Los griegos que se quedaron atrás

Artículo publicado el 29 de Octubre de 2015
Artículo publicado el 29 de Octubre de 2015

Más de 200.000 griegos han dejado el país desde el inicio de la crisis para encontrar trabajo en el extranjero. Las estadísticas muestran que un tercio de ellos no planean regresar. Sin embargo, hay miles de jóvenes griegos que se han quedado en el país, ya sea porque no pueden irse o, más frecuentemente, porque no quieren. 

En las calles de Atenas, hay un deseo evidente entre los jóvenes de huir. Es comprensible porque, golpeados duramente por la crisis financiera, sienten que nada parece estar mejorando. Sienten que el estado no apoya ningún nuevo emprendimiento, que hay una burocracia sofocante y que la corrupción es rampante.

"Los griegos se han acostumbrado a la anarquía", dice Lazaros, un agricultor y bromatólogo de 31 años que hace unos pocos meses lanzó su propio negocio, Thirsty Fruits, para la producción y comercio de frutas secas. "En general, los griegos están mejor en Grecia, donde pueden hablar el idioma, saben cómo funciona todo y pueden operar bajo circunstancias más competitivas que las que encuentran en el exterior cuando tratan de hacer lo mismo".

"Si todos nos levantamos y nos vamos, entonces ¿quién se quedará a arreglar este país?", se pregunta Nadia, una jóven de 25 años que tiene un contrato laboral con una empresa de contabilidad. Nadia no desea dejar su vida, familia y amigos en Atenas: "Esto es a lo que estoy acostumbrada y no quiero cambiarlo sólo para poder ganar más dinero. Si soy próspera financieramente, pero estoy vacía socialmente, ¿qué sentido tiene?".

Dejar tu hogar y convertirte en un inmigrante por razones económicas es duro, pero quedarte puede ser aún más duro. "Grecia tiene la tendencia de devorar a sus propios hijos", dice Nikos, un chico de 33 años que trabaja en una pastelería y como barman, tras haber desempeñado ya un buen número de posiciones similares: "Somos la generación más educada que este país jamás ha tenido, pero no podemos explotar esta enorme capacidad intelectual. No tenemos suficientes centros de investigación para hacerlo y esto empeora el problema de fuga de cerebros".

Anna, 28 años, se encuentra actualmente desempleada, como ha estado los últimos seis meses. Aunque está pensando en emigrar al exterior, ella dice que ésta será su última opción. "Grecia es un lugar maravilloso para vivir", explica. "Es el Estado quien hace todo más difícil". Lazaros también comparte este enfoque cuando resume los retos a los que se ha enfrentado al fundar su propia empresa: El clima negativo, la hostilidad con la que fue recibido, la falta de apoyo o financiación en todas partes. "Grecia es, en general, un país anti-negocios", argumenta.

Entonces, ¿por qué alguien prefiere quedarse? Nikos explica su punto de vista: "Hay muchas cosas por las que debemos estar agradecidos en Grecia", su sonrisa radiante exhibe un optimismo raro para su generación. "El lugar perfecto no existe en ninguna parte. Lo que importa es estar satisfecho con quién eres y con las elecciones que haces".

Nikos ha considerado abrir su propia heladería, para aprovechar los famosos "300 días de luz solar" de Grecia. "A pesar de que no hay fondos, si no tienes temor a trabajar, las oportunidades en Grecia existen incluso ahora", dice. "Lo que nos ha destruído es esta mentalidad de buscar el modo fácil para todo". 

"Es la gente que no puede hacer concesiones, quienes emigran", añade Lazaros. Se refiere a gente que él conoce y que no querían hacer nada que no fuera relevante para sus estudios, aquellas personas que simplemente sintieron que sus sueños eran demasiado grandes para cualquier cosa que un país como Grecia podía ofrecer: "Seguro que hay muchos griegos que han tenido éxito en el exterior, pero ¿qué hay de aquellos que no lo tuvieron?".

Él cree que hay muchas personas con las habilidades y capital para atreverse con ideas innovadoras que permanecen inactivas por temor al riesgo. "He visto a gente en las provincias cargada de ideas, que tienen el 'saber hacer' para llevarlas a cabo, que no tienen miedo de perseguir sus ambiciones. Esto es muy contradictorio con el temperamento en Atenas. Quizás por el coste de la vida en la ciudad, quizás aún porque trabajar por un salario te consume hasta el punto en que no te queda tiempo para generar ninguna idea".

Se dice que cualquier momento puede ser bueno para crear una empresa, pero ¿por qué lanzar un negocio ahora, en un país que recientemente tembló en el umbral de la bancarrota? "Porque ahora tengo el tiempo de pensar acerca de ello y dedicarme totalmente a ello", responde Lazaros. "Esto tiene que ver con aprovechar todo lo que el país puede ofrecer, se trata de elevar Grecia a un nivel que la haga competitiva globalmente, que sea mencionada como un modelo a imitar, en vez de uno a evitar".

"Grecia es un país bendecido", Nikos concluye. "Cualquier cosa que siembres, cosecharás de su suelo y generarás productos de calidad. Sólo hacen falta mentes con innovaciones empresariales necesarias para llevar todo esto adelante". 

Estos jóvenes griegos evocan al dicho "aquellos que están lo suficientemente locos como para pensar que pueden cambiar el mundo, son quienes lo hacen". Ellos parecen tener una perspectiva diferente sobre la vida en sí, parecen acoger la noción de que son ellos quienes dirigen su propio destino, así que toman riesgos y aprovechan oportunidades cuando aparecen. Ellos son las personas que, en vez de simplemente hablar sobre ideas para resucitar el país, en realidad persisten en actuar, a pesar de todos los desafíos. Son estas personas quienes deben ser apoyadas para que consigan sus metas, porque ellos serán quienes, al final, avivarán el fuego y cambiarán el país para mejor.