Los Juegos Europeos de Bakú: ¿Un comienzo en falso?

Artículo publicado el 9 de Julio de 2015
Artículo publicado el 9 de Julio de 2015

El último domingo de junio tuvo lugar la final de los Juegos Europeos inaugurales en la capital de Azerbaiyán, Bakú: Una competición intensiva de dos semanas que incluyó varios deportes y atletas de toda Europa. Pero ¿cuál era el objetivo de todo esto? Cafébabel fue a investigar.

“El deporte y la política deberían mantenerse separados” —una observación hecha por optimistas ingenuos y bien intencionados, o bien por políticos sinvergüenzas que utilizan el deporte para camuflar sus delitos. En el año 2015, ya hemos visto expuestos los sobornos escandalosos dentro de la FIFA y el aumento del número de muertos en la mano de obra esclava migrante utilizada para el ya arreglado Mundial de Fútbol en Catar. ¿Pero pueden los primeros Juegos Europeos librarnos del mal y llenar de orgullo al continente?

Azerbaiyán, una ex república soviética productora de petróleo, emergió de la oscuridad tras ser anfitrión del Festival Eurovisión en el año 2012 y ha tenido nuevamente una oportunidad de proyectar su imagen al mundo. A su capital, Bakú, se le concedieron los Juegos en el 2012 —convenientemente no hubo otros candidatos—, lo que le daba a la ciudad tan solo dos años para construir toda la infraestructura necesaria. Un plazo muy ajustado, pero Azerbaiyán lo logró.

Destellantes estadios gimnásticos de estándar olímpico, centros acuáticos y velódromos, todos ubicados detrás de céspedes bien cuidados, brillantes aceras de mármol y alojamiento espacioso para los medios de comunicación y los atletas. Se construyeron nuevos autobuses con carriles propios para evitar el famoso tráfico intransitable de Bakú, e incluso se instaló un sistema de aire acondicionado en el metro. Filas interminables de policías que agitaban sus porras proporcionaban la seguridad.

Sólo la ceremonia de apertura ya costó 100 millones de dólares: fuegos artificiales iluminaron el Mar Caspio, el mugam —música tradicional azerbaiyana— resonaba en los altavoces y Lady Gaga apareció en un piano para asesinar una versión de Imagine de John Lennon.

Todo pareció muy profesional, pero los Juegos Europeos padecen una crisis existencial. Los demás continentes tienen sus propios torneos, así que ¿por qué no Europa también? Por otro lado, el deporte europeo se ha desarrollado de tal manera que todos ellos tienen sus propios destacados campeonatos tradicionales. Muchos atletas importantes no estuvieron presentes ya que estaban ocupados entrenando para otros eventos. Del mismo modo, solamente cuatro líderes de la UE asistieron a los Juegos (Luxemburgo, San Marino, Mónaco y Bulgaria), aunque Putin, Erdogan y los presidentes de Bielorrusia, Tayikistán y Turkmenistán sí se divirtieron.

La entrenadora de natación sincronizada de Reino Unido, Karen Thorpe, indicó que para las chicas que competían, todas ellas juveniles, esta era una gran oportunidad. “Puede que nunca lleguen a las Olimpiadas, por lo que esta es la siguiente mejor competición”.

 

El entrenador holandés Kees Van Hardeveld se decepcionó por el hecho de que su país se retractara de su decisión de ser la sede de los próximos Juegos en el 2019 debido a motivos financieros. Holanda rehusó a pagar 58 millones de euros, mientras que Azerbaiyán gastó más de 8 billones. “Es una pena, debería haber un país dispuesto a organizar este tipo de eventos. Pero todo se trata de dinero, lo sé, por eso es aquí".

Caminando por la ciudad, se pueden contar los bloques completos de rascacielos, oficinas y departamentos que se han construido y aún están vacíos. Bakú se asemeja a un "pueblo Potemkin". En las costas arenosas que dan al Mar Caspio, bombas de aceite se mecen hacia atrás y adelante, recordándole a uno cuáles son los vastos recursos de Azerbaiyán, que son gastados en espectáculos y presentaciones, y no en capacitaciones o infraestructura. Así pues, los Juegos Europeos contaron con un personal estimado de 12.000 voluntarios locales, aunque la mayoría del personal directivo era extranjero.

Visitantes extranjeros arrojan sus insignias alrededor de sus cuellos y recorren la ciudad como una presencia colonial, deleitándose con el lujo del centro de Bakú. Las autoridades de la capital prohibieron la circulación de automóviles en ciertas regiones en la ciudad, prohibieron a la gente colgar ropa afuera e incluso prohibieron bodas y funerales. Meses antes, cuando el precio global del petróleo se desplomó a menos de 60 dólares/barril, Azerbaiyán devaluó su moneda, endeudando a muchos. Los azerbaiyanos expresaron su descontento cuando se supo que el país estaba pagando la mayor parte de los gastos de todas las delegaciones visitantes. En un país donde un profesor gana alrededor de 150 dólares/mes, esta noticia no fue recibida efusivamente. A pesar de que quejarse conlleva grandes riesgos, pues Azerbaiyán es el quinto país más censurado en el mundo según el Comité para la Protección de los Periodistas.

Muchos de los azerbaiyanos con los que hablo están —comprensiblemente— orgullosos de que su país sea puesto en el mapa, aunque existe una correlación directa entre el aumento de grandes concursos de los cuales Azerbaiyán es anfitrión, y el creciente número de prisioneros políticos. En el último año, casi todas las personas que hablaron en contra de la violación de los derechos humanos han sido encarceladas, exiliadas o bien silenciadas. Antes del comienzo de los Juegos, se les negaron los visados a periodistas de la BBC y The Guardian, probablemente como venganza por cubrir temas políticos, en vez de celebrar los deportes, lo cual fracasó inevitablemente y resaltó estos problemas aún más.

Instituciones internacionales como Radio Europa Libre, la Fundación Nacional para la Democracia, la Sociedad Abierta y la OSCE han sido perseguidas y a menudo acusadas de espionaje. Los medios de comunicación son rígidamente controlados. El gobierno —un estado unipartidista con un sistema oligárquico— asegura efectivamente que el dinero circule sólo en la cima. Los activistas que he conocido han perdido la esperanza. Uno de ellos me dijo: “Me volví un pesimista. Si la oposición lleva a cabo una manifestación aquí, podrían llegar a conseguir tres o cuatro mil personas como mucho. Hoy en día tenemos solo pan y circos. Y Lady Gaga cantando John Lennon. ¿Qué viene después? ¿Rihanna cantando Wind of Change? Todos mis amigos aún están en la cárcel”.

Cualquiera que se preocupe por la gente de Azerbaiyán debería preocuparse por el futuro social y democrático del país antes que nada. Donde sea que se celebren —si se celebran—los Juegos en el 2019, deberían realizarse en una atmósfera de inclusión e igualdad. De lo contrario, no merecen la denominación de “europeos”.