Los papy-boomers: una nueva generación

Artículo publicado el 4 de Noviembre de 2003
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Artículo publicado el 4 de Noviembre de 2003

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Los baby-boomers, listos ya para la jubilación, poseen aspiraciones que les son propias. Retrato de una generación en lo mejor de la edad.

« Jubilados, pero no en retirada! » Gérard Mermet condensa con esta fórmula* el signo de estos nuevos ex jóvenes. Desprendidos de sus responsabilidades parentales, a menudo en buena forma física, salvados por sus ahorros y sus inversiones y los treinta años gloriosos que han recorrido sus vidas, los carrozas aparecen por todas partes y reivindican su espacio en la sociedad. En Europa al igual que en el resto de los países industrializados, nuevas prácticas sociales y culturales están surgiendo y las nuevas dependencias crean nuevos vínculos sociales.

Considerada durante mucho tiempo como hiperconsumista, esta generación aparece ahora como la generación « post-materialista », retomando el análisis de Ronald Ingelhart. Los valores post-materialistas, caracterizados por una gran desconfianza frente al dinero y frente a la competitividad del individuo para hacerse un hueco en la sociedad, se oponen a los valores materialistas de la sociedad del mercadeo. El post-materilismo no considera el crecimiento económico como fundamento y finalidad vitales, sino que antepone el desarrollo personal del individuo como centro mismo de las esperanzas y de las acciones individuales y colectivas.

« Viva el papy-boom »

Por encima del ahorro, de los bienes inmobiliarios y mobiliarios, los seniors desean lograr la libertad y la felicidad « sin perder comba ». Aunque algunos se vean en la precariedad (cerca de un tercio en 1970 y un 5 % en 1997), sus ambiciones siguen siendo la valoración de si mismos y el alcance de la plenitud de su personalidad. La imagen de la tercera edad confunde: son los nuevos abuelos, un lobby político, una correa de transmisión social y una poderosa fuente de votos.

El arte de ser abuelo se convierte en efecto en una realidad para todos. Tal y como subraya Robert Rochefort, autor de « Viva el Papy-Boom », se implican en la familia reimpulsando las relaciones entre ascendientes y descendientes, a veces incluso sobre cuatro generaciones: apoyo económico y afectivo, cuidado de los más pequeños, ayuda en los estudios de los familiares...

Ingresan cada vez más en el movimiento asociativo: más del 33% hoy por hoy frente a menos del 20% hace apenas 20 años. El ámbito del asociacionismo se está viendo desbordado: el 30% de los que tienen entre 60 y 75 se adhieren activamente a alguna asociación, o sea el triple que hace 40 años, y hasta los 80 años no disminuye la tasa. Entre sus preferencias se encuentran las asociaciones de vocación altruista o las organizaciones de ocio y entretenimiento.

Dichas opciones contradicen los valores que por otro lado apoyan: en Francia, más de la mitad se declara practicante regular u ocasional. Su participación religiosa es por tanto dos veces más dinámica que entre los más jóvenes. Esta rehabilitación subyacente del contrato social que menosprecia las pasarelas administrativas hace que le esté disputando al Estado la actuación sobre dicho contrato social. Al aproximarse al universo anglosajón a través de su participación asociativa en boga entre los de dicha edad, esta generación puede estar rescatando la vía Tocqueviliana de democratización mediante lo que solemos llamar sociedad civil. ¡El alter-mundialismo se acerca en este caso al « arcaico-mundialismo »!

El dinero es un trampolín

Su plenitud personal post-materialista va unida a una reacción en cuanto al voto político, un compromiso más importante en favor de una toma de conciencia colectiva con un peso político que los convierte, todavía, en una fuerza evolutiva. Esta generación nacida de las ruinas, que vivió su juventud entre curas y alcaldazos, que descubrió la universalidad de masas costosamente concebida, que con 20 años hizo la revolución durante el festivo 1968, que se enriqueció, que ahorró, es la que finalmente se ha reencontrado con la política ahora que el estado social está siendo sacrificado sobre el altar de la apertura de las fronteras.

De este modo, en los Estados Unidos, en donde el extremismo se está llevando el gato al agua frente a la moderación en un gesto pedagógico muy beneficioso para Europa, la generación que ahora cumple 50 años aparece con diferencia como la más próspera. Las cifras lo señalan claramente: multiplicación por 40 del índice Dow Jones desde 1945, multiplicación por 500 de los valores mobiliarios, detentación por su parte del 77% de los activos financieros representando el 66% del número total de accionistas y el 80% de los consumidores de artículos de lujo...

La asociación estadounidense de jubilados se ha convertido en uno de los lobbys más poderosos del país: cuenta con más de 35 millones de miembros, 2000 empleados, de los cuales 20 son agentes permanentes de lobby en Washington, proponiendo publicaciones, reducción de los costes sanitarios para jubilados así como fondos de pensión. El dinero representa entonces un trampolín, pero sus vidas no se hallan exentas de preocupaciones sociales, políticas, religiosas y familiares.

Lejos de claudicar de su función social, los mayores rediseñan en el terreno social de esta manera un comportamiento solidario. Post-materialismo rima, pues, con individualismo. El sociólogo Jean-Didier Urbain afirma por ejemplo que « estas personas (sexagenarias o más) aún consideran como un lujo el hecho de salir al extranjero, mientras que los próximos jubilados, los baby-boomers, consideran esto como un derecho ». La búsqueda de autonomía habitacional también ha sido ansiada en parte. Después del Estado Social, se ha fortalecido la solidaridad familiar: especialmente la ayuda a los hijos debido a las cómodas jubilaciones.

« Morirse de viejo es una muerte rara »

Los mayores se han convertido en Europa en una fuerza que, lejos de ser potencialmente negativa, puede darle un nuevo impulso al contrato social para aspirar a un mayor grado de libertad transmitiéndolo. Para resumir la vertiente post-materialista, Ingelhart explicaba que « hasta hace una generación reinaba el consenso materialista. Izquierda y derecha, marxistas y capitalistas, todos estaban de acuerdo en que el crecimiento económico era algo bueno. Sólo se diferenciaban en el modo en cómo debían repartirse los frutos. Hoy, con el surgimiento del post-materialismo, el crecimiento económico mismo, en tanto valor, está siendo cuestionado y, con él, el tradicional valor que se le ha dado al trabajo, a la autoridad, a la religión, a las reglas de comportamiento sexual y social, habiéndose convertido el desarrollo pleno de la persona en una fuerza en si misma ».

Ahora bien, el individualismo y las nuevas dependencias que su existencia creará no nos deben hacer olvidar lo mucho que nos pueden aportar los mayores: como lo recuerda la célebre frase de Montaigne según la cual « 47 años es una edad que pocos alcanzan » y « morirse de viejo es una muerte rara, singular y extraordinaria ». Que podamos pensar la muerte con humildad evitando sucumbir a la búsqueda de un individualismo exacerbado, vía de escape de una muerte cercana.

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* que introdujo en sus "Francoscopies" (Larousse)