Los pueblos de españa marchan unidos por la dignidad

Artículo publicado el 25 de Abril de 2014
Artículo publicado el 25 de Abril de 2014

"En 2014 nos encontramos ante una situación extremadamente difícil, una situación límite, de emergencia social, que nos convoca a dar una respuesta colectiva y masiva de la clase trabajadora, la ciudadanía y los pueblos". Así arranca el manifiesto de las Marchas de la Dignidad, que claman contra un contexto aciago para la mayoría social española a la que conminan a gritar con una sola voz. 

A prin­ci­pios del pa­sa­do mes de marzo cien­tos de per­so­nas de dis­tin­tos pue­blos y ciu­da­des de la pe­ri­fe­ria es­pa­ño­la co­men­za­ron a ca­mi­nar en di­rec­ción a Ma­drid. Pa­ra­dos, ju­bi­la­dos, es­tu­dian­tes, gente que hizo coin­ci­dir sus va­ca­cio­nes con los días pre­vios al 22 de marzo, ini­cia­ron una serie de pe­re­gri­na­cio­nes si­mul­tá­neas que iban jun­tán­do­se y su­mán­do­se unas a otras a me­di­da que se iban en­con­tran­do en el tra­yec­to. La meta era el ci­ta­do día 22 en la ca­pi­tal, pero la as­pi­ra­ción co­lec­ti­va era que ese día mu­ta­se en línea de sa­li­da hacia la con­se­cu­ción de un ob­je­ti­vo: la dig­ni­dad, arre­ba­ta­da por la co­rrup­ción y las po­lí­ti­cas an­ti­so­cia­les de aus­te­ri­dad. Para ello, cua­tro pre­mi­sas de par­ti­da: "no al pago de la deuda;  ni un re­cor­te más; fuera los go­bier­nos de la Troi­ka; pan, tra­ba­jo y techo para todos y todas".

Ra­zo­nes mi­cro­eco­nó­mi­cas

Las men­tes que fun­cio­nan en tér­mi­nos ma­cro­eco­nó­mi­cos quizá se rían de las as­pi­ra­cio­nes inocen­tes de los par­ti­ci­pan­tes en las Mar­chas de la Dig­ni­dad. ¡No se puede ser tan naíf! Las deu­das se pagan; tras la plea­mar del des­pil­fa­rro llega la ba­ja­mar, que sí, es la que ahoga con sus re­cor­tes y la aus­te­ri­dad re­que­ri­da; la glo­ba­li­za­ción es un pro­ce­so so­cio­eco­nó­mi­co ineluc­ta­ble y la Troi­ka es un es­ta­dio ini­cial del mismo; pan, techo y tra­ba­jo como ele­men­tos con los que por­qué no co­mer­ciar y es­pe­cu­lar…

Ahora bien, en tér­mi­nos mi­cro­eco­nó­mi­cos, do­més­ti­cos, de calle, de co­me­dor so­cial, que se lo ex­pli­quen, por ejem­plo, a Cris­ti­na. Ella es una mujer de edad avan­za­da, ve­ci­na del ma­dri­le­ño ba­rrio de Ca­ra­ban­chel que el 22 de marzo ob­ser­va­ba sen­ta­da en una pa­ra­da de bus a los ma­ni­fes­tan­tes ve­ni­dos de toda Es­pa­ña. Cris­ti­na, en lugar de ca­mi­nar con el gen­tío, par­ti­ci­pa­ba sen­ta­da por pro­ble­mas de salud: "tengo que en­chu­far a la co­rrien­te eléc­tri­ca un mas­ca­ri­lla para el oxí­geno. Si la co­nec­to las horas que me man­dan, que son 16, en­ton­ces no puedo comer, por­que tengo que pagar un re­ci­bo de luz tan alto que no me llega, y por eso no puedo hacer las tres co­mi­das", la­men­ta­ba mien­tras veía pasar la ma­ni­fes­ta­ción. "No por­que sea­mos vie­jas somos ton­tas", decía con dig­ni­dad. "¿Sabes por qué en Es­pa­ña es­ta­mos tan mal?", pre­gun­ta­ba y res­pon­día en se­gui­da: "por­que te­ne­mos mu­chos la­dro­nes. Están en la cár­cel unos pocos pero los tie­nen que meter a todos, se han lle­va­do el di­ne­ro y nos han de­ja­do sin nada. Pero igual que te lo digo yo, te lo dice todo el mundo". Esa es la razón de la opo­si­ción al pago de la deuda y los re­cor­tes. Ese di­ne­ro que ahora se está re­cor­tan­do y que hay que de­vol­ver no lo ha des­pil­fa­rra­do Cris­ti­na, lo ha di­la­pi­da­do la misma casta po­lí­ti­co-eco­nó­mi­ca que im­po­ne esas re­ce­tas de ca­res­tía, la que está su­mien­do a Gre­cia en la mi­se­ria, y Es­pa­ña va de­trás.

En re­fe­ren­cia a los que lle­va­ban días ca­mi­nan­do lle­van­do este men­sa­je por las tie­rras de Es­pa­ña –las gran­des, las solas de­sier­tas lla­nu­ras del ga­lo­pe de Al­ber­ti-, Cris­ti­na dijo algo sub­ra­ya­ble: "no piden para ellos solos, piden para el pue­blo". Efec­ti­va­men­te, los que ca­mi­na­ron du­ran­te días desde Ali­can­te, Mur­cia, Se­vi­lla, Ex­tre­ma­du­ra, Ara­gón y Ca­ta­lu­ña, desde el País Vasco y las dis­tin­tas re­gio­nes de la cor­ni­sa can­tá­bri­ca, desde todas par­tes de Es­pa­ña, por todos los si­tios que pi­sa­ban ha­cían suyas las reivin­di­ca­cio­nes lo­ca­les. En Cas­ti­lla-La Man­cha, la co­lum­na de ca­mi­nan­tes pro­ce­den­te del li­to­ral me­di­te­rrá­neo ab­sor­bió a va­rios ac­ti­vis­tas lo­ca­les con­tra el fra­cking pla­ni­fi­ca­do en las tie­rras del Qui­jo­te.

Todas las ma­reas se fun­den en una

Pero ésta del fra­cking era tan solo una de las lu­chas lo­ca­les que con­for­ma­ban las mar­chas. Tam­bién po­dían en­con­trar­se en el re­co­rri­do los tra­ba­ja­do­res de las minas de As­tu­rias y León, jor­na­le­ros de los cam­pos de An­da­lu­cía y Ex­tre­ma­du­ra, la Marea Blan­ca del per­so­nal sa­ni­ta­rio y la Verde de los do­cen­tes, los lu­cha­do­res por la dig­ni­dad del sec­tor de la dis­ca­pa­ci­dad, los ac­ti­vis­tas de la Pla­ta­for­ma de Afec­ta­dos por la Hi­po­te­ca (PAH), que al­truis­ta­men­te tra­tan de evi­tar que gente sin re­cur­sos se quede en la calle y hasta la Marea Gra­na­te de los exi­lia­dos eco­nó­mi­cos, de los jó­ve­nes que bus­can en otros paí­ses un fu­tu­ro que se les niega en Es­pa­ña. Todos estos co­lec­ti­vos y mu­chos más con­for­ma­ron el pa­sa­do marzo una de las ma­ni­fes­ta­cio­nes más mul­ti­tu­di­na­rias de los úl­ti­mos tiem­pos. Se habla de la asis­ten­cia de 2 mi­llo­nes de per­so­nas (fren­te a la in­ve­ro­sí­mil cifra de 50.000 dada por las au­to­ri­da­des). Va­rios ac­ti­vis­tas pul­sa­dos ese día co­men­ta­ban que el even­to del 22M era un se­gun­do paso que ha te­ni­do la misma mag­ni­tud  que el pri­me­ro: el 15M y las pla­zas es­pa­ño­las to­ma­das tres años antes al grito de De­mo­cra­cia Real Ya.

El día 22 por la noche, al con­cluir la ma­ni­fes­ta­ción con­jun­ta, hubo en­fren­ta­mien­tos entre la Po­li­cía y un grupo de ma­ni­fes­tan­tes, he­chos apro­ve­cha­dos por la casta di­ri­gen­te para cri­mi­na­li­zar las pro­tes­tas impu­tan­do a cien­tos de miles el com­por­ta­mien­to van­dá­li­co de no más de un cen­te­nar. Unos 25 de­te­ni­dos entre cien­tos de miles de ma­ni­fes­tan­tes y 65 he­ri­dos entre po­li­cías y ac­ti­vis­tas tras unos dis­tur­bios en­vuel­tos en una pos­te­rior con­tro­ver­sia por el irre­gu­lar oper­ti­vo po­li­cial. Sin em­bar­go, y a pesar de ello, el pri­mer paso de la ad­mi­nis­tra­ción fue el de anun­ciar des­pro­por­cio­na­das san­cio­nes pe­cu­nia­rias con­tra los or­ga­ni­za­do­res del even­to. Tiren pie­dras o no, todos son an­ti­sis­te­ma y me­re­cen ser re­pri­mi­dos.

Pero la lucha por la con­quis­ta (o re­con­quis­ta en este caso) de de­re­chos bá­si­cos se ve es­po­lea­da por cual­quier forma de re­pre­sión y cen­su­ra. Ar­ca­dio, ac­ti­vis­ta mur­ciano, lo ar­ti­cu­ló de este modo: "en una pro­tes­ta en un banco, una se­ño­ra me re­cri­mi­nó que los que pro­tes­tá­ba­mos allí des­pués éra­mos los mis­mos que que­má­ba­mos con­te­ne­do­res. Yo le dije que tenía un pro­ble­ma de con­cien­cia, ya que le preo­cu­pa­ba más ver fuego en un con­te­ne­dor que a al­guien bus­can­do co­mi­da en él". Los Def Con Dos can­ta­ban con sa­tí­ri­ca amar­gu­ra que "es pre­fe­ri­ble la in­jus­ti­cia al des­or­den". ¿Lo es?

Todos los con­te­ni­dos fue­ron re­co­gi­dos por el colectivo Periodistas 22M, al que per­te­ne­ce el autor del re­por­ta­je.