Madrid era una fiesta

Artículo publicado el 25 de Abril de 2007
Artículo publicado el 25 de Abril de 2007

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30 años después del surgimiento de la Movida madrileña, en los años ochenta, España rememora un movimiento artístico que transformó la sociedad española post-franquista de forma radical.

“Bailando, me paso el día bailando. Y los vecinos mientras tanto no paran de molestar”. Esta pegadiza letra del grupo Alaska y los Pegamoides convirtió Bailando en la canción del verano de 1982 en España. Justo después del golpe de Estado del 23-F [perpetrado por el teniente coronel Antonio Tejero en 1981], llegaban los días de oro de un movimiento cultural surgido en Madrid que sacudió la joven democracia española: la Movida.

God save the queen a lo hispano

Todo había comenzado a mitad de los setenta de forma espontánea. Mientras todavía resonaban las canciones de lucha contra la dictadura del General Francisco Franco [1939-1975], un grupo de jóvenes adolescentes prefirió centrar su mirada en las corrientes de pensamientos artísticos postmodernos, emergentes en los países occidentales.

Emulando la estética y la actitud transgresora del punk británico liderado por el grupo de música Sex Pistols, en 1978 aparecía el primer grupo punk español, Kaka de Luxe. A la nueva ola musical salida de la nada, se sumó una gran cantidad de pintores, escritores, diseñadores, fotógrafos y cineastas con tres puntos en común: la necesidad de vivir la vida al máximo, el gusto por romper las normas convencionales y el hecho de haber elegido Madrid como teatro de operaciones.

La casa de la pareja de pintores Costus, en el populoso barrio de Malasaña en Madrid, fue uno de los lugares de encuentro de este movimiento sin manifiesto fundacional. Allí se conocieron los auténticos símbolos de la Movida madrileña: Olvido Gara (más conocida como Alaska), Fabio McNamara y Pedro Almodóvar.

Dadaísmo en los ochenta

En medio de una atmósfera de gran creatividad, surgieron proyectos alocados como la película Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón [Pedro Almodóvar, 1980]. Sexo no convencional, drogas y música son el argumento de la obra de un joven Almodóvar todavía desconocido por el gran público. El film recobra la herencia surrealista de escandalizar a la burguesía y se acerca a la estética incorrecta del director norteamericano John Waters. ¿Los protagonistas? Los propios artistas de la Movida. Junto con fotógrafos como Pablo Pérez Mínguez o Alberto García-Alix, el director manchego se convertía en uno de los cronistas privilegiados de una corriente que se extendió en seguida a las otras grandes ciudades españolas.

Poco a poco, los discos de grupos como Radio Futura, Gabinete Caligari o Loquillo y los Trogloditas multiplicaron sus ventas. Las pinturas de Costus, las fotografías de Ouka Lele y los diseños de Ceseepe comenzaron a exponerse en las galerías de arte más valoradas de la capital. Y de las galerías a las fiestas de la jet-set sólo había un paso, como demostró la visita a Madrid del gurú del pop-art: Andy Warhol.

La llegada al poder del Partido Socialista en 1982 acentuó todavía más el camino ascendente de la Movida. La trasgresión de aquellos grupos de artistas irreverentes era un símbolo perfecto para proyectar la imagen de una España moderna al exterior. ¿Cómo potenciarlos? Abriendo de par en par las puertas de Televisión pública Española (TVE) a programas como La Edad de Oro o La Bola de Cristal. Presentado por Alaska, el programa infantil La Bola de Cristal representó un antes y un después de la televisión ibérica. Y es que los lemas de “¡Viva el Mal! ¡Viva el Capital!”, la imaginación y la estética entre siniestra y glam, a través de las cuales una generación de niños españoles fue educada, nunca han vuelto a las ondas hertzianas.

Evidentemente, no es que la España conservadora hubiese desaparecido de golpe. Así lo demuestra la agitación política y mediática que generó la emisión de la canción Me gusta ser una zorra del grupo punk bilbaíno Vulpess en TVE.

Después de la borrachera, la resaca

Como diría el protagonista central de la película de Michael Winterbottom, 24 hour party people, las modas tienen un punto de inflexión a partir del cual caen en desgracia. En el caso de la Movida, tuvo consecuencias funestas. A finales de los ochenta y en el transcurso de la década de los noventa, buena parte de sus protagonistas murieron a causa de su vida al límite. La inmortalidad se cobraba un alto sacrificio humano: la pareja Costus, el guitarrista Carlos Berlanga, el cantante Tino Casal o el poeta Eduardo Haro.

Otros como Alaska o Pedro Almodóvar, supieron reciclar su carrera a tiempo. En el caso del director castellanomanchego, no sólo eso sino que consiguió que su obra transcendiese las fronteras españolas. Alaska por su parte, creó con Nacho Canut un nuevo grupo de música tecno-pop, Fangoria, que todavía hoy día tiene un gran éxito.

Después de una década de olvido y postergación, la de los noventa, el espíritu libertario y el Do It yourself de los ochenta comienza a recordarse con una cierta melancolía. No es extraño entonces, que el Ayuntamiento de Madrid haya programado una exposición y un gran número de conciertos y actividades alrededor de las múltiples caras de la Movida. Ni tampoco que se reediten numerosos materiales de todo tipo de aquella época. 30 años después de su nacimiento, el espíritu hedonista y rompedor de la Movida sigue vigente. Y es que la calidad de sus artistas ayudó a llevar a la España de blanco y negro a la post-modernidad en un tiempo récord.