Los “Estados Unidos” de Europa en la Torre de Marfil

Artículo publicado el 10 de Mayo de 2004
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Artículo publicado el 10 de Mayo de 2004

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Hace cuatro años Joschka Fischer abogaba, como “particular”, por una Federación Europea. Sin embargo, el debate público sobre el futuro de Europa aún sigue pendiente. Una iniciativa por parte de los intelectuales podría avivar nuevamente la discusión.

"Vendrá el día en el que tú, Francia, tú, Rusia, tú, Inglaterra, tú, Alemania, todas vosotras, naciones de este continente, os fundiréis en una unidad superior, sin perder vuestros diferentes privilegios y vuestra gloriosa unicidad. Formaréis una hermandad europea."

Así describió en 1850 el gran escritor francés Victor Hugo el futuro de Europa. Más de un político europeo desearía poder llevar al pueblo de manera tan poética la visión de una Europa federal, pero no lo consiguen ni siquiera en la lengua del funcionariado. Ya han pasado cuatro años desde que Joschka Fischer, esta vez no en el “a veces estrecho papel” del Ministro de Exteriores, sino explícitamente como intelectual europeo, mantuvo su tan llamativo discurso Humboldt sobre la finalidad de Europa. ¿Qué ha ocurrido desde entonces? ¿Dónde está el debate sobre el federalismo de Europa tras el fracaso de la reunión sobre la constitución?

De hecho nos encontramos principalmente con un desinteresado silencio en lo que atañe al tema del federalismo en los suplementos culturales de los grandes periódicos europeos. Las editoriales y los intelectuales parecen estar a pleno rendimiento con la continua división en Europa por la guerra de Irak, la ampliación de la UE hacia el este y no menos con la nueva amenaza terrorista. La más simple y básica discusión sobre a dónde nos llevará o debería llevar la integración de Europa tiene lugar principalmente en los restringidos círculos del movimiento universitario.

El debate sobre el federalismo se llena de polvo en el movimiento universitario

A pesar de todos los contratiempos el politólogo suizo Dusan Sidjanski ve venir el comienzo de una nueva era para el nuevo federalismo europeo, ya que en el día de hoy los Estados ya reconocerían que “el federalismo es la única forma de organización social y política que posibilita la salvaguarda de las identidades regionales y nacionales”. Su visión de una Europa federal representa un modelo para la federación que propuso Fischer en su discurso: una transición de la alianza de Estados de la Unión, tal y como hoy existe, a una Federación Europea como la exigieron Robert Schuman y Spinelli hace 50 años. Esto no significa ni más ni menos que un parlamento y un gobierno europeos con una verdadera competencia legislativa y ejecutiva. Sin embargo Fischer señala que la “idea anterior de una estado europeo federal, que reemplace como nuevo soberano las antiguas nacionalidades y democracias” se muestra como una construcción sintética más allá de las crecientes realidades europeas.” Sería más importante “traspasar las soberanías centrales y lo que, por ser necesariamente europeo, ha de ser reglado en la Federación. El resto quedaría para las competencias de regulación nacionales.”

Esta idea se acerca al modelo del escritor y ensayista suizo Denis de Rougemont de una Europa de las regiones, de los Estados Unidos de Europa, cuya “regla de oro” es dejar suficiente espacio a las identidades nacionales y regionales de una Federación para la contribución común en el diseño de la misma, pues: “La cultura europea es la base de una Federación Europea.” Con esta tentadora declaración está de acuerdo, retrospectivamente, incluso el cofundador neofuncionalista de la Comunidad Europea del Carbón y del AceroJean Monnet: “Si pudiésemos empezar por delante, comenzaría por la cultura.”

Bien pensado, analizado brillantemente y elocuentemente escrito. Una pena que Fischer, visto como el mascarón de proa de los federalistas, olvide de nuevo en el papel de Ministro de Exteriores al intelectual que hay en él. Así de empolvado está el debate desde la derrota de la nueva constitución en la Torre de Marfil de las ciencias políticas y europeas. Aparentemente depende poco de nuestra élite científica europea proporcionarle al tema del federalismo en Europa un público más amplio o si quiera llevarlo a la agenda política. ¿Es que los federalistas europeos necesitan un empujón de su modelo federal americano, como les ocurre a los otros intelectuales, que no quieren dejarse calificar como “viejos europeos”?

Los intelectuales de la Vieja Europa

Con entusiasmo lo llamaron los suplementos culturales el nacimiento de un público europeo. Movilizados por Jürgen Habermas el verano pasado siete intelectualestomaron posición en una media docena de periódicos europeos sobre el estado de las cosas en el continente. Habermas junto con la firma de su eterno adversario filosófico Jacques Derrida, los escritores Adolf Muschg y Humberto Eco y los filósofos Gianni Vattimo, Fernando Savater y Richard Rorty.

La puesta en escena fue espectacular, también acaloradamente discutido el mensaje: según la contrapropuesta de Habermas a la “Carta de los Ocho” en el marco de la futura Constitución Europea no debería haber más separatismos, ya que el papel de Europa consiste precisamente en “equilibrar el unilateralismo hegemónico de los Estados Unidos.” Sólo una Europa unida, central, la colaboración reforzada de una vanguardia de Estados a favor de la integración, podría conseguirlo con ayuda de una política exterior y de seguridad conjunta.

A pesar de lo criticadas que fueron estas ideas, con el debate sobre Europa el intelectual Habermas mostró al mismo tiempo cómo puede funcionar un debate europeo. Si los federalistas que hay entre los intelectuales no quieren renunciar a la realización de sus ideales, deberían atreverse con una iniciativa similar. De otra manera se les reprochará lo que Habermas autocráticamente anotó en su artículo: “Si hasta ahora el tema ni siquiera ha entrado en la agenda, los intelectuales hemos fracasado.”