Los judíos de Bratislava construyen su futuro

Artículo publicado el 24 de Mayo de 2015
Artículo publicado el 24 de Mayo de 2015

A lo largo de estos últimos años, la comunidad judía de Bratislava se ha vuelto a reunir en torno a la construcción de un museo. Pero más allá de esas paredes, es toda una sociedad de mentalidad abierta la que permite a los judíos eslovacos vivir en un ambiente propicio para la reparación de un bochornoso pasado. 

Antes de la Segunda Guerra Mundial, Bratislava contaba con 136.000 residentes judíos aproximadamente. Hoy en día, solo quedan poco más de 5.000. Maros Borský sabe de memoria el número exacto de judíos que viven en cada ciudad eslovaca; "somos 800 en Bratislava, 700 en Košice...",  enumera.

Una vida en un museo

Estos dos últimos años, Maros ha dejado de contar. Dolido por el bochornoso pasado que padeció la comunidad, ha decidido sentar las bases del futuro. Actualmente es director del Museo de la Comunidad Judía de Bratislava, que vio la luz en 2012 gracias a las donaciones de la comunidad judía de la ciudad, deseosa de salvaguardar su herencia. "Lo que hay que resaltar es que esto no es solamente un museo, sirve de lugar de encuentro para los miembros de nuestra comunidad. Aquí celebramos la ceremonia del Bar Mitzvah [se celebra que el varón judío cumple los 13 años, la mayoría de edad, y asume la responsabilidad de sus actos según las leyes, tradiciones y ética judías], matrimonios, conferencias y proyecciones", explica.

Aunque permite a la comunidad judía organizarse en torno a sus actividades, el Museo de la Comunidad no es el único sitio de Bratislava que promueve su cultura. Creado con motivo de la disolución de Checoslovaquia, en 1993, y gestionado por el Estado, ¿el Museo de la Cultura Judía de Bratislava haría sombra a la idea de Maros Borský? "No somos competidores. Mi museo tiene una misión totalmente diferente", responde el director. Añade con orgullo que son también las fuentes de financiación las que marcan la diferencia. "Nosotros recibimos muy poco dinero público, la mayor parte de nuestros recursos provienen de mecenas. No obstante, recibimos algunas subvenciones estatales de la región de Bratislava y de los fondos destinados a cultura de algunas ONGs", precisa.

La división de Checoslovaquia en varias entidades condujo a los dirigentes políticos eslovacos a crear un museo para cada minoría. Así es como surgen rápidamente establecimientos donde se conservan colecciones croatas, alemanas, checas o rutenas. El nuevo museo pretende centrarse exclusivamente en la comunidad judía. "Insisto en el hecho de que es un museo comunitario creado por y para la comunidad", suelta Borský.

Rabino de la cultura

Las paredes del edificio desprenden todavía olor a pintura, incluso dos años después de su apertura. Por todas partes, las fachadas blanquísimas acogen un dispositivo muy sobrio que informa sobre la evolución de la comunidad a lo largo del tiempo. "La renovación de la vida religiosa judía llegó con la caída del comunismo", apunta Maros mientras recorre la exposición. Bajo el título "estamos aquí", permite a la vez apreciar y también darse cuenta de la casi extinción de la cultura judía después de la Segunda Guerra Mundial. "En esta foto estoy yo, pero un poco más joven", sonríe Borský mientras nos señala una cara perdida entre la multitud. 

Tras la escisión de Checoslovaquia en 1993, el rabino Baruch Meyers vino a Bratislava desde Estados Unidos. Hoy en día, representa el alma de la comunidad de esta ciudad y es la máxima autoridad dentro de ella. "Cuando llegó, se comenzó a hablar de cosas en las que los comunistas no pensaban ya que, en lugar de escrutar el pasado, él miraba hacia el futuro", dice Borský.

Gracias a él, en los años 90, se pusieron en marcha las obras del Memorial de la Shoah de Viena. Otros planes de rehabilitación han permitido renovar el monumento dedicado a Hatam Soferla  gran figura del judaismo europeo fallecido en Bratislava. El lugar se ha converido en sitio sagrado para los judíos. En la actualidad, un museo-catacumba se ha instalado en el subsuelo, debajo de las vías del tranvía. Solo se han podido salvar una treintena de tumbas de este antiguo cementerio que data del siglo XVII.

A lo largo del tiempo, Bratislava ha perdido una gran parte de su patrimonio judío, antaño muy importante. Paradójicamente, son los comunistas -más que los nazis- los que contribuyeron a su debilitamiento. "Aún así hemos tenido más suerte que los vieneses. Allí, los alemanes destruyeron todo", afirma Matúš Borský.

Añade, sin embargo, que la capital austríaca puede presumir de un magnífico museo. "Pertenece a particulares, pero está perfectamente acondicionado. Hay una gran diferencia entre nosotros y los austríacos. Hablar de cultura aquí y allí no tiene el mismo significado", explica alabando la capacidad de los austríacos para reparar los errores y andanzas del pasado.

El antisemitismo: Un concepto que hay que reconstruir

"Creo que el antisemitismo existirá siempre pero Eslovaquia, por el momento, se libra. Nosotros nos sentimos bien aquí. Somos un grupo perfectamente integrado y nos sentimos seguros", afirma Borský.

Los judíos eslovacos no utilizan el hebreo o el yidis[1] como ocurre en algunos países. "El hebreo es una lengua muy importante, pero al igual que los cristianos no acostumbran a celebrar sus misas en latín, nosotros hacemos lo mismo", explica.

En el Museo de la Comunidad Judía, la gente comienza a llegar. "Buenos días y bienvenidos", saluda el director a un grupo de una decena de jubilados. "Es mi esposa, ¿la conoce?", le pregunta un hombre mayor alargándole un trozo de papel amarillento. "Hace más de 50 años que murió. Ayer encontré un periódico en casa en el que ella describe cómo fueron liberados dos campos de concentración, en Vyhne y en Sereď. Pero no me pareció nada emocionante. Es una noticia más política que histórica", explica con una pizca de decepcion. "Es un tema difícil y resulta complicado hablar de ello. Pero quizá el próximo año encontremos una forma de abordarlo", nos dice el director del museo al salir. A pesar de todo, todavía quedan cosas por reconstruir en Bratislava.

[1]Dialecto altoalemán hablado por los judíos originarios de la Europa central y oriental, que se escribe en caracteres hebreos.