Los reyes están más pendientes del pueblo que los políticos

Artículo publicado el 1 de Mayo de 2006
Artículo publicado el 1 de Mayo de 2006

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Stéphane Bern, periodista francés especialista en casas reales nos explica las razones de la popularidad y longevidad de la institución de la monarquía. Una gran lección de política.

Redactor jefe adjunto en Madame Figaro, cronista en France Inter y presentador de televisión, Stéphane Bern se define a sí mismo como “Tintín reportero real”.

¿Por qué la monarquía no pasa de moda?

Los paises de Europa que han conservado esa institución muestran un interés especial en mantenerla, porque la monarquía ha sabido evolucionar y adaptarse a su tiempo, mucho más que el resto de instituciones políticas -como el Senado- que han permanecido ancladas en el pasado. Además, las cortes reales han sufrido un proceso de rejuvenecimiento y renovación con la democratización de sus nuevas generaciones, aunque sólo sea por los enlaces de los herederos a la corona con las llamadas “plebeyas reales”. Se trata de una forma de reactivar el mito de la cenicienta, un cuento de hadas en estado puro. Además, a ello hay que añadir una evolución de los hábitos sociales y así, por ejemplo, nos encontramos con casos como el de Noruega, con una Mette-Marit, entonces madre soltera, que consiguió casarse con el príncipe Haakkon, futuro rey de aquel país. Ese hecho tuvo más repercusión social que el conjunto de leyes que, en materia de igualdad de género, pudiera ser votado en el Parlamento.

Estas bodas reales, ¿no ponen en peligro la supervivencia de la monarquía al hacerla bajar de su pedestal?

¡Desde hace mil años se viene hablando de esa supuesta crisis de la monarquía! En realidad, tenemos una imagen deformada y desfasada de una institución que sólo sucumbe cuando se muestra incapaz de escuchar lo que el pueblo reclama y las aspiraciones profundas de su país.

La aludida evolución en los hábitos sociales, ¿es idéntica en países como Inglaterra, donde una divorciada Camilla Parker-Bowles logró finalmente casarse con quien había sido su amante durante treinta y cuatro años?

De hecho, esa situación es aún más evidente en Gran Bretaña. La monarquía allí es más receptiva al cambio de mentalidad de los ingleses que el propio jefe del gobierno, Tony Blair. La reina de Inglaterra, por ejemplo, decidió recortar el tren de vida que llevaba, se retiró de Kengsinton Palace, que fue transformado en museo, y empezó a pagar sus impuestos, como el resto de los ciudadanos. Llegó incluso a reducir la llamada Queen Flot, esto es, los aviones puestos a su disposición que los ministros del gobierno británico utilizan por otro lado a modo de taxi. Paradójicamente, mientras la monarquía se ha vuelto más reservada y modesta, numerosas publicaciones vienen denunciando el tren de vida que llevan los Blair, así como sus aires de grandeza. En realidad, los reyes hacen más por escuchar al pueblo que la clase política.

¿Significa esto que los europeos se están volviendo monárquicos?

No. En realidad, nos hallamos ante dos sentimientos diferentes. Cuando se toca a la monarquía, se hace desde la irracionalidad y los trasfondos del imaginario colectivo y así, en Bélgica, una parte de los adversarios del rey le atacan precisamente porque es el único pilar resistente de un país unido. Los separatistas flamencos pretenden acabar con esa idea de unidad, lo cual, a su vez, muestra la importancia de la monarquía. Lo que no tiene ningún sentido es afirmar constantemente que no sirve de nada ver lo que hace la familia real y al mismo tiempo atacarla. Lo mismo sucede con los españoles que más que monárquicos son “juancarlistas”. Durante uno de los viajes a Francia del rey de España, se pudo constatar su nivel de popularidad. ¿Qué político en el mundo puede hoy en día presumir, tras treinta años de reinado, de semejante popularidad? En cuanto a los franceses, aún conservan la figura de su príncipe, aunque siempre en el extranjero.

¿Qué piensa Vd. de la implicación de los miembros de las casas reales en causas humanitarias?

¡Eso es algo esencial! Es la única razón que de verdad justifica el mantenimiento de la monarquía, al margen del aspecto puramente político. Fíjese, por ejemplo, en la reina Doña Sofía, que visitó en Arabia Saudí o en África a niños enfermos, y que siempre está al lado de los que sufren. Del mismo modo, Silvia de Suecia defiende de forma permanente los derechos del menor apoyando, por ejemplo, la aprobación en la ONU de una Carta de Derechos del Niño. En este sentido, las princesas dedican gran parte de su tiempo a visitar orfanatos, hospitales, guarderías o residencias de ancianos, situándose en primera línea a la hora de escuchar a su pueblo y sobre todo, tratar de comprender sus necesidades, con iniciativas como las del Príncipe Carlos de Inglaterra que, con su “Prince’s Trust” (www.princes-trust.org.uk), muestran lo que se puede llegar a hacer por la resinserción laboral de los jóvenes desempleados. Los políticos, en cambio, no tienen contacto con los ciudadanos, a no ser para pedirles algo a cambio, como la obtención de un triunfo electoral.