Los barceloneses y el turismo: ¿una relación complicada?

Artículo publicado el 7 de Enero de 2015
Artículo publicado el 7 de Enero de 2015

Más de siete millones y medio de turistas visitaron Barcelona en 2013. El impacto del turismo es considerable en la ciudad, pero a menudo nos olvidamos de un detalle: ¿qué piensan los barceloneses sobre ello?

En 2013, más de siete millones y medio de turistas han visitado Barcelona. Explicar los principales atractivos de la ciudad sería tirar de los más famosos tópicos barceloneses: las joyas del modernismo irguiéndose sobre el Paseo de Gracia, el hechizante Barrio Gótico, su envidiable clima y proximidad al mar, el buen comer, una vida nocturna apta para todos los gustos, la huella dejada por el Barça...

Estos turistas se gastan en la ciudad condal un total de 25 millones de euros al día (sí, ¡al día!), en alojamiento, transporte, ocio, compras, gastronomía. Además, se han creado más de 120.000 puestos de trabajo vinculados directamente al turismo, además de los miles de comercios que se benefician a diario de la oferta turística. Esta es la cara de un fenómeno que empezó durante los Juegos Olímpicos de 1992 y que no ha dejado de expandirse en estas últimas dos décadas. Se trata de la décima ciudad con mayor flujo turístico del mundo, y la tercera ciudad más fotografiada, según Sightsmap.

Sin embargo, toda moneda tiene también su cruz. A menudo nos olvidamos de actores no menos importantes en esta obra: los vecinos de la ciudad. La masificación del turismo en la capital catalana no ha hecho más que poner de los nervios a muchos de los barceloneses, cuya relación con los turistas no ha dejado de complicarse día tras día.

Las Ramblas, uno de los puntos más emblemáticos de la ciudad, es el gran paradigma de esta transformación. Las tiendas de moda, pequeños comercios y panaderías se han visto reemplazados por restaurantes cuyo "plato estrella" es la paella (siempre acompañada de una jarra de sangría), casas de cambio de moneda y tiendas de souvenirs.  Unas tiendas, por cierto, atestadas de figuras de flamencas, toros y, para sorpresa de muchos...¡Sombreros mexicanos!. Un consejo: si tiene que cruzar Las Ramblas de una punta a la otra y va con prisas, prepárese para sentirse como un auténtico ninja esquivando grupos de turistas.

Para buena parte de los vecinos de la ciudad, Barcelona se ha convertido en un “parque temático”, al nivel de ciudades como Venecia. “Aquí hacen lo que les da la gana”, se queja José Antonio, vecino del barrio de La Barceloneta. Es precisamente en este barrio marinero, uno de los más carismáticos de la ciudad, donde los encontronazos entre vecinos y turistas se han hecho más frecuentes. Ruido, calles sucias,  gente bebiendo alcohol por las calles.

El pasado verano, circulaban por las redes sociales unas fotografías de dos turistas italianos deambulando desnudos por las calles de la ciudad. Ese episodio provocó numerosas protestas  promovidas por las asociaciones de vecinos del barrio, hartos de “este turismo de bajo coste y de borrachera”.

Los apartamentos turísticos son otro de los blancos de las protestas. Cada vez son más los pisos alquilados a turistas por unos pocos días. “Nunca sabes con quién te vas a encontrar en la escalera”, dice Carmen, residente del mismo barrio. “Se oyen ruidos, música, gritos cada dos por tres, no entienden que hay vecinos viviendo, gente que trabaja al día siguiente”. Los apartamentos de alquiler para turistas se cuentan por miles, muchos de ellos sin licencia. El Ayuntamiento de Barcelona no ha intervenido hasta hace pocos meses, y el pasado 16 de diciembre ponía en marcha una línea telefónica para atender las quejas de vecinos por molestias de los pisos turísticos.

El modelo turístico de Barcelona ha estado en boca de muchos durante los últimos meses. El documental Bye Bye Barcelona, estrenado el pasado mes de abril, ha lanzado un grito sobre las consecuencias negativas del turismo masivo en la ciudad. Dirigido por Eduardo Chibás, este documental hace un amplio recorrido por las tensiones constantes entre los ciudadanos de Barcelona y los turistas. En la misma línea, el próximo mes de marzo se estrenará en el Antic Teatre de la ciudad la obra de teatro Guiris Go Home, que arremete con humor contra la invasión turística de Barcelona.

¿A Barcelona no le gustan los turistas? No se trata de "turismofobia", sino "de una clara percepción social de deterioro", como explica el director de Guiris Go Home, Marc Caellas, en el periódico La Vanguardia. El Ayuntamiento de Barcelona se enfrenta ahora a una encrucijada: aún proponiéndose aumentar la afluencia de turistas anuales a más de 10 millones, deberá poner solución a un modelo turístico "descontrolado" e "irresponsable", como califican muchos barceloneses.