Los intelectuales turcos ante Europa

Artículo publicado el 20 de Febrero de 2004
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Artículo publicado el 20 de Febrero de 2004

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Europa, oscuro objeto de deseo para Turquía: imperceptible y huidiza. ¿Pero antes de desearla, no conviene inventarla? Se preguntan los intelectuales turcos.

El arado de la modernidad sobre la tierra de Anatolia debía tomar la forma de un triángulo institucional. La armada a la cabeza sujeta por una administración laica e intelectuales progresistas. Un arado, una égida, un escudo. La cara: el símbolo del voluntarismo del Estado, motor y ariete de desarrollo para el que el fin es explícitamente europeo, es decir, nacional, laico y positivista. La cruz: el progreso social concebido como garantía de independencia nacional contra el corsé imperialista occidental. La cuestión del desarrollo en Turquía se plantea así, desde los años 20, en términos que anuncian descolonización y relaciones norte sur.

Si a Golpes de Estado se expulso a los intelectuales de ese triángulo motor, el problema original no ha desaparecido aún. Transversalmente en toda la sociedad, no ha sido jamás un debate tan escandaloso como con la cuestión Europa, verdadero punto de fuga del debate político e intelectual turco.

El inicio de las negociaciones de adhesión a la Unión Europea (UE) esperado para primavera del 2005 vendría a cerrar el arduo camino emprendido por Atatürk, padre de la república. Está llena de simbolismo, volver a ver la migración milenaria de los pueblos turcos hacia el oeste.

"Turquía vive los 18 meses más cruciales de su historia. No puedo compararlos sino al período de las negociaciones del Tratado de Lausana en 1923 ", escrito por Ismet Berkan, director del diario Radikal (15/07/03).

El Golpe de Estado silencioso

Con motivo de las negociaciones resurge la cuestión imperialista. La proximidad de los plazos y la aceleración de las reformas exigidas por Bruselas refuerzan el sentir de una corriente de pensamiento según la cual la globalización, de la cual Europa no es más que parte, pone en peligro la independencia nacional.

A la cabeza de esta corriente, Erol Manisali, profesor de economía en Estambul y cronista en el diario Cumhuruyet (La República), se explaya defendiendo su teoría del "Golpe de Estado silencioso", orquestado por la UE desde 1995 con la firma del acuerdo de unión aduanera con Turquía.

"¿Entramos o no entramos? (en la UE) y alimentan debates intentando hacernos contar rinocerontes de manera Ionesca...La firma del acuerdo de unión aduanera no es más que otro acto de colonización...El reconocimiento de Turquía como país con estatus de candidato en 1999 no es más que un cebo destinado a encadenarnos más al espacio europeo".

El tono es similar en Mümtaz Soysal, consejero del presidente Turco-Chipriota, en Attila Ilham, escritor y periodista. Suenan de la misma manera a derecha e izquierda, desvelando toda una franja de opinión nacionalista. La teoría del complot no está nunca lo suficientemente lejos. Naturalmente amplificada por las actitudes políticas ambiguas y dilatorias de Bruselas. Reforzada por la ausencia de estrategia de Europa, que considera la ampliación más que como acto político como proceso natural aportado por espectros de identidad.

"El día que la panda de Bush decide aniquilar el sistema de seguridad mundial, la Comisión Europea cree poder consolar a sus vecinos más próximos con el dulce de la libre circulación y la prosperidad: una actitud que dice mucho de la situación delicada en la que se encuentra la UE, El diagnóstico de esquizofrenia no está tan lejos de la realidad", escribía Ahmer Insel el pasado 23 de marzo reaccionando así a la propuesta de Prodi/Patten sobre el concepto de países amigos de la Unión.

"Soñando con un círculo-tampón de países amigos para preservarla de los bárbaros, a lo mejor la UE se despertará un día rodeada por esos otros bárbaros de apariencia civilizada venidos de extremo oriente".

Profesor en París y en Estambul/Galatasaray, Ahmet Insel participa en la revista Birikim y dirige las ediciones Iletisim. Pone en cuestión los dogmas de la economía contemporánea (Mustafa Sönmez, Korkut Boratav), analiza las nuevas formas de dominación, es laboratorio de una nueva izquierda, alérgica a los reflejos ideológicos, y constituye una referencia intelectual en Turquía.

Considerada como la llave de la democratización turca, la UE no escapa a su reflexión. Amigo intimo de Yachar Kemal, Oral Calistar, escritor y cronista del diario Cumhiriyet, defiende posiciones convergentes:

"Los dirigentes turcos no se han servido de las divergencias entre la UE y EEUU más que dentro de estrechos cálculos políticos a corto plazo. Y por eso es que el proceso de adhesión a la UE ha sido siempre deforme en Turquía: la mentalidad que preside el destino de este país no ha podido asimilar nunca los valores democráticos nacidos en Europa", escribió el pasado marzo.

Un pensamiento único de la Europa suave, sin matices, sin una imagen clara de lo que significa la adhesión, una esquizofrenia según la cual "Bruselas es la prosperidad y Washington la seguridad", Ahmet Insel. Consenso de la opinión turca traída por los mejores financieros, liberales reunidos por los islamitas moderados que son el hogar político del AKP (Partido de Justicia y Desarrollo), actualmente en el poder.

La torpeza europea descrita por Ahmet Insel y la niebla del consenso turco sobre Europa mencionado por Oral Calislar no son más que las dos caras de una misma moneda. Este pensamiento único es tan turco como europeo. Y el reto turco sólo se realizará en el marco de una Europa en construcción, estratégica, política y socialmente.

Europa, una oportunidad para Turquía, y viceversa. La entrada de Turquía en Europa debiera significar algo más que otra expansión del Mercado Común. So pena de no ser una esperanza ni para Turquía, condenada a un "Golpe de Estado silencioso", ni para Europa dedicada a la dilución que le predice Washington (primer fan de la candidatura de Turquía a la UE).

La cuestión orientalista

Y esta izquierda intelectual que milita por una fuerte integración de la UE encuentra finalmente la cuestión imperialista de sus orígenes, pero más que prever las consecuencias del sistema de lucha por la independencia, despliega su alfombra (el Orientalismo según Edward Saïd) y los resultados (un pensamiento único identitario y progresista) sobre la escalera europea.

"La toma de posición del Sr. Giscard por razones de identidad obligó a los pro-europeos, cuyas ideas van en contra de esta posición culturalista, a comprometerse en favor de Turquía", declara Ahmet Instel.

"El orientalismo es un saber nacido de la fuerza", afirma Edward Saïd. Un saber yugo de opiniones.

"Este tipo de discurso os pertenece a los países del tercer mundo y al Islam. Vuestro sistema no es perfecto, pero es el mejor que podéis esperar. No es ya el de numerosos intelectuales, sino que constituye una visión del mundo dominante. Ahora bien, si alguien nos pide que reconsideremos nuestra democracia y que la adecuemos a criterios generales, es una señal de que nos toman en serio, es el final del menosprecio orientalista", escribe Murat Belge, periodista y ensayista publicado en Iletisim (4/7/03).

El proyecto de esta izquierda turca: romper la fuerza del saber oriental, no por luchas de retaguardia contra las fuerzas imperialistas, sino rompiendo los resortes internos, la representación identitaria única y la noción de desarrollo natural necesario. Superando los mitos de izquierda y derecha, se abre camino en una tercera vía necesariamente europea, entre el repliegue de las identidades y la uniformidad global. Como en su día Atatürk, entre el capitalismo y el comunismo.