Los señores del juego

Artículo publicado el 29 de Enero de 2007
Artículo publicado el 29 de Enero de 2007
El sector de los juegos de apuestas en internet no para de desarrollarse en Europa. Más de 2.000 páginas web y más de 10 millones de apostantes pueblan la red, suscitando celos y codicias en medio de todo un embrollo jurídico.

Aurelio, de 23 años, estudiante de Historia, sonríe. Como cada fin de semana, apuesta en las quinielas europeas de fútbol propuestas por la web austriaca Bwin. “Pronostiqué una victoria del Inter de Milán contra el Torino, y también que el Real Madrid ganaría contra el Zaragoza. Aposté 10 euros y he ganado más del doble”, nos explica. Después de haber abierto una cuenta hace un año, Aurelio juega cada vez con más frecuencia “porque gano más veces de las que pierdo”. Él forma parte de esta comunidad de jugadores en línea que no cesa de crecer en Europa.

Según un informe de 2003 de la Comisión Europea, los ingresos netos de la industria de apuestas en la Unión Europea se estimaban en 8.926 millones de euros. Los analistas de Meryll Linch estiman que estas ganancias brutas provenientes de las apuestas deportivas pueden elevarse a 150.000 millones de dólares hacia el año 2015. Con un incremento de un 30% en el número de jugadores durante 2006, el sector tiene motivos más que suficientes para frotarse las manos.

Un embrollo jurídico

Los principales sitios de apuestas como Unibets, Betclic, Gamebookers o Sportingbet proponen a los iniciados jugar al póker o al casino, entre otras opciones, pero sobre todo apostar sobre miles de acontecimientos deportivos que se desarrollan cada día a lo largo y ancho del planeta: ya sea sobre el Open de Australia de Tenis o sobre una pachanga entre dos ilustres desconocidos… La fuerza de estas webs es acercar a los apostantes una oferta en cualquier momento del día. Un funcionamiento sencillo y, para qué negarlo, muy discreto.

Si bien es cierto que disponen de licencias reconocidas por la Comisión Europea, estos sitios web continúan estando prohibidos en ciertos países de la UE, como Francia, Dinamarca, Finlandia, Alemania, Hungría, Holanda y Suecia. ¿El por qué? Los monopolios públicos. En Francia, por ejemplo, la Française des Jeux y el Pari Mutuel Urbain (PMU) son dos entidades que ostentan, desde su creación, el monopolio sobre los juegos de azar y las apuestas deportivas. En cuanto a los casinos, éstos deben disponer de una licencia especial.

“Sin embargo, la llegada de la red de redes ha permitido a los corredores de apuestas europeos amparados por una legislación más laxa gestionar apuestas en otros países sometidos a un monopolio público”, subraya Thibault Verbiest, un abogado que trabaja entre París y Bruselas, especializado en derecho de internet. La artimaña de los recién llegados consiste en instalarse en los países con las legislaciones más tolerantes y proponer sus servicios vía internet, utilizando la lengua del país. Una astucia ésta que ha hecho saltar un buen número de discrepancias.

Los operadores históricos no han tardado en quejarse de la promoción tan llamativa de estos competidores virtuales, los cuales, a su vez, han replicado de inmediato, invocando la libertad de circulación de servicios garantizada por el Tratado de Roma en su artículo 49. La directiva de Servicios “Bolkestein” aplicó hace poco una liberalización fomentada desde la Comisión Barroso.

En 2003, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictaba un fallo importante, el dictamen Gambelli, por el cual la jurisprudencia es cuestionada hoy por los poseedores de monopolios y los recién llegados a sectores de la red de redes. Según esta decisión, los Estados no pueden poner restricciones al principio de libre circulación de servicios, “a no ser que se justifique un atentado al orden público (mafia o crimen organizado, por ejemplo) o al consumidor (como los riesgos de adicción). En enero de 2004, la Comisión preveía llegar a una armonización rápida del sector que durara hasta 2010. En vano.

Cansada de este enredo jurídico, Francia acusó en septiembre del año pasado a la sociedad Bwin por “tenencia ilícita de juegos de azar, lotería ilegal, publicidad de loterías prohibidas y toma de apuestas ilícita sobre carreras de caballos”.

¿El 2007, año de una legislación?

No obstante, esta resistencia de los monopolios corre peligro de ser infructuosa. La asociación European Betting (EBA), que representa a todos los grandes operadores europeos autorizados de juegos en línea, dirigió hace poco a los países proteccionistas una carta proponiendo una “apertura del mercado a la competencia razonable y no discriminatoria, bajo la tutela de una autoridad independiente alrededor de los operadores europeos, respetando y poniendo en marcha las reglas fijadas para prohibir el acceso de los juegos a los menores, prevenir la dependencia y luchar contra el blanqueo de dinero”.

Se trata de una proposición susceptible de sentar las bases de una legislación a escala europea. La EBA pone el acento sobre el hecho que “los servicios de competencia deberían basarse sobre el principio de que un operador con permiso en un país pueda abastecer, sin obstáculos, las mismas ofertas de servicio a clientes de todos los países de la UE”. Una forma de regular los sitios de apuestas ilegales, quizá. Según un estudio del gabinete de auditoría francesa Lexsi, "en la actualidad, el 75% de la actividad de los juegos de dinero en línea en Francia y en Europa es ilegal". Esta comprobación tiene por lo menos el mérito de poner a todo el mundo de acuerdo.

Bwin entra en juego

El sitio de apuestas en internet Bwin es una sociedad austríaca creada en 1997 por Manfred Bodner, de 43 años, y Norbert Teufelberger, de 41 años. Con cotización en la Bolsa de Viena desde marzo de 2000, Bwin reivindica su posición de líder mundial de empresas virtuales de apuestas deportivas. Cada día, propone a sus iniciados cerca de 5.000 apuestas en 37 disciplinas diferentes, generando unas cifras de negocios que rondaron los 150 millones de euros en 2005. Lo que da muestra de que Bwin y sus 2 millones de jugadores están en buena forma.

Dicho esto, esta sociedad no ha caído bien en ciertos países de la Unión Europea. De hecho, se encuentra hoy en medio de una zapatiesta jurídica cuya resolución podría ser interesante para el futuro del sector. En Alemania -su primer mercado- perdió su licencia de explotación en 2006, debido a una decisión que invocaba la ausencia de respeto al monopolio de Estado alemán. Un mes más tarde, los dirigentes fueron examinados por una queja de Francia por infracción a la legisalción sobre el juego. En los dos casos, Bwin decidió defenderse invocando los tratados europeos: “Estamos convencidos de que nuestra actividad se realiza conforme al derecho europeo y pensamos utilizar todos los procedimientos jurídicos para hacerlo valer", avisan sus dirigentes.

Hoy en día, cada vez más países liberalizan el sector de las apuestas virtuales: Inglaterra, Malta, Bélgica, Austria, y desde hace poco Italia, permiten a sus residentes apostar con Bwin de manera legal. Estas divergencias en el seno de la UE todavía se alargarán durante bastantes meses. En lo sucesivo, habrá que tener en cuenta el sentido de la responsabilidad: la del jugador que toma el riesgo, por ejemplo, si reside en Francia, de perder las sumas invertidas, y la de Bwin, en este caso, de precisar en sus reglamentos que “la sociedad no tiene ningún deber de explicación, de advertencia, o de aclaración". Y es que quien con fuego juega…