Los refugiados de Atenas: Un viaje sin retorno

Artículo publicado el 27 de Mayo de 2015
Artículo publicado el 27 de Mayo de 2015

Llegados desde el África subsahariana y de Oriente Medio, los migrantes arriesgan sus vidas en el Mediterráneo para escapar de las guerras que devastan sus países. Una vez llegados al territorio griego, deberán enfrentarse a otros problemas.

[Reportaje]

Chouhan, un joven sirio de 27 años que vive en Atenas desde hace 8, forma parte de aquellas personas que han tenido suerte. En su apartamento, en un barrio popular de Atenas, alberga desde hace 3 meses a una parte de su familia:  Bakira, su madre, Amin, su padre, Susu, su hermana y Shehmoos, un amigo, recién llegados de Alepo. Como muchos de los refugiados sirios, han desafiado el peligro y han huido del caos que reina en en su país desde 2011, entre la guerra civil y la expansión del Estado Islámico (EI).

Isis, Bashar y las joyas de familia

Pero no todos han encontrado la felicidad al reunirse de nuevo. Sentado a un lado, sobre un tapete persa cerca de la ventana, Youssef, de 24 años, tiene la mirada fija. Desembarcó el pasado 14 de abril en Grecia en una de las recientes oleadas migratorias. Pero antes de llegar sano y salvo al puerto de Pireo, y de ser hospedado por su vecino, este joven sirio ha vivido un verdadero calvario.

"Contaré mi historia desde el comienzo", susurra en inglés con los ojos húmedos. Dos meses antes, cuando Youssef supo que su padre fue detenido y luego asesinado por el EI, no tuvo ninguna duda. Era necesario huir de Siria y llegar en Europa. En realidad, su madre, que todavía se encuentra en Siria, le decía que tenía que marcharse, no quería imaginar a su hijo haciendo el servicio militar obligatorio. Tras dejar el ejército de Bashar Al Assad y convertirse en desertor, Youssef dejó a pie Afrin, su pequeña ciudad kurda situada no muy lejos de Alepo, para llegar a la frontera turca. Un viaje de una semana en un camión, junto con algunos pakistaníes hasta Esmirna, en Turquía. "Las condiciones eran atroces, estábamos todos pegados los unos a los otros", narra el joven.

Vendiendo las joyas de familia, Youssef consiguió 1.000 dólares, el precio exacto para poder embarcarse desde el puerto de Esmirna al Pireo. "La embarcación estaba llena, a punto de estallar, éramos en 32 a bordo, entre ellos 3 mujeres y 6 niños. Corrimos el riesgo de hundirnos porque en un momento dado entró agua", narra Youssef conmocionado. Después de 45 minutos de viaje y tras haber llegado a la isla de Lesbos, el joven fue internado en un centro de detención durante días. Después de horas de interrogatorio en la comisaría, la policía griega le dio un máximo de 6 meses para dejar Grecia.

Cuando las personas no creen en Zeus

Como Youssef, son miles las personas que han atravesado el mar. Según ACNUR, desde el primero de enero de 2015, más de 36.390 migrantes han llegado a las costas europeas. En 2014 se ha registrado un índice récord respecto a 2013 con 219.000 travesías. En Grecia, por culpa del sistema de acogida los migrantes no reciben ayudas y están practicamente solos desde el momento de su llegada. Aquellos que tienen un poco de dinero pueden pagar una habitación de hotel pero aquellos que no tienen nada vagan por las calles, plazas o duermen amontonados, entre ellos se encuentran mujeres y niños.

Para la mayor parte de los migrantes Grecia es un país transitorio. ¿El objetivo final? Llegar a  Alemania o Suecia. Youssef, por el contrario, quiere ir a Italia por medio de una embarcación para luego llegar a Suiza. Un gran desafío vista la situación que incluye peligros y obstáculos legislativos. A partir del momento en el que los migrantes piden asilo, el reglamento europeo "Dublín II" prevé enviarlos sistemáticamente al país del espacio Schengen al que llegaron por primera vez. Para Youssef y los demás, esto quiere decir permanecer bloqueados en Grecia.

Al formar parte de los países que se enfrentan a este problema, el Gobierno griego requiere la ayuda de fondos europeos y pretende poner a disposición los centros de acogida además de comprometerse a cerrar los centros de detención en menos de 100 días, mientras que la política flexible de Syriza hacia los migrantes alienta el flujo de inmigración. Con la temporada turística que se acerca, algunos alcaldes de las islas tienen miedo de la imagen que se pueda mostrar. "Imagínense los turistas que están bebiendo un café mientras que un barco de migrantes descarga", dijo el alcalde de la isla de Cos durante un debate televisivo.

Estas declaraciones se hacen eco del fracaso de la política migratoria del país. El anterior gobierno de derechas, dirigido por Antonis Samaras, quería que las condiciones de los detenidos en los centros fueran tan deplorables que disuadieran a los migrantes a emprener el viaje. En aquel momento, el Estado había lanzado una amplia operación de caza a los ilegales irónicamente bautizada como 'Xenios Zeus' (el Dios de la hospitalidad). En Amygdaleza, Un campo construido en 2012 en los alrededores de Atenas donde vivían refugiados, migrantes, adultos y niños detenidos, se registraron incluso algunos casos de tortura. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos condenó a Grecia a pagar 1,5 millones de euros de multa a causa de estas condiciones de detención.

"La inmigración está cambiando"

Ahmed Moavia, presidente del Foro griego de migrantes y encargado de la mediación con el Gobierno griego y con otras asociaciones, confirma la urgencia de la situación. "Hay que corregir los errores del pasado", dice Ahmed, que denuncia la incapacidad de la Unión Europea para encontrar una solución adecuada al problema. "La Unión Europea debe aplicar las iniciativas diplomáticas y transmitir valores democráticos en Siria, Libia y en Iraq. La inmigración está cambiando y a raíz de las guerras que hacen estragos en África y en Oriente Medio, la mayoría de los migrantes y refugiados hoy en día son mujeres y niños. Antes eran sobre todo hombres que mandaban dinero a su familia", enfatiza Moavia.

En otro apartamento, cedido amablemente por un amigo, vive Latchi, un joven de 13 años que llegó a Grecia con su familia hace 2. Como muchos adolescentes, ha afrontado cosas duras pero su vida estará para siempre marcada por la guerra. Latchi no tiene noticias de sus amigos sirios y no ha puesto pie en la escuela después de su llegada a Europa. Aprende el griego gracias a la televisión. En este momento, sus dos hermanos de 14 y 16 años echan una mano en el mercado para ganar los pocos euros que les permiten comprar alimentos para llevar a casa. Para cubrir sus necesidades de vez en cuando, Ahmad, el hermano del padre que vive en Dinamarca, les envía dinero. Ellos quieren acabar en un lugar juntos pero por el momento la familia está bloqueada en Grecia y su salvación está sometida a una solución que se hace de rogar. 

Las informaciones fueron recogidas por Chloé Emmanouilidis, en Atenas.