Manel, la 'gent normal' que triunfa en Londres

Artículo publicado el 11 de Abril de 2014
Artículo publicado el 11 de Abril de 2014

Lon­dres cons­ti­tu­ye un paso obli­ga­to­rio para las gran­des ban­das y una cuna agra­da­ble para jó­ve­nes ta­len­tos. Y aun­que ellos no se iden­ti­fi­quen con nin­guno de éstos, son sin duda una mues­tra de lo que esta ciu­dad ins­pi­ra: una cen­tro cul­tu­ral donde todo  arte tiene lugar. El pa­sa­do 29 de marzo, el Scala de Londres acogió a Manel, el grupo ca­ta­lán que cruza fron­te­ras. 

"No creo que sea­mos tan in­ter­na­cio­na­les, el hecho de tocar en Lon­dres no nos con­vier­te en nada es­pe­cial" afir­ma Gui­llem Gis­bert, voz del grupo, horas antes del con­cier­to or­ga­ni­za­do por Rock Sin Sub­tí­tu­los en el co­no­ci­do Scala al norte de Lon­dres.​Fue hace unos cua­tro años cuan­do Manel tocó por pri­me­ra vez en la ca­pi­tal bri­tá­ni­ca, en lo que fue una pe­que­ña gira in­gle­sa, dando con­cier­tos en pe­que­ños cafés y aulas de uni­ver­si­dad. Ahora, los pun­tos de venta de las en­tra­das de su con­cier­to en Lon­dres hace se­ma­nas que col­ga­ron el car­tel de sold out  y, cuan­do el sá­ba­do 29 de marzo se subie­ron al es­ce­na­rio de la sala Scala, el pú­bli­co en­tre­ga­do si­guió al pie de la letra todas y cada una de las can­cio­nes. Dos horas de mú­si­ca y de emo­cio­nes, dos horas en las que ellos hi­cie­ron que todo fuese un poc més di­ver­tit.

Sin em­bar­go, si les pre­gun­tas a ellos por el éxito, pa­re­ce que estés ha­blán­do­les de los as­tros o la me­ta­fí­si­ca. "No hemos cam­bia­do mucho desde en­ton­ces, se­gui­mos sien­do los de antes, lo único es que ahora te­ne­mos mucha más ex­pe­rien­cia, hemos cre­ci­do mu­si­cal y téc­ni­ca­men­te", re­co­no­ce Roger Pa­di­lla; a lo que su com­pa­ñe­ro Gui­llem Gis­bert añade: "no somos como esos gru­pos que lle­nan es­ta­dios por todo el mundo, no­so­tros siem­pre vol­ve­mos a dor­mir a casa, menos hoy claro". 

Si tal vez ellos no han cam­bia­do, las ci­fras que in­ten­tan de­fi­nir al grupo sí lo han hecho. Ya no son pe­que­ños cafés los que los aco­gen, sino gran­des salas de con­cier­tos; cuen­tan en su haber con 3 dis­cos, más de 40 can­cio­nes y, lo que para mu­chos es lo que los di­fe­ren­cia, han sido nú­me­ro 1 en ven­tas en Es­pa­ña a nivel na­cio­nal can­tan­do en ca­ta­lán. Cuan­do se les pre­gun­ta qué son y cómo ex­pli­ca­rían este fe­nó­meno Manel a los lec­to­res de Ca­fé­Ba­bel pa­re­ce que a ellos, por una vez, les fal­tan las pa­la­bras. "No somos muy afi­cio­na­dos a las gran­des eti­que­tas, al prin­ci­pio todo el mundo nos pre­gun­ta­ba qué tipo de mú­si­ca era la que ha­cía­mos y cuan­do leí­mos que en una de las pri­me­ras crí­ti­cas nos pu­sie­ron el car­tel de pop-folk y di­ji­mos, pues bueno, eso será", bro­mea Gui­llem.

Atle­tes, bai­xin de l’es­ce­na­ri es el cu­rio­so tí­tu­lo del úl­ti­mo tra­ba­jo del grupo y que cum­ple den­tro de poco su pri­mer aniver­sa­rio. Un disco que en­tre­mez­cla la nos­tal­gia con can­cio­nes como De­sa­pa­rei­xíem len­ta­ment y la vi­ta­li­dad más po­pe­ra de Te­re­sa Ram­pell, que fue su carta de pre­sen­ta­ción. Por en­ci­ma de todo, es un disco que man­tie­ne la esen­cia de Manel, una esen­cia poco co­mer­cial, con una au­sen­cia casi total de es­tri­bi­llos y una ca­den­cia a veces di­fí­cil que tal vez pueda dejar in­di­fe­ren­te al prin­ci­pio, pero que gana con cada de­ta­lle, con cada his­to­ria. "Los cinco mi­nu­tos y pico de Te­re­sa Ram­pell se van un poco de esos ma­nua­les que ex­pli­can cuál de­be­ría ser el mejor sin­gle; mucha gente nos dijo cuan­do salió el disco que la can­ción no era re­pre­sen­ta­ti­va del disco, pero bueno, lo a que no­so­tros nos im­por­ta es el disco en sí, es el tra­ba­jo com­ple­to de lo que ha­ce­mos, un sin­gle es solo una elec­ción", afir­ma Gui­llem.

Mu­chos se pre­gun­tan cómo se hace para lle­gar a ser nú­me­ro uno con una mú­si­ca así mien­tras que para ellos pa­re­ce todo mucho más sim­ple y afir­man no tener un es­que­ma a se­guir. "Cada can­ción tiene su pro­ce­so, no te­ne­mos nin­gu­na fór­mu­la es­pe­cial", afir­ma Roger y Gui­llem añade que "de las 40 can­cio­nes que te­ne­mos entre los tres dis­cos, no creo que nin­gu­na tenga el mismo pa­trón cal­ca­do de la his­to­ria de cómo se creó, siem­pre en­con­tra­ría­mos ma­ti­ces que las hacen di­fe­ren­tes, no te­ne­mos una fór­mu­la abs­trac­ta". Todas eso sí, man­tie­nen una es­pe­cie de na­rra­ti­va po­pu­lar que las hace cer­ca­nas y que pa­re­cen es­cri­tas para uno mismo. "Hay una parte de tra­di­ción folky, estas can­cio­nes de 8 mi­nu­tos que cuen­tan una his­to­ria, para mí es muy di­ver­ti­do es­cu­char­las, ver cómo com­bi­nan la na­rra­ti­va con la rima; de todas for­mas, no es una cosa que nos plan­teá­se­mos, nos salen así", afir­ma Gui­llem. Cuan­do se le pre­gun­ta por la sen­sa­ción de nos­tal­gia es­con­di­da en can­cio­nes como Banda de Rock, Roger con­tes­ta que "te­ne­mos mucha con­cien­cia to­da­vía de grupo, no no­va­to, pero que to­da­vía está em­pe­zan­do, no año­ra­mos nada como grupo, to­da­vía nos queda". "La emo­ción par­ti­cu­lar de una can­ción no de­fi­ne un grupo ni un disco, una can­ción dura cua­tro mi­nu­tos y luego viene la otra, no hay más", re­co­no­ce Gui­llem.

"Para no­so­tros, en el fondo, la sen­sa­ción es que te­ne­mos un tra­ba­jo que nos gusta, que nos va bien y ya está". Visto así, todo pa­re­ce muy fácil y todas esas ci­fras que mag­ni­fi­can a esta banda de rock son sólo eso, ci­fras. Ellos, en el ca­me­rino y lejos de los focos, las luces y los mi­cró­fo­nos, si­guen sien­do gent nor­mal. Sea como sea, estos cua­tro jó­ve­nes han con­se­gui­do lo más im­por­tan­te para un grupo y es que, al final del con­cier­to, lo úl­ti­mo que quie­ra el pú­bli­co es que estos atle­tas mu­si­ca­les bai­xin de l’es­ce­na­ri. Y ya está. 

Ví­deo­clip de 'Quin dia feia, amics', de su álbum Atle­tes, bai­xin de l'es­ce­na­ri. Manel.