Los prisioneros de lo "Imposible", pizzeros de Nápoles

Artículo publicado el 13 de Agosto de 2013
Artículo publicado el 13 de Agosto de 2013

Imagínate a delincuentes juveniles haciendo churros para la comunidad para mejorar la visión que tienen de ellos la sociedad. Así es como funciona en Campania, donde la familia y la comida se mezclan con los símbolos no convencionales de la identidad nacional, como el rugby. En Nápoles es una clave importante para entender la juventud.

Los jóvenes de la "Pizzeria del Impossibile", vestidos de blanco, se dan codazos unos a otros en su ceremonia de graduación. Han completado 200 horas haciendo pizzas en el curso de entrenamiento, dónde durante las últimas seis semanas, han hecho cincuenta pizzas al día para personas desfavorecidas de la comunidad local, que pedían su comida a través de tickets que conseguían en las iglesias.

Sin embargo, estos no son alumnos comunes. Estos 14 chicos han cometido delitos menores y han salido de Nisida, sede de uno de los principales centros para menores de Nápoles, uno de los 17 que hay en Italia. Situado en un islote en el Mediterráneo, el ejército británico uso Nisida como una prisión durante la II Guera Mundial; hoy es también hogar del Observatorio Europeo del Crimen Juvenil.

Prueba de legalidad

"Yo mismo soy un scugnizzi", dice Antonio Franco en su oficina pintada de amarillo. Él fundó la Asociación Scugnizzi - traducido como "Niños de la calle"- en el año 2005, y ha pasado una década trabajando en la rehabilitación de los jóvenes, empezando con actividades informales como partidos de fútbol. En 2010, creó el "Si hay pizza hay esperanza" con el apoyo de los "Hermanos Búfala", que dirigen una cadena mundial de tiendas de mozzarella. No paga ningún alquiler por este edificio que antes estaba vacío y que se ha renovado con estas paredes amarillas, justo a unos pasos del centro histórico de la ciudad. Los chicos están normalmente controlados después de conducidos a Nisida, "el Estado no puede darles estabilidad", dice Franco

 

Este ciclo de entrenamientos comenzó el 4 de Febrero, con 15 chicos de entre 16 y 21 años. Diez fueron enviados por los Juzgados, el resto los seleccionó Olga Miglaccio, de 27 años, de chicos que viven en zonas populares de la ciudad. Según la criminología, el voluntario dice que el acercamiento a veces es difícil. "Los chicos no buscan un psicólogo", dice. "La clave es no tener prejuicios, y hacer bromas con ellos". Entre 2 y 3 semanas están dedicadas a la teoría de la pizza, "como por qué la pizza americana no es la pizza napolitana", dice Antonio, con una mirada de complicidad.

Todos los días llega una nueva porción de postres - las especialidades locales, baba papa, Cannolo siciliano y sfogiatella. La interrupción es casi divina, desde que el joven panadero responsable es Gennaro. De 23 años, se consagra como modelo de este entrenamiento de integración para jóvenes de la asociación. Vivió en Nisida desde los 14 a los 18 años, y estuvo trabajando en una panadería durante 5 años,hasta ser un empleado y después tener una familia, pasando así con éxito la transición hacia su nueva vida. Gennaro es uno de los tres jóvenes en la historia de la asociación que lo ha conseguido. "Nuestro deseo es intentar que estos chicos salgan de Nisida antes de volver a su vieja vida", enfatiza Antonio. "Tener un trabajo en Nápoles siempre fue una utopía, ahora es incluso más duro". 

En la fábrica de Casa Infante, intercambiamos sonrisas con un joven con delgadas pestañas y un tatuaje de un beso rojo en su cuello. Fuma inquisitivamente. Marco Infante vuelve y grita "¡Gennaro!" y el modesto joven sube las escaleras después que nosotros. "Cuando era joven cometí un error", dice Gennaro en la oficina de los hermanos Infante, hablando tranquilamente con un claro acento napolitano. Sus manos y brazos están también tatuados y lleva un pendiente en una de sus orejas. "Educación y valores", interrumpe Marco y se enciende un cigarrillo Marlboro. "Él me enseñó valores de vida" añade Gennaro, que trabaja desde las seis de la mañana hasta la hora del almuerzo, después se va a casa para estar con sus dos hijos. "Si quieres cambiar algo, tienes que hacerlo tú mismo" dice simplemente. "La crisis golpeó a Nápoles antes que a otras, tienes que crearte tus propias oportunidades" ¿Es la pizza la respuesta? "Nápoles es una ciudad pobre", explica Antonio. "La pizza unifica, es popular, a todo el mundo le gusta. Es muy fácil como un punto de partida. Y conocía a los hermanos Buffala". Antes de que Daniele añada: "No se trata de hacer pizza. Se trata de la interacción social". 

Redención oval

El rugby es otra forma de integrar a los jóvenes en la sociedad. Inicialmente había dudas debido al contacto físico que este deporte requiere por parte del director de Nisida, Gianluca Guido. "Los chicos demostraron que podían separar sus detenciones del terreno de juego. Es un buen deporte para descargar su energía", dice Marco Aiello, de 26 años, fuera del estadio. Este trabajador social fue el capitán durante 4 años de los "Amatori Napoli", un club de rugby amateur, y entrena cada semana durante 8 o 9 meses al año. El promedio del equipo oscila entre los 16 y los 17 años, y se mezclan italianos y gitanos jóvenes. Además Marco no hace distinciones con el número de jugadores no italianos. 

En Nápoles la imagen de ciudadano de honor es para Maradona, gracias a que su cara está en cada tienda. El rugby no es tan importante en la cultura italiana como el fútbol o la pizza; Italia forma parte del Torneo Seis Naciones de rugby sólo desde el año 2000. "Los niños aprenden a jugar al fútbol en las calles. Todo el mundo tiene sus propias reglas, nadie conoce el rugby", explica la trabajadora social Anna Ferraino sobre "la palla storta" ( traducido como la pelota de forma rara ). "La juventud está más arruinada hoy, pero estos chicos no están acostumbrados a una palmadita en la espalda", añade Aiello. "No hay códigos de afección. No te ven como alguien bueno o como una autoridad, en todo caso como tu hermano. Ganarse su respeto no es difícil. El principal problema es ver qué ocurre en los centros. La administración fue difícil al principio". Aiello dice que algunas aperturas son criticadas en esta rehabilitación alternativa cuando es preguntado por si los chicos están en el colegio o de vacaciones responde, "lo más importante es conseguir un grupo" añade Anna. "Es una capacidad intelectual". Ella cree que lo importa es el "después" y eso está relacionado con la Camorra. "Algunos de estos chicos proceden de familias del crimen", dice. "Los trabajadores sociales no podemos tener más contactos con ellos después de que nos dejen". El nivel de detenciones juveniles en Italia es bajo comparado con el resto de Europa, desde que el sistema judicial se caracterizara por ser poco estricto, quizás debido a la sociedad católica y criminal dónde los chicos han crecido. De todas formas los niveles en Italia siguen siendo bajos

De vuelta a la pizzeria, Antonio Brigida es abrazado por sus padres, Filimena y Aliberto, y un emocionado Antonio Franco, que recibirá a una nueva hornada de chicos el próximo lunes. "Estoy triste, el curso ha terminado. Me gustaría ser un pizzaiolo" dice el joven de 16 años. Lo "imposible" que ha experimentado, se ha convertido de manera espontánea en la utopía de Nápoles. 

Muchas gracias a Francesco Raiola, Giorgio Mennella y al inestimable Mario Paciolla. También a nuestro equipo de cafebabel Nápoles.

Este artículo forma parte de una serie de informes mensuales que llevan en varias ciudades EUtopia on the Ground. Consulte la página para obtener más información acerca de nuestro deseo de "más Europa" desde Atenas a Varsovia. Este proyecto ha contado con el apoyo financiero de la Comisión Europea en el marco de una sociedad de gestión con el Ministerio de Relaciones Exteriores, la Fundación Hippocrene y la Fundación Charles Léopold Mayer para el Progreso Humano.