Los Derechos Humanos deben ser una realidad, no una entelequia

Artículo publicado el 20 de Enero de 2005
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Artículo publicado el 20 de Enero de 2005

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Puede que la UE se presente como plusmarquista de los Derechos Humanos, pero sus planes para un permiso de inmigración a la “americana” y el informe que sobre ella ha emitido Human Right Watch sugieren lo opuesto.

“La Unión Europea se fundamenta en los valores de respeto a la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad, el Estado de Derecho y el respeto a los Derechos Humanos. "...estos valores son comunes a los Estados miembro...” (Art 1-2. Tratado constitucional Europeo). Además, pera llegar a ser miembro de la Unión cada Estado debe firmar previamente la Convención Europea de Derechos Humanos así como demostrar su respeto por los valores de la misma.

A pesar de eso, el informe emitido la semana pasada por Human Right Watch (HRW) en el que se critica tanto la política migratoria de la Unión como su legislación antiterrorista, nos indica que en materia de Derechos Humanos existe una desconexión entre la teoría y la práctica y que muchos Estados harían bien en reconocer tales divergencias.

Retórica grandilocuente

Este informe no es el único que critica el nivel de respeto de los Derechos Humanos; a lo largo de los últimos años una plétora de eminentes juristas, académicos y ONG´s también han puesto el punto de mira sobre los gobiernos de los Estados de la UE.

El ambiente de miedo reinante tras el 11 de septiembre le ha otorgado a los Estados carta blanca para alterar algunos de los derechos y libertades mas fundamentales. La Ley sobre detención indefinida de extranjeros sospechosos de terrorismo aprobada en el Reino Unido o la aplicación que hace España de la incomunicación son dos claros ejemplos de esto aunque distan bastante de ser ejemplos aislados. Dejando a un lado la “Guerra contra el terrorismo”, la reaccionaria respuesta que algunos Estados han dado a la inmigración -respuesta alentada por ciertos medios de comunicación- comprende por ejemplo acciones como la expulsión de inmigrantes libios de Italia sin dejarles interponer las correspondientes alegaciones o las extremas restricciones que Holanda ha aplicado contra la inmigración. Los líderes deben percatarse de que cuando se juega a hacer política con los derechos y la democracia, los hechos no sólo hablan más alto que las palabras, sino que su grandilocuente retórica termina resultando hueca.

Cabría esperar que la inclusión de la Carta de Derechos Fundamentales en la Constitución Europea (si finalmente se adopta) introduzca una “cultura” de los Derechos Humanos tangible en la Unión, pero parece bastante improbable que ese sea el caso. Desde que se adoptara esta Carta en Niza ha tenido unos efectos legales ambiguos y puede que en el futuro, con el añadido de nuevas disposiciones o derogaciones, el nivel de respeto por la misma quede más diluido de lo que ya está.

Debemos garantizar que los Derechos Humanos no se queden en una entelequia política ni en una mera reclamación de las elites de izquierda. Si la UE realmente pretende alcanzar en la práctica los objetivos que ella misma se ha marcado tiene que desarrollar una verdadera cultura de los Derechos Humanos y mantenerla a salvo de la manipulación política.