión se tratase. Satisfechos por haberse salido con la suya frente a un delegado del Gobierno que "de forma excepcional y temporal" había mandado a 20 seres humanos, un poco como paquetes postales que nunca se entregaron, a a este rincón perdido para que tuvieran un mínimo de amparo y tranquilidad. El grito de los vecinos rezaba lo siguiente: "¡No los queremos aquí!" y "¡Los italianos primero!".

¿Pero antes de quién? ¿Antes de qué? Resulta difícil de creer que la gran metrópolis de Gorino (600 habitantes, de los cuales 300 —la mitad— bajaron a la calle para montar las barricadas) tenga problemas para acoger a ocho niños y doce mujeres, una de ellas embarazada. Igual que resulta cuando menos inverosímil la idea de que un pequeño hostal se haya convertido de repente en la meta de hordas de turistas salvajes ansiosos por apreciar los neblinosos deleites del valle del Po en octubre. No, en realidad es probable que los problemas sean otros. Somos nosotros los que no hemos comprendido que la libertad italiana en estos momentos está constantemente oprimida y en peligro por la "dictadura de la acogida" (tal cual lo declaró la Liga Norte), una dictadura a la que es necesario decir con firmeza que no, a pesar de que (que alguien se lo explique a estos señores) puede que el concepto en sí resulte ser un oxímoron. Somos nosotros los que no hemos entendido que estos 300 feroces combatientes con chaquetas Moncler son los "héroes de la nueva Resistencia", según la Liga Norte, a pesar de que (de nuevo, que alguien se lo diga) sus abuelos, que sí formaron una resistencia de verdad, combatían contra un monstruo que durante los veinte años anteriores se había comido todo derecho y libertad. Y somos nosotros (¿adivináis quién es quién lo dice?) los que estamos equivocados, incapaces de valorar los esfuerzos de estos valientes espartanos del siglo XXI que se han visto obligados a "pasar la noche en la trinchera" para defender a Italia de la invasión. Aunque quisiéramos pasar por alto la edad, el sexo o la condición de los audaces invasores, sí tendríamos alguna observación que hacer sobre los posibles significados de la palabra "trinchera", que sin duda se disiparía tras una charla con algún bisabuelo, que sí ha vivido la guerra en sus propias carnes. 

La verdad es que, hace algunos años, durante los partidos de fútbol del campeonato local, junto a los inevitables improperios llovían de la grada algunos coros muy acertados: ¡La niebla, lo único que tenéis es la niebla! Niebla y racismo, una combinación perfecta para justificar la ceguera de no ver en esos 20 seres desesperados el retrato de los propios italianos hace más de ochenta años al otro lado del océano.

¿Los italianos primero? Dan ganas de preguntarse si habría cambiado algo si esas 20 personas hubieran sido 20 sin techo, rigurosamente italianos, hombres y en perfecto estado de salud. Probablemente no. Los italianos primero, sí, a no ser que ensucien la alfombra de la entrada. En ese caso, que se vuelvan a la fila con los demás.