Los Blogueros tunecinos: 'No la llaméis revolución 2.0'

Artículo publicado el 13 de Marzo de 2014
Artículo publicado el 13 de Marzo de 2014

En 2011 el mundo loaba la “revolución 2.0” tunecina. Si los blogueros eran los héroes, internet era su arma.  Hoy, tres años más tarde, después de amenazas “online” y del regreso de los partidos tradicionales, los medios de comunicación sociales se erigen como un instrumento de doble filo incluso para los que habían sido retratados como la vanguardia del pueblo. ¿Larga vida a los blogueros?

Cuan­do me en­cuen­tro con Lina Ben Mhen­ni en el Gran Café du Thea­tre, en la ave­ni­da Bour­gui­ba, to­da­vía le falta el alien­to. Mien­tras se sien­ta, con un gesto con la mano in­vi­ta a su guar­daes­pal­das a ale­jar­se. Acaba de lle­gar de la uni­ver­si­dad en la que da clases. Em­pie­zo a ha­blar, pero ella mira hacia otro lado, más allá de la gran ave­ni­da, donde cien­tos de per­so­nas pasan, donde un ejam­bre de taxis recorre la calle. Tres años antes, en 2001, en esta ave­ni­da se ma­te­ria­li­zó la “cyber-re­vo­lu­ción” tu­ne­ci­na, la pri­me­ra de la his­to­ria. Lina, a pesar de ser una de las bol­gue­ras más co­no­ci­das del país, la con­si­de­ra un mito: “la gente moría en la calle, no on­li­ne”, afir­ma – pa­re­ce mo­les­ta de tener que se­guir ex­pli­cán­do­lo. La alam­bra­da que re­co­rre parte de la calle con­fie­re un peso par­ti­cu­lar a sus pa­la­bras. 

A Tu­ni­sian Girl

En 2011 Lina es invitada a la te­le­vi­sión fran­ce­sa. Tariq Ra­ma­dan, un co­no­ci­do in­te­lec­tual árabe, la acu­sa a ella y a los blo­gue­ros de no ser por­ta­vo­ces del pue­blo y de haber sido fi­nan­cia­da por ins­ti­tu­cio­nes es­ta­dou­ni­den­ses. “Per­so­nal­men­te no conoz­co a nadie que haya co­bra­do por abrir un blog. ¿Di­ne­ro para qué? ¿Cuán­to cues­ta crear un blog?”, afir­ma ta­jan­te cuan­do le pregunto por el pro­gra­ma. Su his­to­ria per­so­nal es digna del mejor Ta­ran­tino: en 2007, con un por­tá­til “com­pra­do en un Ca­rre­four cual­quie­ra”, creó su pri­mer blog, A tu­ni­sian girl. En prin­ci­pio, “un blog sobre asuntos fú­ti­les”, ad­mi­te sin re­pa­ros. Des­pués, llega la cen­su­ra de Ben Alì y la fama por su no­mi­na­ción al Nobel de la paz. Es en­ton­ces cuan­do Lina se con­vier­te en uno de los ros­tros más im­por­tan­tes de la “re­vo­lu­ción”. 

Hoy, con un dic­ta­dor menos y una Co­sti­tu­ción más, vive bajo la cons­tan­te pro­tec­ción de la po­li­cía. “Antes de la re­vo­lu­ción es­tu­ve en pri­sión, pero al menos tenía un poco de espacio. Ahora sufro cam­pa­ñas de di­fa­ma­ción y ame­na­zas de muer­te por Fa­ce­book: no vi­vi­ría sin la pro­tec­ción de la po­li­cía”, ase­gu­ra – sar­cas­mo y re­sig­na­ción se mez­clan en una mi­ra­da di­ri­gi­da a su guar­daes­pal­das. ¿Cómo puede ser? ¿No eran los blo­gue­ros la van­guar­dia que­ri­da del pue­blo al­za­do? ¿Y no era In­ter­net el arma afi­la­da de las jó­ve­nes ge­ne­ra­cio­nes? “Blogs, me­dios so­cia­les, in­ter­net: de ins­tru­men­tos se han con­vier­ti­do en un arma de doble filo por el pro­pó­si­to de la re­vo­lu­ción”, ad­mi­te Lina antes de sen­ten­ciar: “Hace 3 años, creía que todos que­rían me­jo­rar nues­tro país, pero era una idea­lis­ta”. La llu­via cae sobre Túnez, a 15ºC es­ca­sos: el tiem­po, a ima­gen y se­me­jan­za de la que­bran­ta­da cyber co­mu­ni­dad que des­cri­be Lina, se es­tre­lla con­tra el sen­ti­do común oc­ci­den­tal. 

EL CAMPO DE BA­TA­LLA

En re­la­ción a la po­bla­ción na­cio­nal total, Túnez es el pri­mer país de Áfri­ca y del mundo en nú­me­ro de per­fi­les ac­ti­vos en Fa­ce­book. En 2001, el 50% de los usua­rios de in­ter­net te­nían una cuen­ta en Fa­ce­book. Ac­tual­men­te, los se­cua­ces de Zu­cke­berg son 3’4 mi­llo­nes y los nú­me­ros con­fir­man que los me­dios so­cia­les han ca­la­do hondo en Túnez (ver grá­fi­co). Tal vez tam­bién por eso, en 2013, Ab­del­Ka­rim (37) de­ci­dió fun­dar So­cial media club de Túnez. ¿Su ob­je­ti­vo? Hacer en­ten­der a los jó­ve­nes la uti­li­dad po­lí­ti­ca de estas pla­ta­for­mas (el 60% de los usua­rios de Fa­ce­book tiene entre 24 y 34 años). Él es de Zaghouan (a 50 km al sur de la ca­pi­tal) donde, hasta 2011, hacer po­lí­ti­ca sig­ni­fi­ca­ba “aplau­dir al fun­cio­na­rio de turno, de vi­si­ta en re­pre­sen­ta­ción de Ben Alì”. Vive en Túnez desde 2002 y, ade­más del árabe y el fran­cés, en­tien­de el ita­liano: la an­te­na de su casa cap­ta­ba  el canal ita­liano Rai1. Me lo en­cuen­tro con Henda (30). Ella es del ba­rrio de Aria­na, en la pe­ri­fe­ria norte de la ca­pi­tal. Ambos se de­fi­nen como blo­gue­ros –mien­tras im­par­ten una clase sobre las ra­dios en in­ter­net en el se­mi­só­tano de la Agen­cia Tu­necina por In­ter­net (ATI), un edi­fi­cio blan­co de dos plan­tas que se en­cuen­tra en la ave­ni­da Ju­gurt­ha. Diez per­so­nas asis­ten al curso. El sol se cuela entre los ba­rro­tes de la ven­ta­na que da al patio.   

Tras las ven­ta­nas, las som­bras de las pal­me­ras se alar­gan sobre el as­fal­to. Ab­del­Ka­rim pone sobre la mesa su por­tá­til, re­cu­bier­to de pe­ga­ti­nas. El res­tau­ran­te està casi de­sier­to. “¿Los blo­gue­ros? Son como pro­to­nes li­bres: cada uno va por su cuen­ta”,  ase­gu­ra – con el re­fle­jo del es­cri­to­rio en la pu­pi­la. “En­nah­da en cam­bio está re­clu­tan­do jó­ve­nes para mo­ni­to­rear los me­dios so­cia­les y lle­var a cabo una cam­pa­ña po­lí­ti­ca en línea: todo se ha con­ver­ti­do en un campo de ba­ta­lla”, con­fie­sa. Hoy pa­re­ce que las redes so­cia­les, con Fa­ce­book a la ca­be­za, re­pre­sen­ten el Le­jano Oeste po­lí­ti­co donde con­flu­yen is­la­mis­tas, co­mu­nis­tas y anar­quis­tas. Cuan­do pre­gun­to por el papel de los blo­gue­ros du­ran­te la re­vo­lu­ción, es Henda quien me res­pon­de, sin pelos en la len­gua: “Los blo­gue­ros han te­ni­do un papel li­mi­ta­do en el curso del le­van­ta­mien­to– es raro oirles ha­blar de 're­vo­lu­ción'". Según ella, “ha ha­bi­do un in­te­rés ge­ne­ral, res­pal­da­do por los me­dios, de es­con­der el rol ac­ti­vo de otros mo­vi­mien­tos so­cia­les tu­ne­ci­nos: gru­pos or­ga­ni­za­dos, no siem­pre pa­cí­fi­cos, y que no están sa­tis­fe­chos con lo que se ha con­se­gui­do”.  ¿Uno de ellos?  Ta­kriz. Sin em­bar­go, tam­bién este mo­vi­mien­to fi­gu­ra como un cyber think tank y según su pá­gi­na de Fa­ce­book es­ta­ría in­clu­so clau­su­ra­do.

Toda revolución necesita un rostro

¿Cuál ha sido en­ton­ces el ver­da­de­ro papel de los blo­gue­ros? “Toda re­vo­lu­ción ne­ce­si­ta un ros­tro”, con­fie­sa cí­ni­ca­men­te Henda. Cuan­do le pre­gun­to a Ab­del­Ka­rim su opi­nión sobre las in­si­nua­cio­nes de Tariq Ra­ma­dan, por la ven­ta­na vemos un coche es­col­ta­do por la po­li­cía pa­san­do como un rayo; lo sigue con la mi­ra­da es­bo­zan­do una son­ri­sa am­bi­gua. Des­pués, al mo­men­to de res­pon­der, pa­re­ce que se le forma un nudo en la gar­gan­ta: “5 fa­mo­sos blo­gue­ros tu­ne­ci­nos dis­fru­ta­ron de una  for­ma­ción por parte de un think thank ame­ri­ca­no – un se­gun­do de si­len­cio antes de con­ti­nuar – pero, ¿quién no lo ha­bría hecho? ¡Por cazar a Ben Alì es­tá­ba­mos dis­pues­tos a fir­mar un pacto con el dia­blo!”. Di­fi­cil lle­var­le la con­tra­ria si pen­sa­mos que ya hace 10 años, mucho antes de que el con­cep­to de “blo­gue­ro” se im­preg­na­ra de con­no­ta­cio­nes po­lí­ti­cas, el ré­gi­men “adies­tra­ba a gente para vi­gi­lar por in­ter­net y para res­pon­der en los foros”, cuen­ta Henda. Eran tiem­pos en los que in­ter­net era solo una caja de re­so­nan­cia de los asun­tos pri­va­dos. Des­pués, todo cam­bió: la po­lí­ti­ca  de in­ter­net, la re­vo­lu­ción 2.0 y el nuevo go­bierno.  No obs­tan­te, ha­blan­do con estos jó­ve­nes ac­ti­vis­tas se po­dría decir prác­ti­ca­men­te lo con­tra­rio. En cier­to sen­ti­do es como si Ben Alì es­tu­vie­se “muer­to”, tam­bién lo es­tu­vie­se la “re­vo­lu­ción”, y los blo­gue­ros no se sien­tie­ran de­ma­sia­do bien por ello.