Los países del Este en la tormenta económica

Artículo publicado el 29 de Abril de 2009
Artículo publicado el 29 de Abril de 2009
¿La Unión Europea estaría amenazada por la crisis que se cierne sobre los Estados miembro del este? Un diluvio de malas ideas lo da a entender. La solidaridad será el único medio de acudir en su ayuda y de salvarse de un posible peligro

Tras la caída de la URSS, los países de Europa Central y Oriental (PECO) pasaron página y miraron hacia Occidente. Esto fue un chollo para la Unión Europea: nuevos mercados, mano de obra barata y países que había que reconstruir. En menos de dos décadas, los cambios políticos, sociales y económicos han cambiado el paisaje. Aún más cuando algunos se han unido a la UE y, después, a la zona euro. Pero estos éxitos esconden la dependencia creciente de los PECO respecto de la UE. Para financiar su crecimiento, a menudo muy fuerte, han tenido que recurrir a inversiones directas extranjeras: las empresas occidentales han construido fábricas en estos países para beneficiarse de su larga tradición industrial, de su proximidad geográfica y de su mano de obra cualificada. Bingo: el sector del automóvil, el de la industria y el del turismo desaparecieron antes de ser los primeros sectores afectados por la crisis.

Familias endeudadas

Otra desilusión: las familias que se endeudaron para vivir su 'sueño europeo' en vano. Los sistemas bancarios, embrionarios, se endeudaron con los bancos extranjeros en divisas extranjeras. Y estas familias ya no pueden devolver hoy los préstamos cuyo valor ha provocado la caída de las monedas nacionales. El consumo privado ya no continúa y las familias se ahogan. La crisis azota justo donde los PECO habían construido su crecimiento.

Sin embargo, tras esta imagen más bien sombría, se esconden realidades con matices según los países: desde aquellos que establecieron su moneda en función del euro hasta aquellos que rechazaron abrir los fondos propios de sus empresas a los inversores extranjeros. Es imposible meterlos en un mismo saco. Sin embargo, es eso lo que hacen los mercados cuya miopía arrastra a la baja a todas las monedas de la zona. La UE, más razonable, prefiere una acción concreta para cada caso a un plan de ayuda global. ¿Cómo coordinar entonces la acción del FMI (Fondo Monetario Internacional) o del BERD (Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo) y garantizar la solidaridad europea?

¿Sálvese quien pueda o solidaridad?

Cuando una crisis llega al centro de una economía, lo primero que hace esta es protegerse. Las economías occidentales retiran sus capitales de los PECO para subsanar sus pérdidas: el crecimiento de los PECO, que se basa en sus capitales, se derrumba. Al querer salvarse, las economías occidentales exportan la crisis al este. Que se las apañen. Un ejemplo es Austria, en la que los bancos prestaron una cifra de dinero que supone el 80% de su PIB a los PECO. Si no pueden devolverlo, es Austria la que se viene abajo con ellos. Para evitar eso es para lo que la solidaridad europea es totalmente necesaria. ¿Pero hasta cuándo podrán las instituciones europeas e internacionales gastarse miles de millones? Nadie lo sabe. En caso de penuria, ¿seguirán ayudando a los más pobres? No hay nada más incierto.