Los coches antes que el clima

Artículo publicado el 9 de Febrero de 2007
Artículo publicado el 9 de Febrero de 2007
La Comisión obliga a la industria del automóvil europea a reducir las emisiones de CO2 de sus vehículos nuevos. Aunque Angela Merkel persiste en la defensa de los intereses de los constructores.

Si la UE no existiera, la protección del medioambiente se hubiera ido al garete en el continente. Mediante su nueva estrategia -publicada el 7 de ferbrero-, la comisión europea desea marcarles el camino a los constructores de automóviles. A partir de 2012, los los vehículos nuevos no podrán emitir más de 120 gramos de dióxido de carbono par kilómetro recorrido.

Stavros Dimas, el comissario de medioambiente, llevaba dos semanas deseando publicar su informe sobre este asunto. Este exigente griego deseaba rebajar el máximo a 120 gramos de CO2 [hoy está a 160 gramos por kilómetro] gracias sólo al desarrollo de nuevos motores.

Sin embargo, el comisario de industria, el alemán Günter Verheugen -miembro del partido socialdemócrata germano-, se apresuró en criticar las propuestas de Dimas. Al final, las emisiones ligadas al funcionamiento del motor de los coches se limitarán a 130 gramos, mientras que los otros 10 gramos podrán rebajarse mediante sistemas de climatización más económicos, mejores ruedas, recurso a los biocarburantes o a materiales menos pesados.

Una ecologista convencida

En su combate refrendado por la Comisión, Verheugen contó con el apoyo de la canciller alemana y presidenta del Consejo europeo, Ángela Merkel -del conservador partido CDU-. A principios de enero, durante una reunión con los actores principales del sector del automóvil, Merkel declaró que combatiría “con todas sus fuerzas” el plan de protección del clima lanzado por Bruselas. Una declaraciónn que no nos debe sorprender: los constructores alemanes, como por ejemplo Mercedes y BMW, se ganan el pan vendiendo coches pesados y consumidores de mucha energía; productores, por lo tanto, de mucha contaminación.

Dicho esto, las palabras de Merkel sorprendieron por su rudeza. Desde que accediera a la cabeza del Consejo europeo semestral, Merkel siempre había apostado por la carta de la defensa del medioambiente. Ya fuera en el europarlamento o en el reciente Foro económico de Davos, definió la defensa del medioambiente como “el desafío más importante para la humanidad”. “Es obvio que cada país debe luchar por ser eficaz a la hora de reducir sus emisiones tóxicas”, declaró en enero al la revista política Cicero.

Un peligro para la economía mundial

¿Brindis al sol? Merkel pretende querer salvar decenas de miles de empleos amenazados por la nueva regulación sobre las emisiones de CO2. Tal afirmación puede ser cierta: pero si no actuamos desde ya contra los efectos del calentamiento climático, toda la economía mundial se vendrá abajo. Una cuestión que el británico Nicholas Stern, antiguo economista del Banco Mundial, preveía en su informe publicado en noviembre pasado durante la conferencia sobre el clima, en Nairobi.

No es sino hasta principios de febrero de 2007 cuando la Secretaría de la convención-marco de Naciones Unidas sobre los cambios climáticos disipó las últimas dudas que planeaban sobre la emisión de desperdicios tóxicos por parte de los humanos en relación con el calentamiento del planeta. Según esta convención, si los gobiernos no frenan rápido y con firmeza las emisiones de CO2, se prevén graves consecuencias.

Merkel lo sabe, igual que sabe que los europeos temen los efectos del cambio climático. Es un tema que figura en cabeza de todos los sondeos de opinión. No sólo por los caprichos del clima de estos últimos meses, sino también gracias a denuncias de activistas como Al Gore y su documental Una verdad incómoda.

Un golpe de timón

No obstante, la canciller alemana decide defender a la industria alemana del automóvil, cuya clientela adinerada dispone de medios suficientes para pasearse por las ciudades al volante de coches 4x4 o de elegante y pesado diseño. Una postura anacrónica y poco razonable. Europa debe cambiar de rumbo su política medioambiental si desea posicionarse con ventaja ante los desafíos del cambio climático. El futuro pertenece a los coches de bajo consumo. Negarlo, es poner en riesgo la naturaleza y los empleos de mucha gente.

Aunque los ecologistas critiquen a la Comisión por plegarse a los intereses de la industria del automóvil, Dimas se ha apuntado un buen tanto. Por primera vez, la industria europea del automóvil se ve obligada a aportar su grano de arena en la defensa del medioambiente. Un paso adelante pequeño pero importante.