Luxemburgo: tres lenguas y una nación

Artículo publicado el 4 de Febrero de 2006
Artículo publicado el 4 de Febrero de 2006
Con un 39% de extranjeros no es fácil construir una identidad nacional, sobre todo viviendo a caballo entre Francia y Alemania. Sin embargo, a veces, un pequeño país puede dar una bonita lección de convivencia a la Unión Europea.

Encajonado entre Francia, Alemania y Bélgica, el trocito de tierra llamado Luxemburgo es conocido sobre todo como un paraíso fiscal; pero basta pasear por las calles de su homónima capital para darse cuenta de que, detrás el alto nivel de vida de sus habitantes, se esconde una nación dinámica, poliédrica y en continua búsqueda de una identidad propia.

39% de extranjeros, "si parece poco se siente"

No hay más que pensar que del medio millón de habitantes, un 39% son extranjeros. ¿Como explicar este récord absoluto en la UE? La historia del Gran ducado de Luxemburgo nos lo puede aclarar un poco. Fundado en el año 963, Luxemburgo ha estado varias veces bajo dominación francesa, prusiana, belga y holandesa, hasta lograr la independencia en 1839. En 1952, Luxemburgo se convirtió en país fundador de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, que eligió el Gran Ducado como sede oficial hasta 2002, cuando las actividades de la CECA fueron absorbidas por la Unión Europea. Hoy en día, Luxemburgo es sede de la Corte Europea de Justicia y el Tribunal de Cuentas Europeo, además de algunas oficinas de la Comisión y los servicios de traducción del Parlamento. Una dimensión europea de alto nivel que no hace sino aumentar el número de extranjeros.

Alemán, francés y… luxemburgués

¿Es posible que exista un "espíritu nacional" en un país donde los extranjeros son parte integrante de la población desde hace siglos? "La conciencia nacional de los luxemburgueses nació tras la Segunda Guerra Mundial. En 1941, los ocupantes nazis organizaron un referendo para que los luxemburgueses decidieran a qué nación pertenecerían y qué lengua materna decidirían tener: hubo que elegir entre Francia y Alemania, y el 90% de los votantes declaró querer ser luxemburgués. Resultó ser un a gran victoria de la resistencia local. Hoy en día es muy fuerte, sobre todo entre los ancianos y los habitantes de zonas rurales, y se manifiesta en el apego que sienten por la lengua luxemburguesa", nos confiesa Gerald, traductor irlandés, que vive en Luxemburgo desde hace 10 años. Y es que el luxemburgués -una lengua germánica de la rama occidental- tiene un papel central en la identidad nacional de los luxemburgueses. En 1984 una ley elevó finalmente el luxemburgués al rango de lengua oficial, instaurando así el actual trilingüismo en el Gran Ducado. La presencia de estas tres lenguas es clave en las relaciones entre los luxemburgueses "con denominación de origen", su espíritu nacional y los ciudadanos extranjeros presentes en su territorio. Aunque el francés y el alemán son las lenguas de la administración y de la comunicación entre autóctonos y extranjeros, el luxemburgués representa una seña de identidad nacional; quizás la única. De hecho el conocimiento certificado de esta lengua está entre los requisitos fundamentales para obtener la nacionalidad en el Gran Ducado. No obstante, como declaró el primer ministro luxemburgués Jean Claude Juncker a cafebabel.com, "cuando se es un pequeño país y los vecinos Francia y Alemania se niegan a hablar nuestra lengua –muy hermosa, por otro lado– sólo queda una opción: hablar la lengua de los demás.

"Integración no quiere decir fusión"

Sin embargo, la lengua no puede representar un factor de discriminación. Por ello el gobierno de Luxemburgo aplica una política de promoción social ejemplar, ofreciendo cursos de lengua luxemburguesa a ciudadanos extranjeros y asistencia en las escuelas a los hijos de los nuevos inmigrantes. Los esfuerzos por la integración no están dirigidos sólo a los extranjeros; la estrategia educativa multilingüe y multicultural aplicada en las escuelas del Gran Ducado constituye un factor de cohesión para las nuevas generaciones, síntoma de la apertura del país hacia el exterior y de la voluntad de acoger a los extranjeros, asegurándose de que cada uno pueda mantener la propia identidad nacional. "Los portugueses constituyen el grupo más numeroso de inmigrantes en Luxemburgo (son el 12% de la población) y forman ya parte integrante de la sociedad; y sin embargo seguimos manteniendo nuestras tradiciones y nuestra identidad. Integración no es sinónimo de fusión de culturas", sostiene Claudia, originaria de Lisboa, traductora desde hace 8 años en el Centro de Traducción de los organismos de la Unión Europea en Luxemburgo.

De la Historia de este pequeño país, la Unión Europea puede quizás extraer un modelo de inspiración para desarrollar más cohesión y comprensión transnacionales. Como dijo el luxemburgués más famoso, Robert Schuman, padre de Europa, "Una vez hayamos vencido los nacionalismos, será necesario pensar en nuevos esquemas para unir Europa".