Los Ahwazi, la persecución olvidada

Artículo publicado el 5 de Abril de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 5 de Abril de 2004

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Irán es una amalgama de pueblos, a menudo perseguidos, pero para Europa lo más importante es el petróleo y el gas.

La relación de derechos humanos en Irán es miserable: desarrollo de armas nucleares, terrorismo, encarcelación y ejecución de los disidentes... son algunas de las violaciones reconocidas en el país. Un abuso que se arrastra desde antaño y que hoy en día permanece al descubierto, es el creciente apartheid existente contra las minorías étnicas no persas, que incluyen a 2/3 de la población de Irán.

Junto a los persas; árabes, balochis, kurdos, turkmenos y turkos son otras de las etnias dominantes del país. Pero la creciente discriminación ha marginado estas minorías, semejantes a los persas, que podrían querer fomentar el cambio en una nación dilapidada por la crisis nacida de la sucesión de dictadores monárquicos y clericales.

Los olvidados ahwazi

Unidos en la asimilación forzosa y represión étnica sistemática, al frente de esta discriminación, están los más de 4 millones de árabes ahwazi del país, que habitan en la provincia suroccidental de Khuzestan.

Este invierno, en una carta pública al primer ministro Koizumi y a Javier Solana, los ahwazi protestaban por la reciente firma del acuerdo de 2,8 billones de dólares para la prospección y explotación petrolífera establecido entre la japonesa Index Corp. y el gobierno iraní. Este contrato petrolífero, decía la carta, no sólo fortalecería al gobierno iraní sino que también expulsaría a los nativos ahwazi de su tierra ancestral.

En una carta anterior, la Organización de Derechos Humanos de Ahwaz (AHRO), instaba a la Comisión de Derechos Humanos de la UE a que enviara observadores a la prisión khuzestaní de Karoon, donde se cree que hay más de 6000 indígenas ahwazi encarcelados, algunos durante más de 20 años.

Migraciones forzosas

La política iraní intenta deliberadamente eliminar la identidad nacional de los árabes ahwazi. En un memorando obtenido de fuentes gubernamentales, el General Gholamali Rasheed, jefe de inteligencia y operaciones en colaboración con la Comandancia Central de las Fuerzas Armadas Iraníes, instaba a Kalantari, ministro de Agricultura, a realizar un cambio en la composición de la población árabe de Khuzestan mediante migraciones forzosas. Así se dirigiría también el permanente traslado de comunidades persas del noroeste de la provincia, hacia la invasión de la tierra de los ahwazi.

Los ahwazi han estado luchando por la autodeterminación y el fin de su opresión desde su anexión por el Sha Reza en 1925. Desprendidos de sus derechos más fundamentales, los disidentes son rutinariamente encarcelados y ejecutados por expresar pacíficamente sus opiniones. Relegados a ser ciudadanos de 2ª clase, los ahwazi viven en la pobreza más abyecta, sin el más mínimo provecho de los beneficios derivados de las numerosas fuentes de gas y petróleo de Irán.

Esperanza danesa

A pesar de esta poco prometedora evaluación, la difícil situación de los árabes ahwazi no está totalmente olvidada. El pasado enero, el parlamento danés organizó un simposium sobre los derechos de las etnias iraníes. En marzo, en una carta dirigida al Presidente Khatemi, seis daneses miembros del parlamento europeo le recordaban la sombría situación de las minorías étnicas de su país. Que la UE no hace lo suficiente para defender los derechos humanos en la región, se aireó también en Génova durante las 60ª Sesiones de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU.

Los responsables de política exterior deben comprender que un Irán progresista y seglar, depende de un fuerte sistema federal, con unos poderes ejecutivo y legislativo electos y una justicia independiente. Sólo un sistema federal puede permitir a los iraníes desarrollar y proteger sus respectivas culturas e historias, cualquiera que sea su origen, género o religión. La UE debe insistir en el derecho a la autodeterminación, no sólo porque es un derecho fundamental, sino también como la mejor vía para resolver conflictos, cualesquiera que puedan ser.