Los hombres del candidato

Artículo publicado el 14 de Junio de 2004
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Artículo publicado el 14 de Junio de 2004

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Conocer a los consejeros del candidato Kerry en política exterior, acaso sea conocer de antemano cuál será, en 2005, la actitud de los EE.UU. en el plano internacional.

¿Quién será la Condoleezza Rice de mañana? Para paliar sus notorias carencias, George W. Bush se rodeó de un equipo de rasputines, en ocasiones algo más cosmopolitas que él, pero eminentemente originarios de los círculos de poder de la política exterior estadounidense. John Kerry, mundano y políglota, que ha crecido entre las paredes de su casa familiar bretona y el delta del Mekong, y es hoy por hoy uno de los pilares de la comisión de asuntos exteriores del Senado, no va a necesitar tutores para abarcar lo que suceda en la escena internacional. Lo normal es que sus consejeros jueguen un papel menos decisivo y preeminente que el de sus predecesores en el cargo si ganan las elecciones.

Nos suena haberlo visto

La identidad de estos consejeros ofrece ya indicios en cuanto a la política exterior de una futura administración Kerry. El propio candidato se mantiene en efecto muy prudente en la formulación de sus proyectos, jugando a ser cauteloso y temiendo el rechazo prematuro de cualquier elector, dando por hecho que a estas alturas de la campaña el equipo de Bush no necesita a nadie para descalabrarse en los sondeos. Esto no le ha impedido haber fichado como consejeros a personalidades como Sandy Berger, predecesor de Condoleeza Rice; Richard Holbrooke, el célebre negociador de los acuerdos de Dayton que pusieron fin al conflicto de Bosnia, o sobretodo, Randy Beers, tras su reciente pero notoria entrada en la escena pública abandonando el Consejo para la Seguridad Nacional con estrépito después de 20 años de servicio en la institución, debido a sus desencuentros con la administración Bush. Se trata ahora del principal colaborador del candidato Kerry, con quien se ha aliado para la campaña. Es el primero en las quinielas para suceder a Condoleeza Rice en la dirección de su organismo de origen. Estas grandes apuestas nos son sino los hombres más directamente implicados de entre toda una cartera de brillantes personalidades. ¿Quién constituye, pues, el equipo de Kerry? ¿Acertamos al hablar de «equipo»? ¿Qué relación existe entre todos ellos? ¿Cómo contribuyen hoy por hoy a la campaña? Tantas preguntas como respuestas necesarias, sin querer prejuzgar el producto final, arrojan algunos indicios sobre la política exterior demócrata en el umbral de 2005.

En Washington se recicla

Ningún equipo de «Vulcanos» se ha constituido alrededor de Kerry. La formulación de su política exterior apunta más a una «descentralización», siendo menos partidista que la del candidato Bush. Por varias razones: si bien los miembros del equipo de Bill Clinton se dispersaron entre los think-tanks y los despachos de consultoría en 2001, al modo de Washington tras una derrota electoral, no han ido a parar muy lejos. Sandy Berger creó su propio gabinete de consultoría en geoestrategia y grupos de presión, Madeleine Albright imparte clases en la Universidad de Georgetown, Richard Holbrooke accedió al puesto de consejero en el Council on Foreign Relations así como en varias fundaciones. Cada cual sigue influyendo en su ámbito: un regreso a la esfera política sería para todos ellos una etapa natural. Tanto más cuanto que el sentimiento partidista se ha reforzado bastante en los últimos tres años en los Estados Unidos y que lo que está en juego en estas elecciones es mucho más de lo que se jugaban en las anteriores 5 ó 6 convocatorias: en tales circunstancias, no hay barón en el partido que resista la tentación de imprimir su sello en la campaña y en una futura administración demócrata, al precio de tener que cuadrarse con una determinada línea directriz en política.

Kerry el cosmopolita tiene amigos en casa de los republicanos

Las numerosas experiencias de John Kerry en materia de relaciones internacionales amplían la panoplia de consejeros potenciales más allá del equipo de Clinton. De su paso por el ejército conserva un apoyo sólido entre los oficiales militares, apoyo que se ha mostrado fundamental durante las primarias. Muchos oficiales superiores, activos o retirados, se han acercado a él, como el antiguo Secretario de los Ejércitos John Shalikashvili, «retirado» de su puesto en la primavera de 2003 tras unas relaciones tumultuosas con el Pentágono civil en relación con los preparativos de la guerra de Irak.

A lo largo de sus dos décadas en el Senado, y en particular en la comisión de asuntos exteriores, John Kerry ha logrado fraguar estrechas relaciones con los republicanos moderados, «realistas» enfrentados hoy al sector radical de su partido. Los senadores John McCain, Chuck Hagel o Richard Lugar están paradójicamente muy cerca del senador demócrata en cuestiones de política exterior. Un Presidente Kerry no hará sino seguir alimentando las relaciones del senador Kerry, y no se descarta que alguno de sus amigos republicanos se encuentre con algún puesto en el seno de una eventual administración demócrata. Citemos también a sus amigos demócratas en el Senado: Joe Biden, Gary Hart, Bob Kerrey.

El desarrollo de las primarias ha marcado toda la posterior campaña demócrata. La política exterior ha sido uno de los temas que más los ha dividido. Mientras Kerry trata de soldar el partido tras una campaña particularmente agria, debe también asumir el sentimiento antibelicista encarnado por Howard Dean, un sentimiento que amenaza con trasvasar votos hacia el candidato independiente Nader.

Viejas recetas para nuevos problemas

Sin prejuzgar el resultado de la colaboración de estas personalidades en el caso de que ocuparan la Casa Blanca el año que viene, podemos ya despejar dos observaciones.

Si los consejeros de Kerry toman conciencia de los nuevos retos tras el 11 de septiembre; si la experiencia diplomática o militar y la práctica de los foros multilaterales se hallan más enraizadas en sus carreras que en las de los consejeros de George Bush –más acostumbrados a observar el mundo desde la mirilla de Washington-; si son más pragmáticos, conscientes de la realidad sobre el terreno y de las limitaciones de la todopoderosa “América”; si se han formado en la resolución de conflictos como el de los Balcanes o en el marco del difunto proceso de paz de Oriente Próximo, entonces deberían aplicar sus viejos métodos a los nuevos problemas. Allí donde la administración Bush a revolucionado el fin y los medios de la política norteamericana. El cambio más palpable, si la Casa Blanca cambia de manos, será el del tono y el del estilo. Pero no el de una revolución de fondo.