Los errores (in)humanos detrás del desastre ferroviario en Puglia

Artículo publicado el 17 de Julio de 2016
Artículo publicado el 17 de Julio de 2016

OPINIÓN. El desastre ferroviario de Andria es el espejo de una Italia que viaja a dos velocidades: una que va a 300 kilómetros desde Roma hasta el norte, y otra en el sur que funciona mediante un "pacto" entre los jefes de estación para coordinar el tráfico ferroviario. El error que condujo al accidente es humano. Los errores de un sistema que roba y que permitieron esta tragedia, inhumanos. 

Martes 12 de julio. Las 11:38. Estación de Andria. El jefe de estación le da permiso al conductor del tren para que lo ponga en marcha. El tren sale con destino Corato, un pueblo cerca de Bari (Puglia). Al mismo tiempo, en Corato hay un tren que espera para salir con destino Andria. Después de haber obtenido el permiso, este tren puede empezar su viaje. Pero hay un problema: los dos trenes no sólo viajan en la dirección opuesta, sino que, además, lo hacen en la misma vía. La única existente, en una ruta como la que hay entre Corato y Andria es, desde hace años, objeto de una duplicación de la línea para la cual, en el 2013, se expropiaron unas tierras. Burocracia vacía, vaya. La licitación para duplicar la línea se amplió hasta el 19 de Julio 2016. Demasiado tarde. Unos minutos después de salir de sus estaciones occurre el desastre. El choque se produce a toda velocidad, justo después de una curva. Los dos conductores no pueden tampoco reducir la velocidad para intentar reducir la fuerza del impacto. Se dan cuenta de que, simplemente, sería inútil. Probablemente, ellos, Luciano y Pasquale, también cruzaron sus miradas por una fracción de segundo antes del contacto. Después llegó el infierno.

Se trata de dos trenes locales llenos de pasajeros que, todos los días, se suben al tren para ir al colegio, a la universidad, al trabajo, e incluso que se desplazan al aeropuerto de Bari Palese para coger un vuelo. 23 de ellos morirán. Las fotos del choque dejan poco espacio a la imaginación. La parte delantera de los dos trenes ya no existe. Alrededor del lugar donde se produjo el accidente, ya tan sólo quedan marañas de acero, sangre y cuerpos humanos. 

Errores (in)humanos

El ser humano, por su naturaleza, busca siempre un culpable. Un responsable en el que descargar toda la rabia, la desesperación y la incredulidad de quien, por suerte, sobrevivió al desastre, o de quien ha perdido alguien en este tipo de tragedias. Se trata, de hecho, de un error humano, ya que todo el sistema mediante el que se gestiona el tráfico ferroviario en esta ruta se basa en una llamada de teléfono, un acuerdo de voz entre los dos jefes de estación para determinar qué tren pasa y cual espera en la estación. Un pacto entre caballeros que se remonta a mediados del siglo pasado, irreal en un sistema ferroviario donde existe y se aplica correctamente, en otras secciones, un sistema de bloqueo automático que no depende de la atención y voluntad de un buen hombre. Asistimos, entonces, a un error humano en en una Italia donde, por el contrario, los errores orgánicos y sistémicos son inhumanos.

Algunas cifras: a través del decreto Sblocca Italia y la Ley de estabilidad 2016 [una ley que establece cómo se usarán los recursos económicos estatales a lo largo del año, nota de la editora], se destinarán unos 4.859 millones de euros a la modernización del ferrocarril. Desde Florencia hasta el norte de Italia, 4.799  y "bien" 60 millones para el resto de la península. Para los amantes de las estadísticas, esto supone que un 1.2% de los recursos se asignarán al sur, y el resto al norte. Además, de los 4.859, se destinará acerca del 50% para las ya eficientes líneas de alta velocidad, y el otro 50% a las regionales y a los trenes intercity. Tal vez, se podría emplear una fracción de ese 50% para borrar el sistema de "llamada de teléfono". De este modo, los pasajeros del alta velocidad llegarían cincos minutos más tarde pero, los que viven donde no pasan trenes de alta velocidad tendrían la oportunidad de llegar a la estación sin problemas. En Corato ha muerto gente de clase media, y no precisamente quienes viajaban en primera. 

Se podría también mencionar el hecho que en Matera, Capital de la Cultura 2019,  el ferrocarril no llega debido a que falta una sección de 20 kilómetros, que debería haberse construido allá por el año 1986.

Un cáncer que se retroalimenta

Estos dos ejemplos describen bien una situación enferma en su interior: la mala gestión de la administración pública al sur, fruto de gastos sin restricciones causados por clientelas, reclutamiento masivo y entidades completamente innecesarias, que continúa causando atraso e ineficiencia y que ahora es incapaz de emplear las ayudas y los recursos que envía Europa. Imagen de un estado que parece compuesto de dos naciones que viajan a dos velocidades diferentes. Un cáncer que se alimenta de sí mismo.

Los fondos para construir la segunda pista entre Corato y Andria llegaron de Bruselas, el 27 de abril de 2012. Y todo tendría que haber estado listo el 30 de junio de 2015: este retraso ha costado muy caro. Culpa de los absurdos procedimientos burocráticos. El problema no está en la aplicación de las reglas, sino en su degeneración. Esto occurre cuando estas mismas reglas, diseñadas para asegurar la regularidad de la construcción de obras y prevenir abusos y conflictos de interés, se convierten en un monstruo hecho de papel  capaz de devorar cualquier buen proyecto y iniciativa para el territorio. Bismarck se revolvería en su tumba. 

La búsqueda de responsabilidades está abierta. Hoy en día contamos con tecnologías que nos permiten saber inmediatamente si una pelota de tenis ha cruzado la línea imaginaria o no. Sin embargo, si dos trenes viajan el uno contra el otro a gran velocidad en campo abierto, y se chocan, sólo nos damos cuenta después de una explosión. Sería interesante saber quién es el responsable de esto. 

Quando queste, pensate per assicurare la regolarità della costruzione delle opere e scongiurare abusi e conflitti di interesse, si trasformano in un mostro fatto di carta e firme in grado di divorare qualsiasi valido progetto e iniziativa per il territorio. Qualcosa da far rivoltare Bismarck nella tomba.