Los "suicidios" políticos más famosos de Europa

Artículo publicado el 21 de Noviembre de 2016
Artículo publicado el 21 de Noviembre de 2016

En Francia, el libro sobre el presidente François Hollande ha conmocionado tanto a seguidores como a detractores. Por increíble que pueda parecer, su delirio kamikaze no es único en su especie en el Viejo Continente. Aquí os dejamos un pequeño compendio de los últimos suicidios políticos más significativos en Europa. 

El último libro

En Francia se le conoce como "El libro". Desde hace un mes, las confesiones de François Hollande tituladas Un presidente no debería decir eso electriza al país fagocitando absolutamente todas las declaraciones de los responsables políticos. A lo largo de casi 700 páginas, el presidente francés habla abiertamente de su quinquenio con una franqueza que dejaría en ridículo al mismísimo Donald Trump. Sacados a veces de contexto, los fragmentos o frases elegidos por la prensa no tienen desperdicio. ¿Los refugiados? "Hay demasiada immigración". ¿Los magistrados? "Unos cobardes". ¿Los futbolistas? "Chavales mal educados". Lo que tenía que ser un acto para hacer balance de cinco años difíciles, se ha transformado repentinamente en un harakiri del jefe del Estado. En los sondeos, François Hollande ha pegado un bajón y sólo alcanza un 14% de opiniones positivas. La última encuesta señala que solo el 4% de los franceses están satisfechos con su gestión. Incluso sus incondicionales le han dado la espalda. Sus "amigos", que se sienten "traicionados", han declarado que "todo está en el título". El presidente francés tiene que pronunciarse aún sobre si tiene intención de participar en las primarias socialistas del próximo enero y, por tanto, si visualiza convertirse de nuevo en candidato presidencial. A estas alturas, nadie se lo cree ya. 

Marcarse un BILD

Sólo hizo falta un minuto para enviar un mensaje de voz lleno de una larga serie de acusaciones que acabarían finalmente con el presidente de Alemania. Todo empieza cuando el presidente intentó ponerse en contacto telefónico con el redactor jefe del periódico más popular del país, el BILD, pero no lo consiguió. Por eso, decidió dejar un mensaje en el que explicaba duramente que si el periódico publicaba "ese artículo sobre él", se ocuparía personalmente y provocaría "una guerra". Solo hicieron falta unas horas para que el mensaje apareciese en los principales medios de comunicación y solo unas semanas para que un artículo revelase que el presidente de Alemania había dimitido.

Todo le iba sobre ruedas. A lo largo de su vida, Christian Wulff fue ascendiendo tranquilamente en la escala social y política y hasta llegó a ser dos veces ministro de la Baja Sajonia. Wulff vivía bien, se aprovechaba de su cargo y disfrutaba de vacaciones de lujo pagadas por sus amigos ricachones. Uno de estos le ayudó a pagar su mansión concediéndole un crédito que desafiaría a cualquier estadística. El crédito tenía un interés tan bajo que llamó la atención de los medios, sobre todo del BILD, que empezó a investigar y acabó encontrando elementos muy comprometedores. Wulff, que era muy consciente de ello, intentó impedir (teléfono en mano) la publicación de esos datos reveladores. Un minuto de cólera que le haría perderlo todo. 

ETA y sólo ETA 

11 de marzo del 2004. España es testigo de una de las peores tragedias de su historia: 191 personas pierden la vida en los atentados perpetrados por Al Qaeda en cuatro trenes de cercanías en Madrid. El domingo siguiente, el país celebra elecciones generales. En un ambiente de luto y duelo nacional, todo parece indicar que los electores volverán a dar la victoria al Partido Popular (PP), con Mariano Rajoy a la cabeza. Sin embargo, es una buena parte de la derecha española la que se busca su propia ruina al empeñarse en afirmar que el atentado no ha sido obra de Al Qaeda sino de ETA, el grupo armado independentista vasco. Su convencimiento es tal que hasta la televisión pública elimina una película de su programación para difundir, en su lugar, un documental sobre ETA. Sólo cuando el grupo armado se desvincula de la autoría de los atentados, la investigación no tiene más remedio que centrarse en la pista islámica. Una manera de afrontar la tragedia muy fea por parte del PP, pero en la que muchísima gente sabe que había un claro interés político y electoralista: ¿por qué mentir sobre un drama tan cruento? El electorado no se lo perdonó y el PSOE de Zapatero ganó las elecciones con 5 puntos de ventaja.

La táctica también se paga

En política, la táctica se paga cara. Y en Polonia, al contado. Cuando Grzegorz Schetyna, miembro de Plataforma Cívica [principal partido de centroderecha de Polonia, Ed], declara en una entrevista que su partido piensa dar un giro a la derecha, se olvida de una cosa. Ya existe un partido que ocupa totalmente el espacio ultraconservador del tablero político polaco. Se trata del PiS (Ley y Justicia), que no solo fue cobrando cada vez más protagonismo a lo largo de la campaña de las elecciones generales de octubre del 2015, sino que contaba también con una sólida base de electores. Nadie siguió la táctica de Schetyna, cuya reserva de votos se esparce entre todas las formaciones políticas nuevas: Nowoczesna ("Moderno", de corte liberal) y Razem ("Juntos", socialdemócrata). Finalmente, Plataforma Cívica (PO) perdió 29 senadores y 64 diputados en las elecciones parlamentarias de octubre del año pasado en favor del PiS. Aunque, sin rencores, claro. Grzegorz Schetyna fue elegido presidente del PO a principios del año 2016.

Tres hombres y tres funerales

En el Reino Unido, el suicidio político se parece a su famoso humor negro: difícil de captar al principio, pero gracioso al final. Es una especialidad británica, así que el ex primer ministro David Cameron no iba a ser menos y también se pegó un tiro en la pierna organizando un referéndum para que los británicos decidieran permanecer o no en la UE. El resultado es ya conocido por todos y, sin embargo, los créditos del Brexit, donde aparecen Boris Johnson, Theresa MayNigel Farage, todavía nos siguen haciendo reír.

En otro tiempo, Tony Blair consiguió lo imposible: suicidarse a título póstumo. Durante su mandato se acuñó el término "Cool Britannia" para describir la cultura contemporánea del Reino Unido y del primer ministro laborista que se encargó de llevar a su partido hacia la derecha y a su nación... hacia la guerra de Irak. El resultado ya se sabe y, hoy en día, que te llamen "Blairite" se ha convertido en sinónimo, políticamente hablando, de acabado.

Por último, Nick Clegg. El ascenso político en 2010 del jefe de los liberaldemócratas se debe al voto de los jóvenes que le permiten formar una coalición con Cameron. Inmediatamente después, firma con otros 1000 miembros del Partido Liberaldemócrata y del Partido Laborista una promesa escrita según la cual los gastos en educación no aumentarán. Una vez elegido, Clegg cambia de chaqueta y vota a favor del aumento de esos gastos. Una lamentable traición que le costará 30 puntos en los sondeos de 2011 y el puesto de líder de los liberaldemócratas en el año 2015.

Marino de agua dulce

No hay que remontarse muy atrás en el tiempo si queremos hablar de suicidio político en Italia. Sólo hay que echar un vistazo a la Administracion Pública de Roma durante los últimos 36 meses y enumerar las locuras del exalcalde de la capital, Ignazio Marino. Primero su look, que se parece más a un turista en bermudas que al primer residente del Campidoglio [lugar donde se encuentra el Ayuntamiento de Roma, Ed]. Después, vino el verdadero suicidio. Debilitado por acusaciones de corrupción relacionadas con cenas o regalos pagados con dinero público [el llamado caso "Dinergate", Ed], Marino dejó marinar bien el problema n°1 de la Ciudad Eterna: el escándalo "Mafia Capital", una extensa red criminal y mafiosa en Roma que llegó a infiltrarse en el ayuntamiento y a controlar la gestión de las licitaciones públicas. Interrogado sobre el asunto, el interesado respondió: "No sabía nada". ¿El problema? Su ignorancia, puesto que Ignazio Marino no sabía realmente nada de nada del asunto que sacudiría el país durante años. Es la primera vez que en Italia se critica a un cargo electo por no estar (del todo) implicado en un escándalo político.

La ingenuidad del alcalde de Roma traspasa incluso las fronteras. En 2015, durante un viaje a Filadelfia, fanfarroneó diciendo que el entorno del Papa le invitó personalmente a visitar la ciudad de la costa este de Estados Unidos. Pero no, no era cierto. Tan falso como que el Papa Francisco en persona diría públicamente: "Nunca he invitado al alcalde Marino, ¿queda claro?". La humillación para Ignazio Marino no pudo ser mayor, por lo que terminó dimitiendo, aunque 17 días después cambiara de opinión [En Italia, un alcalde que dimite puede revocar su decisión en el plazo de 30 días, Ed]. Ignazio, demasiado tarde. El partido no quería a un italiano que no conoce ni al Papa ni a la mafia.

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Gracias a Stefano Fasano, Ana Valiente, Sophie Rebmann, Phil W. Bayles y Katarzyna Piasecka.