Madrid e Irak: unidos por el terror

Artículo publicado el 28 de Junio de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 28 de Junio de 2004

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Cuatro trenes, 14 bombas, 6.000 viajeros, 190 muertos… ¿ Quién ha olvidado el 11M ? Las víctimas, no. Y la comunidad internacional, parece que tampoco. El miedo mundial se multiplica con las bombas en Bagdad. También ocurrió con las bombas de Madrid.

Las familias luchan por mantener vivo el recuerdo de los suyos. Los que están en el poder tratan de instrumentalizar el dolor en pro de políticas de seguridad restrictivas que a veces chocan con los derechos humanos. Quizás nuestro subconsciente quiera olvidar lo que sucedió el 11 de marzo de 2004 en Madrid. Pero ese olvido se transforma en miedo e incertidumbre. Y eso lo saben nuestros políticos. Europa se blinda ante el terrorismo globalizado. ¿Es suficiente la coordinación internacional en la lucha contra el terrorismo?

Washington enciende la mecha

Durante el primer año de ocupación de Irak parece que se han cumplido los vaticinios de los analistas, en particular los referentes a las consecuencias de un ciclo de violencia que generaría más violencia: Bagdad, Bali, Casablanca, Estambul, Jerusalén, Mombasa, Moscú, Riad, Yakarta y por fin Madrid son el reguero de terror que siguió al 11 de septiembre de 2001.

La guerra sobre Irak, encabezada por Washington, se emprendió a sabiendas de que podía significar la proliferación de ese terror, a cambio de ganar control sobre Irak y establecer el concepto de guerra preventiva.

Mientras Europa busca el consenso y la unanimidad de sus gobiernos en la lucha antiterrorista, Estados Unidos persigue la legitimación de su invasión de Irak a través de una resolución consensuada de Naciones Unidas. Dicha resolución, del 8 de junio, respalda al gobierno provisional de Irak que asumirá el poder esta semana. El pueblo iraquí tendrá derecho a determinar libremente su propio futuro político y a controlar sus recursos financieros y naturales. Estados Unidos llama a esto “traspaso de soberanía” y no de poder. Un término más vago y acorde con lo que en realidad sucederá.

Europa, a medio gas

Pero, ¿qué ha de hacer Europa? ¿Cuál ha de ser su posición? Desde la pasada victoria de los socialistas españoles encabezados por Zapatero, se ha implantado un nuevo talante en la política europea. La promesa electoral de retirar las tropas de suelo iraquí ya se ha cumplido. Y es que Europa ha de tener algo que decir. Ha de hacer frente al unilateralismo estadounidense. Ha de ayudar a restablecer el papel de la ONU otorgando validez total a sus resoluciones, colaborando y haciendo que se respete la legalidad internacional. Ha de crear lazos entre oriente y occidente. Ha de eliminar ese clima de crispación en el que hoy se ve sumido el mundo y que es el caldo de cultivo de los ataques terroristas del 11M, de la guerra abierta en Israel, de las bombas que caen y explotan sobre Bagdad. Ha de abogar por una política del desarrollo pero también de la solidaridad entre y para los pueblos.

Pero difícil lo tendrá vistos los índices de participación tan bajos en las pasadas elecciones al parlamento europeo. La gran abstención da a entender que la construcción europea y los ciudadanos europeos van por diferente camino. Una Europa donde los intereses estatales están por encima de los intereses europeos y donde el espíritu federalista no existe, está lejos de plantar cara al gigante estadounidense en términos de política internacional. Ardua será la faena de los políticos europeos para concienciar a sus ciudadanos de que sólo con una Europa fuerte a nivel político y social podremos hacer frente a la escalada de violencia mundial.

Nadie está a salvo

Mientras tanto las bombas continúan cayendo sobre Bagdad, de la misma manera que lo hicieron sobre Madrid. Los Estados Unidos al frente de la coalición ocupante continúan justificando su acción preventiva y Europa continúa quedándose al margen, amparándose en las resoluciones de la ONU y mostrando una sensación de división interna y de sometimiento a la deriva política mundial.

Parece que las voces de todos aquellos que sufrieron y sufren la violencia del terrorismo (sea cual sea su procedencia) se hayan dejado de escuchar. Pero si algo tendríamos que aprender en Europa es que nadie está a salvo de estos ataques. Que no tenemos que olvidar. Que no podemos girar la cabeza y dejar de mirar lo que está sucediendo en Irak y en otros lados del mundo donde la violencia se masca cada día. Que la violencia de Madrid y la violencia de Irak es la misma. Y que la solución ha de ser del mismo tipo que este terrorismo, global. Y en eso Europa ha de jugar un papel fundamental.