Los Millennials y la comida: "No me hables de sexo que tengo hambre"

Artículo publicado el 20 de Septiembre de 2016
Artículo publicado el 20 de Septiembre de 2016

(OPINIÓN) Un estudio indica que los millennials prefieren pasar más tiempo en la cocina que en el dormitorio. ¿Es sólo otro ejemplo de cómo se nos engaña fácilmente o hay una verdadera razón que nos lleva a encontrar consuelo en la comida? 

Es habitual oír eso de que se nos conquista por el estómago. Conocemos las supuestas propiedades afrodisíacas del chocolate, de las fresas o incluso de las ostras, pero según un estudio, los jóvenes caen más en la gula que en la lujuria.

De acuerdo con una encuesta realizada por Eater Digest a 12.000 personas en 37 países diferentes, el 46% de los hombres y el 51% de las mujeres afirman que comer es "tan placentero como tener sexo". Alrededor del 35% de los millennials (personas de entre 18 y 34 años) declara que entre una noche loca y una excelente cena en un restaurante elegirían la cena.  Al menos ésta es la opción del 42% de las mujeres, frente al 26% de los hombres. Por mi parte, es cierto que he comido muy bien en mi vida, pero nunca me he sentido tan lleno como para saltarme el postre.

No obstante, parece ser que hay muchos jóvenes que renuncian a este tipo de dulces. El estudio de Eater Digest se hace eco de otra serie de datos publicados hace unas semanas en la revista especializada  Archives of Sexual Behaviour, según la cual, a pesar de su reputación, a la denominada 'Generación Millennials' o tsmbién llamada 'Generación Y' le importa menos el sexo que a sus padres o a sus abuelos. Alrededor del 15% de los jóvenes no ha tenido una experiencia sexual antes de los 18 años, más del doble que en el caso de la Generación X (6%), los nacidos entre 1961 y 1981.

Un artículo publicado en el Washington Post parece tener la respuesta. Los millennials, simplemente, no tienen tiempo de ocuparse de temas amorosos, Nuestros estudios, nuestro trabajo, o el tiempo que pasamos delante del ordenador, nos roba todo el tiempo para ponernos a la acción. ¿Es nuestra obsesión por la comida parte del mismo problema? ¿Estamos tan ocupados buscando el mejor filtro de Instagram para ponerle a la foto que le acabamos de hacer a nuestro filete que dejamos enfriarse nuestros platos (y nuestras pasiones)?

En mi opinión, este argumento es demasiado cínico. En lugar de ver esta tendencia como la prueba de que los jóvenes no se dan cuenta de lo que se están perdiendo, tal vez tendríamos que preguntarnos por qué ese interés tan repentino por la comida.

En primer lugar, nos preocupamos mucho más que antes por lo que comemos. El estudio de Eater Digest muestra hasta qué punto nos gusta experimentar con la comida: añadimos especias a unos simples macarrones con queso o intentamos poner un toque de verde en todos los platos. Alzamos los ojos al cielo ante ese amigo que pide platos sin gluten o compartimos su opinión sobre el veganismo, pero hay que reconocer que esto sólo es una muestra de hasta qué punto nos preocupa lo que comemos.

Pero, tal vez, la diferencia más importante entre los millennials y las generaciones anteriores es que, para nosotros, la comida tiene una mayor importancia social que la que se le daba antes. Más del 57% de nosotros afirma querer comer sin prisas para disfrutar más de lo que comemos y de la compañía de los que están con nosotros. Aquí en cafébabel, cerramos la oficina una vez a la semana y nos reunimos todos en un restaurante para comer, lo cual contribuye a convertirnos en un grupo muy unido.

Eso y el hecho de que los romances de oficina no son nunca una buena idea...