Los hijos sevillanos de William Morris

Artículo publicado el 10 de Abril de 2014
Artículo publicado el 10 de Abril de 2014

¿A quiénes pensaba encontrar en Sevilla, la ciudad donde el índice de paro entre las personas entre los 25 y 44 años es del 50,6%? A los beautiful losers españoles: jóvenes sin trabajo ni ganas de vivir, para los que emigrar es el único plan de futuro con sentido. ¿A quiénes he encontrado? A los representantes de la vanguardia sevillana, los contemporáneos prerrafaelitas españoles. 

"¿La cri­sis? ¿De ver­dad quie­res cen­trar­te en cosas ne­ga­ti­vas?" me con­tes­ta Ál­va­ro Díaz, pre­gun­ta­do por la si­tua­ción en Se­vi­lla y sa­lu­dan­do a un grupo de jó­ve­nes que aca­ban de en­trar en Red House. Ál­va­ro es un trein­ta­ñe­ro de Huel­va y Red House es una ga­le­ría-ca­fe­te­ría que éste inau­gu­ró junto con su mujer, Cris­ti­na Ga­leo­te, en 2012. Los dos ter­mi­na­ron la ca­rre­ra en la Real Aca­de­mia de Be­llas Artes de Se­vi­lla, los dos me han pa­re­ci­do gente in­tere­san­te desde el pri­mer mo­men­to.

"¿Cómo se os ha ocu­rri­do la idea de este lugar y cuál es vues­tra fi­lo­so­fía?", les pre­gun­to. No te­ne­mos mucho tiem­po para ha­blar, por­que en Red House el tra­ba­jo bulle desde buena ma­ña­na. "La idea se nos ha ocu­rri­do du­ran­te los via­jes a Ma­drid, Lon­dres, Ber­lín y Moscú", ex­pli­ca Ál­va­ro. "Allí hemos en­con­tra­do es­pa­cios crea­ti­vos si­mi­la­res, así que de­ci­di­mos pro­bar suer­te en Se­vi­lla, donde no exis­tía un nicho se­me­jan­te en aquel en­ton­ces". Pero no se trata del di­se­ño en sí, ya que Ál­va­ro me ex­pli­ca que la fi­lo­so­fía que rige el apro­ve­cha­mien­to del es­pa­cio en Red House, e in­clu­so el mismo nom­bre del lugar, es un ho­me­na­je a Wi­lliam Mo­rris, un pre­rra­fae­li­ta in­glés del siglo XIX. La cosa se pone in­tere­san­te. ¿El ma­ras­mo y la me­lan­co­lía, los de­silu­sio­na­dos gra­dua­dos uni­ver­si­ta­rios en paro , el es­tan­ca­mien­to y la cri­sis? Así es como me ima­gi­na­ba la Es­pa­ña de hoy. "Sí", dice Ál­va­ro. "La cri­sis nos preo­cu­pa a todos, pero nues­tra fi­lo­so­fía es la de se­guir sien­do op­ti­mis­tas, con­ta­giar con el op­ti­mis­mo a otros, con­tri­buir al desa­rro­llo del es­pí­ri­tu em­pren­de­dor crea­ti­vo en Es­pa­ña y la de crear los es­pa­cios en los que las per­so­nas pue­dan pasar tiem­po jun­tas y apo­yar­se mu­tua­men­te en estos tiem­pos tan di­fí­ci­les" - me ex­pli­ca, sa­lu­dan­do de nuevo a al­guien.

Hay mé­to­do en esta lo­cu­ra

Y efec­ti­va­men­te, el es­pí­ri­tu de op­ti­mis­mo, de co­mu­ni­dad y de Wi­lliam Mo­rris se hace notar en Red House. El lugar pa­re­ce un gran cuar­to de in­vi­ta­dos con un mon­tón de sofás có­mo­dos y mesas ro­bus­tas. La abun­dan­cia de di­ver­sos ele­men­tos hace que el in­te­rior sea más que ecléc­ti­co, pero el con­jun­to re­sul­ta cohe­ren­te. Red House tam­bién es una ga­le­ría, así que aquí se ven­den obras de arte: pla­tos pin­ta­dos por los ar­tis­tas de toda Es­pa­ña, vie­jos mo­no­pa­ti­nes re­en­car­na­dos en una ins­ta­la­ción ar­tís­ti­ca, mue­bles retro, cua­dros. En una de las pa­re­des po­de­mos con­tem­plar una serie de fotos Po­la­roid a lo Dash Snow con ór­ga­nos ge­ni­ta­les fe­me­ni­nos y mas­cu­li­nos. La Casa Roja de Mo­rris, que ha ins­pi­ra­do a Ál­va­ro y Cris­ti­na, es­ta­ba pen­sa­da para sa­tis­fa­cer tanto las ne­ce­si­da­des prác­ti­cas como es­pi­ri­tua­les de sus ve­ci­nos. "Red House es un es­pa­cio en el que la gente se sien­te como en casa y a la vez puede estar en con­tac­to con el arte. Or­ga­ni­za­mos aquí re­gu­lar­men­te ex­po­si­cio­nes y con­cier­tos du­ran­te los que pro­mo­cio­na­mos a ar­tis­tas lo­ca­les" - me cuen­ta or­gu­llo­so Ál­va­ro. Wi­lliam Mo­rris y los pre­rra­fae­li­tas cri­ti­ca­ban la in­fluen­cia de la Re­vo­lu­ción In­dus­trial en el arte y en la per­cep­ción de los ob­je­tos de uso co­ti­diano, tam­bién in­ten­ta­ban sal­var la ar­te­sa­nía y las prác­ti­cas ar­tís­ti­cas y cons­truc­to­ras tra­di­cio­na­les. Ál­va­ro y Cris­ti­na tam­bién lu­chan con­tra lo ma­si­vo. Todo lo que se vende y se usa en Red House pro­ce­de de fuen­tes lo­ca­les y es su­mi­nis­tra­do por los pro­duc­to­res lo­ca­les. Salvo la cer­ve­za ca­li­for­nia­na que me acaba de ser­vir Ál­va­ro. "Le te­ne­mos mucho apre­cio a la co­ci­na tra­di­cio­nal an­da­lu­za, pero tam­bién que­re­mos poder ofre­cer a nues­tros clien­tes algo di­fe­ren­te", me ex­pli­ca.

En­con­tra­rás la ga­le­ría de fotos de Red House aquí

las far­ma­cias en Kabul y las ca­fe­te­rías en Se­vi­lla

No obs­tan­te, el ca­mino que han te­ni­do que re­co­rrer los fun­da­do­res de Red House desde los co­mien­zos del lugar no ha sido tan bo­ni­to como el efec­to final. "Es más fácil abrir una far­ma­cia en Kabul que una ca­fe­te­ría en Se­vi­lla", las pa­la­bras de Ál­va­ro son so­la­men­te un pre­lu­dio de la le­ta­nía de re­pro­ches di­ri­gi­dos al go­bierno es­pa­ñol. "En un país con una tasa de paro tan ele­va­da de­be­rían ani­mar a la gente a poner ne­go­cios por cuen­ta pro­pia. Pero en Es­pa­ña ocu­rre lo con­tra­rio", cuen­ta.

"¿Y no te­níais ganas de mar­cha­ros como otra gente?", pre­gun­to. "A los dos nos gusta via­jar, pero Se­vi­lla es nues­tra ciu­dad, aquí está la fa­mi­lia, aquí están los ami­gos. Ade­más, no po­dría­mos lle­var un sitio pa­re­ci­do por el mismo di­ne­ro, por ejem­plo, en Lon­dres", con­tes­ta Ál­va­ro. En su opi­nión, los ar­tis­tas jó­ve­nes con ini­cia­ti­va lo tie­nen un poco más fácil en Es­pa­ña en los tiem­pos de cri­sis que por ejem­plo los mé­di­cos o ar­qui­tec­tos jó­ve­nes. "Te­ne­mos suer­te, por­que somos ar­tis­tas y po­de­mos tra­ba­jar un poco al mar­gen de todo. Cris­ti­na vende sus obras y par­ti­ci­pa en ex­po­si­cio­nes y yo ruedo va­rias pe­lí­cu­las, por ejem­plo ví­deos mu­si­ca­les", ex­pli­ca Ál­va­ro. Me cuen­ta tam­bién que en Se­vi­lla los jó­ve­nes em­pren­de­do­res se apo­yan unos a otros mucho. "Un co­le­ga mío ha abier­to hace poco un es­tu­dio de ta­tua­jes", dice Ál­va­ro. "Le ayu­da­mos, lo pro­mo­cio­na­mos en Fa­ce­book para que la gente pueda co­no­cer­lo. A no­so­tros tam­bién nos han ayu­da­do mucho ami­gos y fa­mi­lia­res. Mi padre es ar­qui­tec­to y lleva una tem­po­ra­da sin tra­ba­jar, así que ha po­di­do de­di­car tiem­po para que Red House sea un es­pa­cio fun­cio­nal y no so­la­men­te un lugar bo­ni­to".

La cri­sis ter­mi­na­rá algún día

"¿Has no­ta­do, con el paso de tiem­po, algún cam­bio en la gente que acude a Red House? ¿Y es sin­to­má­ti­co de los cam­bios en la so­cie­dad se­vi­lla­na?", pre­gun­to. Quie­ro saber si du­ran­te la cri­sis los es­pa­ño­les no han de­ja­do de ir a cafés y ga­le­rías. "Al prin­ci­pio la gente no en­ten­día el con­cep­to", dice Ál­va­ro. "Pen­sa­ba que se tra­ta­ba de una tien­da de mue­bles o de una ga­le­ría tí­pi­ca. Hace unos años en Se­vi­lla no había si­tios como Red House. Hoy, esto está cam­bian­do. Los jó­ve­nes crea­ti­vos, que han sa­li­do de Se­vi­lla en busca de tra­ba­jo, em­pie­zan a re­tor­nar a la ciu­dad y a bus­can algo qué hacer con­si­go mis­mos. Mu­chos de ellos ponen en mar­cha ne­go­cios pro­pios", añade.

Me doy cuen­ta de que Cris­ti­na y otros em­plea­dos de Red House co­mien­zan a estar cada vez más ata­rea­dos, así que no quie­ro re­te­ner a Ál­va­ro más tiem­po. Para fi­na­li­zar, de­ci­do vol­ver a mi pri­me­ra pre­gun­ta. "La cri­sis no aca­ba­rá ma­ña­na, pero tam­po­co du­ra­rá para siem­pre", con­tes­ta Ál­va­ro. No es fácil no pen­sar en ella, pero las preo­cu­pa­cio­nes no lle­van a nin­gu­na parte. Den­tro de poco abri­mos un es­pa­cio nuevo, el No Lugar. In­ten­ta­mos ser po­si­ti­vos ante la vida a pesar de las di­fi­cul­ta­des".

Y bien que así sea, por­que una far­ma­cia de Kabul no cam­bia­rá la ac­ti­tud de la so­cie­dad, tam­po­co con­tri­bui­rá a au­men­tar el co­no­ci­mien­to sobre el arte o a pro­mo­cio­nar a ar­tis­tas jó­ve­nes. En cam­bio, los es­pa­cios como Red House tie­nen gran­des po­si­bi­li­da­des de lo­grar­lo.

En­con­tra­rás la ga­le­ría de fotos de red house aquí.

© foto: Va­len­ti­na Cala  y Ka­ta­rzy­na Pia­sec­ka

Este re­por­ta­je forma parte de la edi­ción se­vi­lla­na del pro­yec­to de EU­to­pia: Time to Vote, ce­le­bra­da entre el 19 y el 23 de fe­bre­ro.El pro­yec­to es co­fi­nan­cia­do por la Co­mi­sión Eu­ro­pea, el Mi­nis­te­rio de Asun­tos Ex­te­rio­res de Fran­cia, la Fun­da­ción Hip­pocrène y la Fun­da­ción de Char­les Leo­pold Mayer. Den­tro de poco pu­bli­ca­re­mos tam­bién, entre otros, los re­por­ta­jes de Cra­co­via, Es­tras­bur­go, Bru­se­las, Ber­lín, Viena y Bra­tis­la­va.