Los hombres del Sur no son más violentos que los del Norte

Artículo publicado el 27 de Noviembre de 2006
Artículo publicado el 27 de Noviembre de 2006

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Una de cada cinco mujeres es víctima de violencia en Europa. Pocas estadísticas oficiales, pero una misma situación de Norte a Sur.

Cuando los finlandeses descubrieron que más del 20% de las mujeres de su país habían sufrido malos tratos por parte de sus parejas, hubo un shock generalizado. La encuesta, llevada a cabo en 1997 sobre una muestra de más de 7.100 mujeres de 18 a 74 años (la primera de esta envergadura en Europa), desveló una realidad que muchos habrían preferido no ver.

Diez años después, existen mejores legislaciones y más mujeres se atreven a declarar que sufren malos tratos (aunque se estima que sólo el 10% de ellas lo denuncia), las medidas de acogida y de protección no son adecuadas y el dinero dedicado sigue siendo muy insuficiente, al igual que la responsabilización de los agresores.

Además, se constata también una nueva tendencia a diluir el problema en el marco de la “violencia familiar”, negando así el carácter específico de esta violencia de género. Para muchos, la violencia doméstica pertenece todavía a la esfera privada: lo que ocurre dentro del hogar no concierne a nadie y forma parte de la vida normal. Sin embargo, las percepciones cambian y este cambio, realizado por las organizaciones de mujeres, fue hecho oficial a mediados de los años noventa y es en la actualidad objeto de amplias campañas de opinión, como la de Amnistía Internacional o la del Consejo de Europa, que han tomado el relevo.

La violencia doméstica es distinta a las peleas que puedan tener lugar en una pareja. Es una violencia continua, crónica, de intensidad creciente que va del insulto al asesinato. No es sólo física y sexual, sino también psicológica y financiera. Tiene un carácter “estructural”, se habla de violencia de género: si esta agresividad está tan extendida es porque la sociedad produce modelos en los que el hombre puede dominar a “su” mujer y donde los hombres son todavía quienes tienen el poder.

Sin datos

Las estadísticas oficiales reflejan la actividad de la policía o de los jueces, pero no los actos en sí mismos. Sin embargo, en los casos de violencia doméstica las víctimas dudan en llamar a las fuerzas de seguridad. Las denuncias no siempre se registran y a veces se retiran en el curso del proceso, que a menudo tiene una larga duración.

Sólo a partir de mediados de los noventa se empezaron a llevar a cabo encuestas, lo que permite obtener indicadores más fiables. La situación esbozada es chocante: en Europa, del 20% al 25% de las mujeres habrían sufrido malos tratos físicos por parte de sus parejas. Más de una mujer de cada cuatro.

El mito del “macho” español

Sin embargo, los hombres del sur no son más violentos que los del norte, los de Reino Unido o los de Francia. En todo el Viejo Continente se encuentran las mismas cifras abrumadoras.

En Holanda (1989), el 20,8% de las mujeres interrogadas declararon haber sufrido violencia física por la parte de una (ex-) pareja a lo largo de sus vidas; en Polonia (1996), el 18% (un 9% de forma esporádica y otro 9% con regularidad); en Finlandia (1997), el 22% y en Lituania (1999), el 42,4%. Y el machismo mata: en España, 92 mujeres fueron asesinadas por su (ex-)compañero/pareja en 2003 y 94 en 2004. En Francia la situación no es mejor, con seis muertes por mes que se atribuyen a los malos tratos. En Hungría, cada semana una mujer muere a causa de los golpes proporcionados por su pareja.

Otra constatación es que ninguna clase cultural, geográfica o de edad está a salvo de la brutalidad doméstica. La violencia es uniforme. Además, contra lo que se cree, no está relacionada con la pobreza, el alcohol o la droga.

Lo que difiere por países es la vitalidad de la red asociativa y la acción de la sociedad civil y los políticos. Si se piensa que el macho ibérico es más violento es tan sólo porque las asociaciones españolas se movilizaron fuertemente para cambiar la legislación.

Diversidad de reacciones

Existen diferencias notorias entre las políticas y las medidas tomadas. Tres países han adoptado un Plan Nacional de Acción para luchar contra todas las formas de violencia contra las mujeres: Alemania, España y Suecia. Tan sólo ocho Estados tienen un Plan de Acción Nacional contra la violencia: Bélgica, Croacia, Dinamarca, Letonia, Holanda, Polonia y Portugal. Sólo nueve países han asignado un presupuesto específico para este plan de acción. Mientras que Dinamarca y Suecia cuentan con numerosos refugios donde se acoge a las mujeres maltratadas, algunos de los Veinticinco Estados no tienen ninguno.

La violencia hacia las mujeres es un importante obstáculo para la igualdad entre mujeres y hombres. Hasta el momento, la Unión Europea tan sólo ha puesto en marcha un programa, Daphne, que financia proyectos contra la violencia hacia niños y mujeres. Por ahora, este tema es competencia de los Estados miembro. El Europarlamento lleva solicitando desde hace tiempo un año contra la violencia hacia las mujeres, y su “Hoja de ruta por la igualdad” ha hecho de este problema una prioridad. Es hora de actuar de forma más activa y de contar con una verdadera legislación europea que proteja a las mujeres, responsabilice a los hombres y sancione a los agresores.