Los Pro-elección contra los Pro-vida: el campo de batalla está en Dublín

Artículo publicado el 30 de Septiembre de 2013
Artículo publicado el 30 de Septiembre de 2013

Es una batalla política en la cual la filosofía del derecho se mezcla con la ideología. La Iglesia, los médicos, los jóvenes activistas y el mundo de las asociaciones han animado el debate sobre el aborto en los últimos años. Ahora, el Parlamento irlandés ha aprobado una nueva ley que podría decantar la balanza. ¿Es realmente así? Reportaje desde las calles de Dublín.

Un proyecto de ley aprobado por Oireachtas (el Parlamento irlandés) regulariza por fin el aborto en Irlanda, rellenando un vacío que ha significaba incomodidad y sufrimiento para miles de mujeres. La ley Protection of Life During Pregnancy Act autoriza la práctica del aborto siempre que existan riesgos “reales y sustanciales” para la vida de la mujer, incluyendo uno que es difícil de establecer médicamente, el del suicidio. La condena de hasta 14 años de cárcel, basada en la ley Offences Against the Person Act de 1861, que nunca fue abolida, se mantiene intacta y afecta a los médicos y mujeres que practiquen el aborto fuera de las anteriores circunstancias.

El aborto existe, pero no se ve

En los 20 años posteriores al referéndum del 92, que sancionaba el derecho a viajar al extranjero para abortar, el debate nunca se ha detenido, ni tampoco la “fuga de úteros”. Al menos 4.000 mujeres, según cálculos no oficiales, salen de Irlanda cada año para interrumpir su embarazo. Las mujeres irlandesas abortan, pero lo hacen en silencio y sin ninguna ayuda por parte del Estado. La situación se complica para las inmigrantes y solicitantes de asilo, para las cuales es difícil o imposible viajar, y para aquellas mujeres que no pueden permitirse los gastos de un viaje al extranjero. Si se observa el viejo eslogan “An Irish solution to an Irish problem” (una solución irlandesa para un problema irlandés), el aborto en Irlanda existe, pero no se ve, y muy a menudo se exporta: muchos centros, algunos de ellos subvencionados por el Estado, proporcionan información sobre las distintas opciones que existen en caso de embarazo no deseado, incluyendo el aborto. La Irish Family Planning Association, organismo que se ocupa de la sexualidad y la salud reproductiva, ofrece los servicios de orientación gratuita a las embarazadas a través de sus centros distribuidos por la isla. Si lo desean, les ayuda a localizar una clínica inglesa y las asiste en la fase post-aborto. En la sede de Cathal Brugha Stree, en Dublín, me dicen que el nuevo proyecto de ley aportará claridad a una legislación nebulosa, pero consideran inaceptable que permanezca la criminalización de los médicos y de las mujeres que deciden proceder a un aborto.

El activista Richie Keane, de Doctors for Choice, la asociación de médicos y estudiantes que lucha por un aborto legal y seguro, es más explícito: “Verás, 14 años de cárcel pueden dar miedo… La situación para nosotros, los médicos, es especialmente frustrante en la actualidad porque… ¡porque no hay ley! No existen datos oficiales o directrices para los médicos. En realidad, no se arresta a casi nadie, pero tanto los médicos como las pacientes temen las posibles repercusiones legales”. La opinión que tiene sobre la ley Protection of Life During Pregnancy Act es igual de negativa: “El nuevo proyecto de ley es todavía muy restrictivo y tiene lagunas”. Richie considera que las cuestiones de la objeción de conciencia y del papel de los comités éticos son claramente opuestas, especialmente en un país en el cual un gran número de hospitales se gestiona desde instituciones religiosas. “El médico tiene el deber, independientemente de sus convicciones personales, de cuidar de la salud de las mujeres. El aborto es una cuestión de salud”.

Una batalla ideológica

Una cuestión de salud, claro. La sensación es que en realidad no es así. En el debate sobre el aborto influyen posiciones ideológicas difíciles de negociar, sobre todas ellas está la de la Iglesia católica. Allí donde el lenguaje y la ciencia definen los límites entre embrión, feto y niño, los católicos ven una ruta de continuidad y uniformidad entre la concepción y la vida adulta. Un eslogan de Youth Defence (la asociación antiabortista más importante del país, con estrechos vínculos con el conservadorismo católico y recursos financieros ingentes a su disposición que provienen en parte incluso de los Estados Unidos) declara que “todos somos embriones que han crecido”. Sus manifiestos tapizan la ciudad y recuerdan que “el aborto no salva vidas, mata a niños”. No es de extrañar entonces que los antiabortistas lleven de forma orgullosa el título exclusivo de pro-vida, como si todos los demás promocionaran la extinción de la especie humana.

Las altas jerarquías eclesiásticas han intervenido en la discusión sobre el nuevo proyecto de ley, llegando a amenazar con la excomunión para los políticos que estén a favor de éste. El catolicismo es una parte básica de la cultura y de la identidad irlandesa, y la Iglesia ha tenido éxito, desde la independencia en 1922, en la imposición de buena parte de su código ético sobre los legisladores de la República de Irlanda. Además de la presencia tangible de la Iglesia en los sectores clave de la sanidad y de la instrucción, los dogmas religiosos han predominado en muchas temáticas de interés público: la venta de anticonceptivos no se legalizó hasta un reciente 1985, la prohibición constitucional sobre el divorcio se retiró en 1995 y las “actividades homosexuales” dejaron de ser delito en 1993.

Las conquistas de los derechos con los que cuentan hoy en día todos los irlandeses fueron posibles gracias a las grandes movilizaciones populares que las acompañaron, y a la tenacidad de la vanguardia que las puso en camino. El movimiento pro-elección irlandés está presente en las actividades de lobbies y de los medios y en la asistencia práctica a las mujeres que tienen dificultades con un embarazo no deseado.

Cultura de la autodeterminación

La organización Abortion Rights Campaign (ARC) reúne a diversas asociaciones en todo el país. Tras el trágico incidente de Savita Halappanavar, la ARC ha intensificado los esfuerzos hacia un cambio legislativo y cultural. También para ellos, como me cuenta Kate, el aborto es una cuestión de derecho a la salud: “Los enfoques en el debate del aborto en Irlanda son discriminatorios: a una mujer embarazada no le corresponden los mismos procedimientos médicos que a una que no lo esté, porque según nuestra Constitución, el feto también es titular de unos derechos”. Una de las carencias más graves del nuevo proyecto de ley es la de la posibilidad de abortar en el caso que el feto no esté en situación de sobrevivir fuera del útero: una mujer está obligada a continuar con el embarazo incluso siendo consciente de que tendrá un final negativo. Además de atentar contra la salud de las mujeres, la ley irlandesa sigue negándoles el derecho a la autodeterminación, obligándolas a sucumbir bajo el peso de la biología: “En Irlanda solo se puede abortar si la alternativa es la muerte ¡es una mierda!”. La ARC proporciona información clara y detallada sobre el aborto en el extranjero y la píldora abortiva, que se puede conseguir por Internet y cuyo uso es seguro hasta la novena semana de embarazo. Otras organizaciones, como Abortion Support Network,  ayudan a las mujeres asumiendo parte de los gastos necesarios para el aborto o proporcionan ayuda para conseguir la píldora abortiva (esto último se puede conseguir gracias a Women on Web).

Para algunos irlandeses este debate es una fuente de tensión. Otros, normalmente los hombres, no están interesados. La mayoría (incluidos muchos católicos) consideran que no se puede posponer un cambio y que las mujeres irlandesas tienen derecho a proteger su propia salud y su dignidad. El debate sobre el aborto siempre está vivo, también en los lugares donde la legislación es relativamente permisiva. Hoy en día, el aborto es ilegal o está sujeto a duras restricciones en muchos estados del mundo, sobre todo en África, América del Sur y Asia Central. Además, nos encontramos con las noticias recientes de la reforma de la ley del aborto en España y de los nuevos datos que dicen que  cada vez es más difícil abortar en Italia.

Un agradecimiento especial a Manu Tomillo, Valentina Calày Clare que ha sido una guía de incalculable valor en la realización de este reportaje.

Video Credits: Cafébabel European Magazine/ youtube

Este artículo pertenece a la serie de reportajes de “EUtopia on the ground”, un proyecto de Cafebabel.com que cuenta con el apoyo de la Comisión Europea en el marco de una sociedad de gestión con el Ministerio de Relaciones Exteriores, la Fundación Hippocrene y la Fundación Charles Léopold Mayer.