Los héroes del mausoleo de Mărăşeşti

Artículo publicado el 10 de Septiembre de 2008
Artículo publicado el 10 de Septiembre de 2008
Lavadero de coches durante el día y delincuencia durante la noche. El mausoleo de Mărăşeşti en la carretera nacional 2, en Rumanía, está a la espera de ser restaurado. Típico de la Unión Europea

Cerca de 5.000 soldados cayeron durante la primera guerra mundial y se encuentran aquí enterrados durmiendo eternamente. Durante el día, el parking de enfrente se convierte en lugar para lavar el coche, con o sin el permiso de los propietarios. Por la noche, el entorno del mausoleo pasa a ser un paraíso para los maleantes y la prostitución, donde las autoridades nada pueden hacer. A pesar de que numerosos vecinos de la zona muestran un especial respeto hacia este monumento, dedicado a los Héroes del lugar, la miseria ha alterado el sentido y la dignidad del mausoleo.

Vasile tiene 37 años y para poder alimentar a sus dos hijos lava coches de turistas que se detienen para visitar el mausoleo de los Héroes de Mărăşeşti. Como él, de 10 a 15 vecinos han seguido la misma ‘vocación’. No tienen alternativa. El pueblo o las autoridades no pueden ofrecer un lugar de trabajo decente. Incluso la integración en la UE no les ha aportado nada bueno. Vasile recuerda que durante los últimos años todas las fábricas del pueblo han cerrado una tras otra sus puertas.

400.000 lei y un paquete de cigarrillos 

(M.M)“Había tres fábricas y marchaba todo bien durante el comunismo, todo el mundo estaba en su tierra trabajando. Hoy, en verano, trabajamos los campos durante el día, pero en invierno, como veis, lavamos coches porque no tenemos nada que hacer. Nos ganamos mejor la vida descansando en casa que saliendo al extranjero para después volver a nuestra tierra a morir”, explica el hombre. En verano trabaja por un precio fijo de 400.000 lei (cerca de 11 euros) y un paquete de cigarrillos.

Desde hace dos años, cada vez más extranjeros visitan el mausoleo y dejan algunos euros. El lavado de coches marcha bastante bien: ”Nos dan 2 ó 3 euros pero no podemos cambiarlos porque aquí no hay oficinas para ello”, cuenta Vasile pestañeando a causa del sol. Lleva puestas unas botas y su ropa está gastada, aunque limpia. Cada dos frases se excusa de su apariencia: “No me puedo vestir de otra forma, es el trabajo. Trabajando con agua nos mojamos y nos ensuciamos. Lo siento”.

Lavado en un minuto

Junto con sus compañeros de trabajo, Vasile observa cada día los coches que aparcan frente al mausoleo y los lava en ausencia de sus propietarios. A menudo no recibe nada a cambio. “Que Dios nos proteja. ¿Qué podemos hacer? No robamos nada de los coches. Lo único que hacemos es lavarlos. Y además, brillan. Los frotamos con piel de cabra”, dice Vasile enseñando un coche aparcado. 

©Bloc operator 3/flickr

Vasile no ama en absoluto su pueblo pero está contento de que en 2008 el ayuntamiento haya llevado la electricidad a la calle y a su casa, para sus hijos. “Afortunadamente tenemos ayuda social; sin ella no sobreviviríamos. ¿Qué? ¿Fondos europeos? No me supone nada recibir ni un solo euro, no me interesa. Nuestra vida sigue siendo dura, con o sin la UE”. Vasile se encuentra lejos de ser el más miserable de los habitantes de Mărăşeşti (distrito de Vrancea). Incluso se considera un hombre feliz cuando ve cómo muchos de sus vecinos tienen sida: “Un cuarto de los habitantes tiene sida. Somos una zona desfavorecida. Recibimos ayuda del Estado pero no llega. La miseria es negra. ¿Qué podemos hacer?”, se pregunta con una voz digna y un tono controlado, a pesar de todo. No busca dar pena, sino mostrar su vida tal y cómo es.

Los frescos se llenan de polvo

Otro vecino, también de Mărăşeşti, hace 17 años que trabaja en el mausoleo, entre las tumbas. Está harto de su trabajo, pero se alegra por cualquier iniciativa que se haga en el monumento. “Vamos a recibir dinero para la restauración: los Fondos Europeos. 10 millones de euros han sido aprobados para cuatro mausoleos y nosotros ya hemos empezados los trabajos en este”, explica el administrador, encantado. Las pinturas de la parte superior de la cripta se han desprendido de las paredes de la iglesia a causa de la lluvia. Debajo de los muros decrépitos se observan huesos del general Eremia Grigorescu, comandante de la primera Armada rumana en los tiempos de la batalla de Mărăşeşti.

“La techumbre ha sido reparada pero todos los días hay filtraciones de agua. Había que rehacer todo de nuevo. Sabemos exactamente los colores utilizados y como eran las pinturas originales. Ese no es el gran problema. La llegada de ayudas resolverá todo”, añade.

Paraíso de delincuentes y prostitutas

Cuando llega la noche, el monumento dedicado a aquellos sacrificados durante la primera guerra mundial en los combates de Mărăşeşti se transforma en un verdadero edén para maleantes y prostitutas, donde las autoridades no poseen ninguna autoridad. Los administradores del mausoleo han decidido no iluminar más alrededor del monumento desesperados por lo que sucede cuando desaparece el sol. “¿Veis las puertas cerradas? Saltan la verja y se esconden. Nadie puede hacer nada. No iluminamos el lugar para que no se escondan en los parajes”, añade el hombre con gran pena en su voz.

A pesar de su importancia excepcional, el mausoleo de Mărăşeşti no es muy conocido ni promocionado por las autoridades del distrito de Vrancea. Se dice que impuso un respeto tal que en el momento de los bombardeos aéreos del valle de Prahova y las amenazas sobre Moldavia, Hitler habría pedido al mariscal Antonescu enviar a dos unidades antiaéreas para defender el mausoleo. Finalizado en 1938, no ha sido nunca restaurado. Los primeros fondos de la UE permitirán este año ocuparse de sus 154 criptas y fosas comunes.