Los expatriados viven Europa día a día

Artículo publicado el 4 de Junio de 2009
Artículo publicado el 4 de Junio de 2009
Para todos los jóvenes instalados en otro país de la Unión Europea diferente al suyo, la noción de ciudadanía se mezcla con la de identidad. Del 4 al 7 de junio, van a votar a sus candidatos al Parlamento Europeo en el Estado miembro en el que han fijado su domicilio

"Ser ciudadana europea significa ser libre para viajar a todas partes". En 2005, Mirouna conoció a su novia francesa, Marine. Hasta 2007, año de la adhesión de su país a la Unión Europea, esta joven rumana de 25 años tenía que hacer frente a los obstáculos administrativos para reencontrarse con la persona que ama. "Para pasar la frontera necesitaba una invitación de alguien que viviera en un Estado miembro de la Unión. Además, tenía que demostrar a los agentes fronterizos que disponía de 100 euros en metálico por cada día que iba a pasar fuera de Rumanía. Era muy difícil", recuerda. Hoy, Mirouna vive en Berlín con su compañera, se expresa cada día en alemán, francés e inglés, y disfruta plenamente de su nueva movilidad.

¿Ciudadanía = márquetin?

Como ella, Emmi encarna el sueño europeo. Esta joven finlandesa de 27 años habla perfectamente cinco idiomas oficiales de la Unión y vive desde hace tres años en la capital alemana con su compañero francés, Simon. La pareja se conoció a lo largo de un año Erasmus en Austria. "A pesar de todo yo me siento más finlandesa", afirma. «Puede que se deba a que no sé lo que significa la ciudadanía europea". Simon, por su parte, se siente europeo. "Me siento en casa en cualquier país de Europa. Si mañana decidiera vivir en Portugal o en Grecia, me sentiría como en casa porque tendría puntos de referencia, el derecho a trabajar y a vivir como cualquier autóctono", explica. Este arquitecto de 27 años acaba de realizar una película documental sobre las fronteras del espacio Schengen. Durante casi tres años recorrió las carreteras

de Europa con Nicolas, otro joven francés que vive en Berlín desde hace dos años. "Para mí, la noción de ciudadanía europea es márquetin para dar la impresión de que las personas pertenecemos a algo, pero es hipócrita", afirma con rotundidad. "Este concepto forma parte de la burocracia, pero no afecta a mi identidad...".

Bajo la plaza de Alexander en Berlín

Para Benjamin, "debemos sentirnos europeos". Este periodista francés de 28 años vive en Bucarest desde hace cinco años, donde actualmente organiza un festival de cine infantil. "Mis raíces, mi recorrido intelectual y mis convicciones están impregnadas de la cultura francesa, pero me siento igualmente rumano porque he asimilado cierta forma de pensar que forma parte de mi vida cotidiana", explica. "Idealmente quiero ser europeo, no solamente en el marco de un buen desarrollo para Rumanía, donde vivo, sino también por la aspiración de pertenecer a un espacio común. Además, los intereses son comunes. Las urgencias son comunes".

La Europa de mis valores

En 1992, el tratado de Maastricht definió los derechos y deberes del 'ciudadano europeo': el derecho a estudiar, trabajar, circular y residir libremente en los demás países europeos; el derecho a presentar peticiones al Parlamento Europeo; el derecho a dirigirse al Defensor Europeo con una reclamación contra

un acto de mala administración cometido por una institución o un órgano de a Unión y, sobre todo, el derecho a voto y a presentarse como candidato en las elecciones municipales y en las del Parlamento Europeo en el Estado miembro en el que se reside.

El estatus de ciudadano europeo simplifica por tanto la tarea de quienes acudirán a las urnas del 4 al 7 de junio de 2009 pero no residen en su país de origen. "Solo tenemos que inscribirnos en las listas electorales de nuestra ciudad. Si votara en Francia, tendría que emitir un poder y pasar por la embajada, lo que me llevaría mucho tiempo y sería demasiado complicado", nos cuenta alegremente Chantal, traductora y periodista en Berlín. "Me parece frustrante vivir en un país y no poder tomar parte en la política nacional.

Por eso me alegro de poder votar en las elecciones europeas, ya que son las únicas elecciones en las cuales tengo derecho a introducir mi papeleta en la urna en mi país de acogida", afirma Séverine, periodista francesa residente en Alemania desde hace cuatro años.

"Para mí da igual ser griego o japonés. Lo que me importa es la ideología a la que voto", dice Simon. Ecologista, soberanista, liberal, 'eurocrítica'... Las tendencias políticas son diversas, "pero aún no existen verdaderos partidos políticos europeos", se lamenta su compañero Nicolas. "A menudo los intereses

nacionales priman en el debate europeo... Si hubiera verdaderos partidos europeos, estaría más motivado a la hora de votar". No está inscrito en las listas electorales. Una pena. Puede que desperdicie la oportunidad de comprender porqué se siente europeo, es decir, tener el derecho a elegir los valores de la Europa que nos ha tocado vivir.