Los idiomas extranjeros, masacrados en las escuelas británicas

Artículo publicado el 22 de Abril de 2014
Artículo publicado el 22 de Abril de 2014

El nú­me­ro de niños bri­tá­ni­cos que apren­den idio­mas cae en pi­ca­do al­can­zan­do ci­fras ré­cord. Una an­ti­gua as­pi­ran­te a pro­fe­so­ra de len­guas des­cri­be cómo el sis­te­ma de en­se­ñan­za de idio­mas de­bi­li­tó su pa­sión y la llevó a dejar la en­se­ñan­za. ¿Qué de­mo­nios está pa­san­do en los co­le­gios del Reino Unido?

El por­cen­ta­je de niños bri­tá­ni­cos que sacan so­bre­sa­lien­tes en idio­mas llegó a un  mí­ni­mo his­tó­ri­co en 2013, con una dis­mi­nu­ción del 50% en el nú­me­ro de alum­nos que es­tu­dian un idio­ma des­pués de los 16 años. El Reino Unido siem­pre ha te­ni­do una repu­tación te­rri­ble en el do­mi­nio de idio­mas, pero ahora, con el 40% de las uni­ver­si­da­des en­fren­tán­do­se a un cie­rre po­ten­cial de sus de­par­ta­men­tos de idio­mas de­bi­do a la falta de in­te­rés, y con una  cri­sis de me­dio­cres com­pe­ten­cias lingüís­ti­cas uni­ver­sal­men­te acep­ta­da que ame­na­za con obs­ta­cu­li­zar al país tanto cul­tu­ral como eco­nó­mi­ca­men­te, está claro que algo va muy mal.

Como re­cien­te gra­dua­da en fran­cés, mi sueño siem­pre había sido com­par­tir mi pa­sión me­dian­te la en­se­ñan­za. Pero solo dos meses des­pués de em­pe­zar mi PGCE (cer­ti­fi­ca­do de pos­gra­do en edu­ca­ción, obli­ga­to­rio en el Reino Unido  para dar cla­ses en co­le­gios pú­bli­cos) lo dejé, con fran­ca ale­gría y con la sen­sa­ción de haber es­ca­pa­do por los pelos de un trá­gi­co des­tino. La moral de los pro­fe­so­res del Reino Unido es  pe­li­gro­sa­men­te baja, ya que li­dian con cons­tan­tes re­for­mas edu­ca­ti­vas y con las ins­pec­cio­nes de Ofs­ted, la ins­pec­ción es­co­lar, cada vez más ex­ce­si­vas y cen­tra­das en las es­ta­dís­ti­cas. Sin em­bar­go, para mí, el cu­rrí­cu­lum com­ple­ta­men­te desas­tro­so de los me­no­res de 16 años  fue su­fi­cien­te como para salir por la puer­ta y no vol­ver jamás.

¡PULSÉ EL BOTÓN EQUI­VO­CA­DO!

En el Reino Unido, ha ha­bi­do una cons­tan­te con­troversia­ sobre si los exá­me­nes GCSE (Cer­ti­fi­ca­do Ge­ne­ral de Edu­ca­ción Se­cun­da­ria), que se hacen a los 16 años, son más vá­li­dos que el papel sobre el que se es­cri­ben. Que son abu­rri­dos, pre­de­ci­bles, que ani­man a "en­se­ñar para el exa­men" y que cada año son  más fá­ci­les solo son al­gu­nas de las re­cla­ma­cio­nes que se hacen en su con­tra. Aun­que en lo que res­pec­ta a los idio­mas – pese a que hay mu­chos es­tu­dian­tes que tra­ba­jan duro, están mo­ti­va­dos y con­si­guen un buen do­mi­nio del idio­ma – un GCSE no in­di­ca en ab­so­lu­to que el idio­ma se pueda ha­blar, es­cri­bir o en­ten­der co­rrec­ta­men­te.

En los exá­me­nes ora­les se pide a los es­tu­dian­tes que pre­pa­ren las res­pues­tas a una serie de pre­gun­tas. Hasta ahí, todo bien. Sin em­bar­go, estas res­pues­tas no son es­pon­tá­neas, sino que se re­dac­tan antes y du­ran­te el exa­men se leen en alto. Vi a una es­tu­dian­te que se había pre­pa­ra­do las res­pues­tas en casa con la ayuda del tra­duc­tor de Goo­gle y llegó al exa­men de fran­cés ha­blan­do un por­tu­gués ab­so­lu­ta­men­te te­rri­ble. ¿La razón? Había pul­sa­do el botón equi­vo­ca­do y había "tra­du­ci­do" sus res­pues­tas al por­tu­gués en lugar de al fran­cés. Se le pro­nos­ti­có un no­ta­ble, una nota per­fec­ta­men­te res­pe­ta­ble, in­clu­so aun­que no había no­ta­do que el idio­ma que es­ta­ba le­yen­do no se co­rres­pon­día con el que su­pues­ta­men­te había es­ta­do apren­dien­do. La re­ga­ña­ron, y le per­mi­tie­ron vol­ver a exa­mi­nar­se. Pero cuan­do se puede sacar un no­ta­ble en el GCSE sin si­quie­ra ser capaz de re­co­no­cer el idio­ma que se es­tu­dia, ¿quién puede cul­par­la?

Se po­dría asu­mir que los exá­me­nes es­cri­tos son más duros. Pero no hay exá­me­nes es­cri­tos. Solo "eva­lua­cio­nes con­tro­la­das". Los es­tu­dian­tes es­cri­ben lar­gas res­pues­tas sobre un tema, de me­mo­ria, y con notas para poder re­cor­dar­las. Sin em­bar­go, para poder au­men­tar las ca­li­fi­ca­cio­nes, mu­chos co­le­gios hacen que los es­tu­dian­tes re­dac­ten y vuel­van a re­dac­tar esas res­pues­tas en clase y en casa para des­pués sim­ple­men­te me­mo­ri­zar­las para la eva­lua­ción. Y mien­tras las pre­pa­ran en casa, tie­nen la ayuda de pa­dres, de ami­gos, de in­ter­net y de cual­quier otro re­cur­so que en­cuen­tren. Y al pro­fe­sor tam­bién se le per­mi­te, en ese punto, dar co­men­ta­rios por es­cri­to. Pa­re­ce una prue­ba bas­tan­te es­tú­pi­da, ¿ver­dad?

COMO PE­QUE­ÑOS RO­BOTS DE­FEC­TUO­SOS

Y eso ni si­quie­ra es todo lo que hay. La ma­yo­ría de los co­le­gios pro­por­cio­na a los es­tu­dian­tes ex­ten­sos "ejem­plos", así que no se ne­ce­si­ta nin­gu­na pro­duc­ción es­pon­tá­nea. Si la eva­lua­ción es en va­ca­cio­nes, por ejem­plo, se les dan lis­tas de vo­ca­bu­la­rio con tra­duc­cio­nes de fra­ses como "En la tien­da de re­ga­los com­pré…", "Des­pués de vi­si­tar… fui a…". Todo lo que ne­ce­si­tan hacer es co­nec­tar los pun­tos y voilà: fra­ses he­chas a me­di­da, sin que los es­tu­dian­tes sean ca­pa­ces de cons­truir nin­gu­na por sí mis­mos.

Cada eva­lua­ción, si se quie­re con­se­guir las me­jo­res ca­li­fi­ca­cio­nes, debe in­cluir al menos un mo­dis­mo, así que a los es­tu­dian­tes se les pro­por­cio­nan las de­bi­das lis­tas de mo­dis­mos ade­cua­dos al tema, lis­tos para in­ser­tar. Sin em­bar­go, su com­ple­ta ig­no­ran­cia para ma­ni­pu­lar el len­gua­je puede re­sul­tar con­tra­pro­du­cen­te en este punto. En el tra­ba­jo de un es­tu­dian­te, vi la si­guien­te frase: je avoir les dents lon­gues (li­te­ral­men­te: "yo tener los dien­tes lar­gos"; el mo­dis­mo sig­ni­fi­ca "ser am­bi­cio­so"). Lo vi como un sim­ple error y se­ña­lé, ama­ble­men­te: "Te has ol­vi­da­do de con­ju­gar el verbo". Su ex­pre­sión es­ta­ba com­ple­ta­men­te vacía. "¿Sabes cómo con­ju­gar avoir?", dije, pre­gun­tán­do­me cuál sería el pro­ble­ma. "Se­ño­ra, ¿qué es con­ju­gar?", fue la res­pues­ta. Estos es­tu­dian­tes, as­pi­ran­tes todos a la nota más alta, no sa­bían lo que era la con­ju­ga­ción, ni lo que era un verbo ni que avoir era di­fe­ren­te de au re­voir. No sa­bían que "j’ai" sig­ni­fi­ca­ba "tengo", y no te­nían ni la más li­ge­ra idea de por qué po­nien­do las fra­ses tal cual en sus tex­tos no les había sa­li­do bien. 

¿Y quién es cul­pa­ble, en­ton­ces, por este es­ta­do tenso e im­per­so­nal de las cosas? Los es­tu­dian­tes no, eso se­gu­ro. Ellos solo hacen lo que se les dice. ¿Los pro­fe­so­res, por lo tanto? Re­cien­te­men­te se ha in­tro­du­ci­do en el Reino Unido el  sa­la­rio según ren­di­mien­to, lo que sig­ni­fi­ca que las notas de los GCSE de los es­tu­dian­tes afec­tan di­rec­ta­men­te al bol­si­llo del pro­fe­sor a final de mes. Ob­via­men­te no po­de­mos es­pe­rar que los pro­fe­so­res sa­cri­fi­quen las notas de los alum­nos (y con ellos sus fu­tu­ras pers­pec­ti­vas edu­ca­ti­vas y la­bo­ra­les), la repu­tación de sus co­le­gios o sus pro­pias ca­rre­ras para ase­gu­rar­se de que los es­tu­dian­tes real­men­te pi­llan el idio­ma.

Pa­re­ce pro­ba­ble, en­ton­ces, que hasta que no cam­bie el sis­te­ma ac­tual del GCSE, la ad­qui­si­ción de un se­gun­do idio­ma en el Reino Unido se­gui­rá sien­do la peor de Eu­ro­pa. Los GCSE de idio­mas ya no pue­den hun­dir­se más. Aun­que... nunca se sabe cuál es el pró­xi­mo plan loco que se le va a ocu­rrir al Se­cre­ta­rio de Edu­ca­ción, Mi­chael Gove