Los ojos de Malta

Artículo publicado el 5 de Mayo de 2004
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Artículo publicado el 5 de Mayo de 2004

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Suspendida entre Sicilia y Túnez, Malta quiere convertirse en el “puente” entre los países árabes y la UE. Además, pretende hacerlo mediante una iniciativa juvenil y sorprendente.

Paseando por los caminos de Malta, el sol quemando las piedras incita casi a pensar que Europa está lejos. Los topónimos, como Mdina, Cirkewwa, Gneja, evocan una sonoridad arabizante, las casas blancas tienen un regusto a Mediterráneo y las miradas de los paseantes son incluso más profundas y oscuras que las de las mujeres de Palermo.

Pero en realidad, este minúsculo archipiélago, suspendido entre Sicilia y Túnez, es desde el pasado 1 de mayo miembro a todos los efectos de la nueva Europa ampliada. Con el beneplácito de los puristas de la Europa carolingia y continental. Y el de los matemáticos. Sí, porque, como bien ha señalado The Economist, en la cumbre europea de las nuevas generaciones, Gerhard Schröder, canciller de una Alemania con una población de 82 millones de personas, no podrá ser tratado de manera muy diferente a Lawrence Gonzi, presidente del gobierno maltés que representa únicamente a 397.000 personas.

No se trata sólo de geografía

Y aún hay más. Malta no sólo abandona el obstáculo y el complejo de mini-estado, sino que se refuerza, presentándose como candidata a transformarse en un "puente entre Europa y el mundo árabe" verdadero y real, como señala Giovanni Buttiegieg, director de EuroMed Youth Platform, una plataforma que reúne organizaciones no gubernamentales europeas y de países de la orilla sur del Mediterráneo. La plataforma dio el gran salto el pasado septiembre en Malta, donde congregaron a más de 100 jóvenes de más de 35 países, evento al que café babel asistió, y según Buttigieg, "ésa ha sido la prueba tangible de que la UE no es sólo un club exclusivo, sino un espacio abierto a los más cercanos". La plataforma, apoyada activamente por la Comisión Europea a través del Programa Euro-Med Youth, tiene la intención de integrar en sus actividades a ocho de los nuevos países miembros de la UE "a excepción de Chipre y la propia Malta, que ya participaron en el pasado como países de la orilla sur". Por tanto, en sus actividades se incluirán los países de Europa central y oriental, cuya apertura a la esfera mediterránea es todavía dudosa. Sin embargo, en lo que quiere implicarse Buttigieg es en la creación de un encuentro, que se celebrará en Budapest en octubre, con los ocho países de la orilla sur: Marruecos, Argelia, Túnez, Egipto, Israel, Palestina, Líbano, Siria y Turquía. Es toda esta esfera mediterránea, por tanto, lo que podrá ofrecer Malta al resto de la UE.

"Y no sólo gracias a su posición geográfica", matiza Buttiegig. "No debe olvidarse que, también políticamente, Malta es un país minúsculo que no puede presentarse como una amenaza. Es, por tanto, de entre los países mediterráneos fuera del continente europeo, el único que no tiene serios problemas políticos con sus vecinos. No es así el caso entre Israel y los países árabes o entre Chipre y Turquía. Y su pasado histórico, plagado de dominación extranjera (romana, árabe, británica…) le permite mantener una posición de apertura frente a otras culturas".

Cierto, pues la lengua maltesa es un conjunto de influencias diversas, "un 60% procedente del árabe, alfabeto latino e influencia del italiano, del francés y del inglés", resume María, una estudiante de Derecho. Poco importa que lo explique en un italiano perfecto, característica ésta que presentan la mayor parte de los jóvenes del país: sus ojos negros hacen olvidar el hecho de que los malteses pretendieran que su lengua fuera, y lo va a ser, una de las 20 lenguas oficiales de la nueva Europa, ésa que ahora termina en la ciudad de Valletta.