Luchando para  que sople un aire más limpio en Cracovia

Artículo publicado el 5 de Mayo de 2014
Artículo publicado el 5 de Mayo de 2014

Cracovia, la segunda ciudad más grande de Polonia, es uno de los principales centros turísticos del país gracias a sus fascinantes iglesias, museos y cafeterías. Ahora bien, también ostenta el poco halagador reconocimiento de ser una de las ciudades con más contaminación de Europa, una situación que podría cambiar gracias a una iniciativa ciudadana que busca combatir la contaminación atmosférica.

Con el ob­je­ti­vo en mente de ver cómo es el aire con­ta­mi­na­do, mis com­pa­ñe­ros de Ca­fé­ba­bel y yo as­cen­de­mos a la cima de la co­li­na Kra­kus (Ko­piec Kra­ku­sa), una de las cua­tro co­li­nas que do­mi­nan Cra­co­via, sin res­pi­rar muy pro­fun­da­men­te. Aquí po­de­mos ver cómo, a pesar de las bajas tem­pe­ra­tu­ras y el cielo nu­bla­do, mu­chos cra­co­via­nos pre­fie­ren pasar la ma­ña­na del sá­ba­do en este lugar, lejos del cen­tro de una ciu­dad aba­rro­ta­da de tu­ris­tas, y cómo los co­rre­do­res as­cien­den la co­li­na desa­fian­do al frío con ca­mi­se­tas sin man­gas y pan­ta­lo­nes cor­tos.

En­cla­va­da en un valle y ro­dea­da de co­li­nas, la se­gun­da ciu­dad más gran­de de Po­lo­nia es tam­bién una de las ciu­da­des con más con­ta­mi­na­ción de Eu­ro­pa de­bi­do a las con­di­cio­nes cli­má­ti­cas que pre­sen­ta, como la falta de vien­to, que fa­vo­re­cen que los ni­ve­les de con­ta­mi­na­ción su­peren la norma. Co­noz­co estos datos gra­cias a Smok-Smog, una nueva app para mó­vi­les que se en­car­ga de de­ter­mi­nar la ca­li­dad del aire en Cra­co­via. Con todo, y a pesar de esta in­for­ma­ción, desde la cima de una la­de­ra de unos 200 me­tros de al­tu­ra, la nie­bla que en­vuel­ve la ciu­dad no pa­re­ce no­ci­va.

Según ase­gu­ra Kamil, es­tu­dian­te en esta ciu­dad, tanto cra­co­via­nos como ex­tran­je­ros son cons­cien­tes que el aire que res­pi­ran es per­ju­di­cial, dado que los co­le­gas de pro­fe­sión no cra­co­via­nos de la madre de Kamil, -can­tan­te de ópe­ra- siem­pre le pre­gun­tan cómo es capaz de can­tar allí si ellos sien­ten que su ca­pa­ci­dad pul­mo­nar dis­mi­nu­ye justo des­pués del se­gun­do en­sa­yo. 

Al tiem­po que Ewa me ex­pli­ca­ba que la con­ta­mi­na­ción at­mos­fé­ri­ca puede pro­vo­car gra­ves pro­ble­mas en la salud fí­si­ca y men­tal de los ciu­da­da­nos e in­clu­so in­du­cir­los al sui­ci­dio, me mos­tró unos fo­lle­tos en po­la­co re­ple­tos de grá­fi­cos y di­bu­jos, gra­cias a los que de­du­je que la con­ta­mi­na­ción tam­bién puede estar re­la­cio­na­da con nu­me­ro­sas en­fer­me­da­des, tales como el cán­cer de pul­món o los pro­ble­mas car­día­cos. Co­no­cí a Ewa Lu­toms­ka y a Magda Koz­lows­ka en una ca­fe­te­ría del cen­tro de la ciu­dad lla­ma­da In de re­vo­lu­tio­ni­bus, nom­bre apro­pia­do dado que el mo­vi­mien­to de­di­ca­do a lu­char por me­jo­rar la ca­li­dad del aire de la ciu­dad al que ambas per­te­ne­cen, Kra­kow Smog Alarm (Kra­kows­ki Alarm Smo­gowy), re­vo­lu­cio­nó la lucha a favor del aire lim­pio en Cra­co­via. Dicho mo­vi­mien­to fue crea­do en di­ciem­bre de 2010 por Ewa y dos ami­gos suyos, An­dr­zej y Ania, al que más tarde se unie­ron Magda y Jabuk, por lo que el grupo cuen­ta ahora con 5 miem­bros pro­ce­den­tes de dis­tin­tos con­tex­tos so­cia­les, de ahí que no se con­si­de­ren eco­lo­gis­tas, sino ''ciu­da­da­nos nor­ma­les y co­rrien­tes preo­cu­pa­dos por la con­ta­mi­na­ción at­mos­fé­ri­ca''. Hoy, Ewa le ha ce­di­do la mayor parte del dis­cur­so a Magda y solo la ha in­te­rrum­pi­do en un par de oca­siones; las dos pa­re­cen frá­gi­les y apa­ren­tan la mitad de su edad, pero cuan­do evo­can su causa, sus voces se hacen más fuer­tes y apa­sio­na­das. 

En di­ciem­bre de 2012 se inició en In­ter­net la ba­ta­lla por el aire lim­pio me­dian­te la crea­ción de una pá­gi­na en Fa­ce­book, a la que poco des­pués le si­guió una pe­ti­ción on­li­ne. Así fue cómo se or­ga­ni­zó la pri­me­ra ma­ni­fes­ta­ción en la que par­ti­ci­pa­ron 300 cra­co­via­nos con más­ca­ras de gas. Du­ran­te el desa­rro­llo de la misma, a nivel na­cio­nal se es­ta­ba de­ba­tien­do un pro­gra­ma ba­sa­do en cómo mejor la ca­li­dad del aire y que es­ti­pu­la­ba que se prohi­bie­ra el uso do­més­ti­co de com­bus­ti­bles só­li­dos. Mien­tras Ewa  me con­ta­ba estos acon­te­ci­mien­tos, me en­se­ño va­rios fo­lle­tos con co­lo­ri­dos grá­fi­cos que mos­tra­ban que, du­ran­te el in­vierno, la mayor parte de la con­ta­mi­na­ción pro­vie­ne de las es­tu­fas do­més­ti­cas tra­di­cio­na­les que fun­cio­nan a base de car­bón, y que solo una pe­que­ña parte se debe a los gases emi­ti­dos por el trá­fi­co y las fá­bri­cas.  De hecho, las fa­mi­lias cra­co­via­nas no solo uti­li­zan car­bón como com­bus­ti­ble para sus es­tu­fas do­més­ti­cas, sino tam­bién ba­su­ra, bo­te­llas, plás­ti­co y ''hasta pa­ña­les usa­dos'', lo que está prohi­bi­do.

MAR­CHA FÚ­NE­BRE POR EL AIRE LIM­PIO

La clase de con­ta­mi­na­ción que im­por­ta es PM10 ya que, de acuer­do con la Or­ga­ni­za­ción Mun­dial de la Salud, mien­tras que el valor lí­mi­te es de 20 μg/m3, las es­ta­cio­nes que con­tro­lan la ca­li­dad del aire de Cra­co­via miden al­re­de­dor de 60 μg/m. Es más, du­ran­te el in­vierno, la es­ta­ción de las es­tu­fas, las tem­pe­ra­tu­ras bajan hasta los -30 gra­dos cen­tí­gra­dos y la con­ta­mi­na­ción at­mos­fé­ri­ca so­bre­pa­sa los ni­ve­les per­mi­ti­dos, como ocu­rrió el in­vierno pa­sa­do, en el que el PM10 ron­da­ba los 300μg/m3.

Este mo­vi­mien­to ha sido el es­tí­mu­lo que los cra­co­via­nos ne­ce­si­ta­ban para ac­tuar ya que, de no haber sido por los ciu­da­da­nos y sus pul­mo­nes lle­nos de aire con­ta­mi­na­do, la ini­cia­ti­va del grupo para me­jo­rar la ca­li­dad del aire de la ciu­dad nunca ha­bría te­ni­do éxito. De hecho, dos cla­ros ejem­plos de la par­ti­ci­pa­ción ciu­da­da­na han sido un pro­yec­to ba­sa­do en en­viar spams con el que se con­si­guió que las au­to­ri­da­des lo­ca­les re­ci­bie­ran 2.500 en una sola noche, y la mar­cha fú­ne­bre por el aire lim­pio or­ga­ni­za­da en no­viem­bre de 2013 que reunió a 2.000 pro­tes­tan­tes ves­ti­dos de negro y con un ataúd con la que se con­si­guió que, un mes des­pués, se apro­ba­ra la ley que prohi­bía el uso do­més­ti­co de com­bus­ti­bles só­li­dos.

HORA DEL CAM­BIO

Al día si­guien­te, tomé el au­to­bús 502 hacia Nowa Huta, pro­to­ti­po de la ciu­dad so­vié­ti­ca per­fec­ta y que ahora es el ba­rrio si­tua­do más al este de Cra­co­via, donde, en un ayun­ta­mien­to si­tua­do entre va­rios blo­ques re­si­den­cia­les, las au­to­ri­da­des lo­ca­les abrie­ron un punto de in­for­ma­ción para cual­quier duda re­la­cio­na­da con el re­cam­bio de los apa­ra­tos de la ca­le­fac­ción. A pesar de que cuan­do lle­gué no había nadie ha­cien­do cola, Ewa Ols­zows­ka, di­rec­to­ra del De­par­ta­men­to de Pro­tec­ción del Medio Am­bien­te, me ase­gu­ró que re­ci­ben mu­chas lla­ma­das de­bi­do a que la gente está in­tere­sa­da en su mayor parte en cómo con­se­guir por cam­biar su ca­le­fac­ción.

No solo eso, las au­to­ri­da­des ya han des­ti­na­do fon­dos re­gio­na­les y na­cio­na­les para la eco­lo­gía y así ga­ran­ti­zar casi el 100% de los sub­si­dios para re­em­pla­zar las es­tu­fas do­més­ti­cas y de los sub­si­dios adi­cio­na­les para que las fa­mi­lias más po­bres pue­den pagar la fac­tu­ra de la luz. Estas es­tu­fas tra­di­cio­na­les deben cam­biar­se antes del 1 de sep­tiem­bre de 2018 cuan­do la prohi­bi­ción entre en vigor y, a quie­nes no lo hagan, se les mul­ta­rá y con­ce­de­rá un plazo adi­cio­nal para que cam­bien sus sis­te­mas de ca­le­fac­ción. Por des­gra­cia, la lucha no acaba aquí dado que, como me ex­pli­có Ewa, su pró­xi­mo ob­je­ti­vo es con­se­guir ale­jar las emi­sio­nes de los au­to­mó­vi­les de la ciu­dad, para lo que hay que des­viar el trá­fi­co a las au­to­pis­tas, pro­mo­ver el uso del trans­por­te pú­bli­co y el es­ta­cio­na­mien­to fuera del cen­tro de la ciu­dad y re­gu­lar los se­má­fo­ros para ase­gu­rar que la flui­dez del trá­fi­co.

Ya de vuel­ta en la ca­fe­te­ría, Ewa y Magda me con­ta­ron que su lucha no había ter­mi­na­do y que, aun­que es­ta­ban fe­li­ces por lo que ha­bían con­se­gui­do hasta el mo­men­to, no solo te­nían la in­ten­ción de estar aten­tos a cómo las au­to­ri­da­des apli­ca­ban las nue­vas me­di­das, sino que tam­bién quie­ren sen­si­bi­li­zar a otras re­gio­nes po­la­cas sobre el pro­ble­ma de la con­ta­mi­na­ción. La pre­gun­ta que de­be­mos ha­cer­nos es: ¿Y por qué no sen­si­bi­li­zar al resto de paí­ses de esta reali­dad? Kra­kow Smog Alert ya se ha con­ver­ti­do en una es­pe­cie de marca, según han afir­ma­do sus miem­bros entre risas, por lo tanto ¿por qué no ex­por­tar­la al resto del mundo?

Este re­por­ta­je forma parte de la edi­ción cra­co­via­na del pro­yec­to de EU­to­pia: Time to Vote. El pro­yec­to está co­fi­nan­cia­do por la Co­mi­sión Eu­ro­pea, el Mi­nis­te­rio de Asun­tos Ex­te­rio­res de Fran­cia, la Fun­da­ción Hip­pocrène y la Fun­da­ción de Char­les Leo­pold Mayer.