“¡Los europeos han perdido una oportunidad!”

Artículo publicado el 6 de Junio de 2005
Artículo publicado el 6 de Junio de 2005

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El realizador iraquí Saad Salman subraya la importancia de la presencia norteamericana en su país y lamenta que Francia, país que le acogió durante 30 años, no haya tomado parte en la caída de Saddam Hussein.

Tras su documental Baghdad: On/Off, un “road-movie” clandestino en el Irak de Saddam Hussein, el realizador Saad Salman regresa al país para rodar una película. Para empaparse del ambiente reinante en Bagdad, se ha empeñado en redactar el guión sobre el terreno y no en París, donde vive exiliado desde 1976. Comprometido con el proceso de reconstrucción de Irak, Saad Salman se esfuerza por mantener su independencia en relación con las fuerzas políticas de su país. Ha rechazado cargos importantes y no pertenece a ningún partido político, lo que constituye de hecho su principal desdicha.

¿Cómo ha vivido su retorno a Irak tras tantos años en Francia?

Me siento como cuando llegué a Francia hace 30 años. Es curioso, me siento en Bagdad como un extranjero. Todo ha cambiado de manera radical, ya sean los códigos, los símbolos o la manera de hablar… Por ejemplo, con los atuendos: en mi época, en Bagdad estaba muy mal visto salir a la calle en chilaba, mientras que hoy es completamente normal. Hoy es casi imposible encontrar mujeres que no lleven el velo en la calle. La gente de provincias y los beduinos han desembarcado en la capital y todos los “comportamientos urbanitas” se han esfumado por completo. Asistimos a una regresión.

¿Se palpan conflictos entre comunidades dentro de Irak?

Yo no me considero ni suní ni chií, ¡sino iraquí! En la calle no se perciben tensiones, pero en cambio, la escena política estimula un cierto malestar artificial. Hay poderes tanto en el interior como en el exterior de Irak, en especial Francia, que apuestan por los conflictos entre comunidades para que fracase la acción norteamericana.

¿Qué piensa del papel actual de los norteamericanos?

No se puede juzgar de una sola vez lo oportuno de esta intervención, pero está claro que ha tenido de positivo la caída de Saddam Hussein. El problema de los estadounidenses son los iraquíes. Les cuesta encontrar un interlocutor iraquí. Los 30 años de régimen fascista han instaurado una cultura de la hipocresía, y el abismo es muy grande. Iraquíes y norteamericanos no se comprenden. El pueblo iraquí demanda una presencia norteamericana que vaya más allá del puro aspecto militar: quieren experiencia, tecnologías, etc. No se puede luchar contra una pequeña banda de mafiosos con carros y helicópteros. ¡Los estadounidenses utilizarían, si pudieran, una bomba atómica para matar una rata!

¿Hoy por hoy se respira hostilidad o esperanza?

No hay riesgo de guerra civil. Antes, las personas que perpetraban agresiones lo hacían en silencio y en nombre del Estado. Ahora, ya no forman parte del Estado, pero conservan su instinto criminal. Han cambiado de bando y se limitan a matar civiles. Además, debe saberse que se trata de minorías a la orden de distintos servicios secretos iraquíes. Pero la sociedad iraquí se ha mostrado fuerte: a lo largo de doce años, la población ha evitado caer en la guerra civil.

No hay marcha atrás para el proceso político. El conjunto de Oriente Medio se va a beneficiar también de las mejoras de la situación en Irak. A pesar de todos los obstáculos, los 10 millones de iraquíes están muy comprometidos y ninguno de ellos aceptará una vuelta al régimen fascista.

¿Qué esperan los iraquíes respecto a la presencia de tropas europeas?

Para los iraquíes no hay una sola Europa, sino muchos países. Si Francia se considera Europa entera y quiere esconderse tras de ella, es su problema. Francia ha apostado por una sola persona durante 30 años, y eso no es culpa del pueblo iraquí. Francia tuvo la oportunidad de participar en la liberación y ahora paga las consecuencias de su elección.

En general, a los iraquíes no les gusta la presencia militar; necesitan más bien una fuerza que proteja la evolución del proceso político sin que intervenga en él. Nos agreden los iraníes, los turcos, los jordanos, los sirios, los saudíes, y por lo tanto la presencia norteamericana es necesaria. ¡Los europeos han desperdiciado una oportunidad! Aunque ciertos países europeos estén muy presentes en Irak, Francia y Alemania, antiguos aliados del régimen de Sadam, no están entre ellos. Europa no habla con una sola voz.