¿Ludopatía? Ahora tiene curación

Artículo publicado el 29 de Enero de 2007
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 29 de Enero de 2007

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Hay 900.000 italianos enganchados al juego patológico. La región de Friul acaba de abrir un centro especializado.

“Estaba desesperado: sin casa, sin dinero y en relaciones cada vez más difíciles con mi hijo”. Maurizio, de 52 años, habrá llegado al límite para lograr admitir que el juego de azar ya no era sólo un simple vicio, sino una verdadera droga. “Estaba pegado horas y horas a las tragaperras: hasta se me olvidaba comer”. Cuatro años atrás pidió ayuda a una de las estructuras italianas más importantes que luchan contra la adicción al juego o “ludopatía”, el Centro para ex jugadores de azar de Campoformido, en Friuli-Venecia Julia: después de una larga terapia, ha logrado volver a ser dueño de sí mismo e inciar una nueva vida. Más de 900.000 italianos siguen siendo víctimas de la trampa del juego patológico, reconocido en 1980 por la Asociación de psiquiatras americanos como una verdadera enfermedad.

Mucho azar, poca prevención

“Los afectados por dependencia al juego representan entre el 1% y el 3 % de la población adulta”, explica el psicoterapeuta Rolando De Luca, responsable del Centro friuliano, pero se estima que se trata de un número destinado a aumentar, ya que el Estado sigue multiplicando las posibilidades de jugar apostando sin invertir en la prevención. Más del 80% de los italianos resulta no ser del todo indiferente al juego: el límite entre la simple curiosidad y el desarrollo de la dependencia es breve”. En 2006, según la “Agencia periodística concursos y apuestas”, el Estado italiano ha recibido, entre juegos tradicionales y nuevos, más de 33.400 millones de euros, superando el 16% de ingresos récord de 2005, que entonces ascendió a 28.700 millones. Este mercado crece a ritmo constante desde hace por lo menos diez años y florece también en el resto de Europa.

“¿La dependencia? Es sólo un síntoma”

No es una casualidad que en Italia sigan surgiendo, bajo iniciativa privada, asociaciones o institutos anti-juegos de azar. El Centro de Campoformido le ofrece terapia a un centenar de hombres y mujeres de todas las edades y profesiones, subdivididos en grupos. Cada semana se reúnen para compartir emociones, recuerdos, experiencias. El juego de azar es el tema principal de las primeras reuniones, pero a medida que el grupo se asenta, los participantes van adquiriendo el estímulo de reconocer los verdaderos problemas que esconde la dependencia. “El juego compulsivo –explica de hecho De Luca– es sólo la punta del iceberg, el síntoma de un profundo malestar individual o familiar. Algunos jugadores son huérfanos o han sufrido abusos durante la infancia, otros se han transformado en los chivos expiatorios de las dificultades familiares. El juego los fascina porque, desde un punto de vista simbólico, superar el reto significa sobrevivir. Por eso es fundamental involucrar a los familiares en la terapia”.

Una vez que se da en el clavo con los temas sobre los cuales trabajar, las familias deben tratar de desarrollar dinámicas relacionales nuevas y más sanas. En los últimos dos años, el 5% de los participantes no ha logrado encarar sus propios traumas y ha abandonado este centro italiano después de unas pocas reuniones. Sin embargo, la mayor parte, lista para enfrentar con serenidad y responsabilidad la vida cotidiana, consigue superar la dependencia y sale de la terapia que dura, en término medio, cinco años. “Hasta el día de hoy –confirma De Luca– hemos dado de alta a treinta núcleos familiares y ninguno de estos ex jugadores ha vuelto a apostar”.