Los eslovenos no tienen mala uva

Artículo publicado el 3 de Mayo de 2005
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Artículo publicado el 3 de Mayo de 2005

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La fiesta tras la ampliación está garantizada, Eslovenia pone el vino.

“La cosecha ha terminado amigos, y el vino cura la tristeza de ojos y corazones”. No, no es la canción de los borrachos, es el himno de Eslovenia. El nuevo país de la UE es un experto viticultor, con unas 25000 hectareas de viñedo, que producen unos 80 millones de litros al año, de los cuales los eslovenos se beben unos 45 litros de vino por persona y año.

Toda una potencia del sector, desde tiempos pretéritos. En el noroeste de Eslovenia, en el antiguo barrio judío de la ciudad de Maribor, encontramos algunas de las primeras enotecas de Europa. El mismísimo historiador romano Cornelio Tácito (59-119 d.C.) menciona los vinos de Poetovio (la actual Ptuj), a los cuales parece haber profesado simpatía. Una afición compartida por el comisario europeo de Agricultura, Franz Fischler, gracias a quien se firmó un acuerdo por el que se aumentaba desde el 1 de enero de 2002 la importación de caldos eslovenos en la UE. Efectivamente, las virtudes de nariz elegante y buen cuerpo del vino esloveno parecen haber facilitado la alegre acogida de este país en el seno de la Unión, ya que el acuerdo fue calificado por el propio Fischler de “paso importante en el proceso de integración de Eslovenia en la UE”.

No es blanco ni es tinto ni tiene color

Así pues, el Burdeos francés y el Rioja español tienen otro competidor en casa desde el 1 de mayo, con una riqueza dionisiaca sorprendente para un país tan pequeño. Un esplendor debido al abanico climático de Eslovenia, que origina tres regiones vinícolas, con diversas variedades de uva. En la soleada Primorska, en el litoral adriático, destaca el Teran, un vino que hay que degustar acompañando al prsut, el jamón esloveno. Posavje, en el sudeste del país, acoge el Cvicek, un vino tinto suave, ideal para beber en verano. Podrajve, en el este, es una región de vinos blancos, dulces como el moscatel. Dentro de ella, en la zona vitivinícola de Jeruzalem, encontramos una exquisita variedad local, el Sipon, cuyo nombre deriva, según la leyenda, del comentario de la soldadesca de Napoleón al degustar los caldos: c´est bon !

La calidad de estos vinos ha sido merecedora de numeros premios internacionales, comenzando por el Ljubljana International Wine Contest, el Concurso Internacional del Vino más antiguo del mundo, desde 1955. La reputación de este prueba desembocó en la concesión a Liubliana del título “La Ciudad de la Vid y el Vino” en la Conferencia de Roma de la Organización Internacional del Vino en 1987.

Kalimotxo esloveno

Sin embargo, los eslovenos son capaces de mancillar su vino. El Bambus, vino tinto con refresco de naranja, y el Spricer, vino blanco con gaseosa, son de consumo habitual y ponen en peligro las relaciones diplomáticas con los países vinícolas ultraortodoxos como Francia.

A quien, como a los franceses, asusten estas mezcolanzas o simplemente no le guste el vino, siempre podrá degustar la exquisita cerveza eslovena. Si es posible, una veliko pivo, una grande. Na zdravje! (¡salud!).