Mangazo a la europea

Artículo publicado el 25 de Enero de 2007
Artículo publicado el 25 de Enero de 2007

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Soy Europeo. Crecí a base de caricaturas y pan. Ahora nos estamos apropiando del Manga japonés.

Cómics de ida y vuelta, como el buen cante. Crecida a golpes de caricaturas japonesas (Candy Candy, Oliver y Benji, Heidi, etc.) en los ochenta y de tebeos manga en los noventa, la generación de los treintañeros europeos de hoy rinde homenaje a las creaciones del país del Sol Naciente. Inventando un género totalmente occidental: Manga europeo o euromanga. Cómics que se leen al revés sin necesidad de tener los ojos rasgados. Un fenómeno aún incipiente pero muy interesante, por su capacidad de reinterpretar una tradición cultural extranjera.

“No tiene sentido pensar que sólo un japonés pueda dibujar Manga”

Por el momento, Francia va la cabeza en cuanto al mercado europeo del cómic. La editorial Les Humanoïdes Associés ha sacado a la calle en septiembre de 2006 Shogun Mah, revista toda dedicada al trabajo de jóvenes artistas occidentales que proponen una interpretación personal del estilo literario y dibujos del Manga. Entre ellos, Andrea Iovinelli y Massimo Dall´Oglio, ambos de 33 años, escenógrafo uno y diseñador de la revista Underskin el otro, una serie fantacientífica objeto, hace poco, en Shogun de un número especial. Sus ventas alcanzan las 14.000 copias al mes.

“Todo esto acaece porque los editores han comprendido que si no quieren perder la batalla contra el Manga japonés (cerca del 35% de los tebeos vendidos en Francia hoy provienen de Oriente, ndr)” -explica Iovinelli- “deben volver a seducir a los más jóvenes con tebeos autóctonos. Si no, saben que perderán a una generación entera de lectores”. Hacer un Manga “made in casa”, prosigue Iovinelli, quiere decir no reducirse a adquirir licencias extranjeras y no depender por completo de los editores japoneses para producir nuevos tebeos. Una exigencia comercial y artística que, como siempre, tiene a los Estados Unidos como primeros de la fila. Allí, este tipo de tebeos arrasa de tal manera, cuenta Dall'Oglio, que la Tokyo Pop, primera casa editora de manga en los EE UU, ha comenzado a proponer manga de producción americana al mercado japonés. “Veo enormes posibilidades –afirma Massimo– y tengo mucha fe en la evolución del género: no tiene sentido pensar que sólo los japoneses pueden producir manga. Un europeo o cualquier occidental puede subirse a esta ola y apropiarse de ella cuando quiera”.

Generación Mazinger Z

De hecho, las diferencias son pocas. Los trabajos publicados, siempre por parte de editoriales francesas, muetran una marcada continuidad con sus predecesores, las mismas reglas discursivas. Andrea explica que la diferencia, si la queremos encontrar, “está en el hecho de que a la hora de realizar un tebeo manga los autores son europeos y, por tanto, con una cultura, una sensibilidad y una visión del mundo propias, y que han nacido y crecido en un contexto social diferente del japonés”. Están lejos, sí, pero también cerca. No olvidemos que quien dibuja manga hoy, forma parte de la denominada generación “Mazinger Z”, el célebre Robot volador de los años ochenta inventado por los japoneses para la televisión. Massimo añade que su “manera de relatar se halla muy ligada a la cultura japonesa: el ritmo narrativo, los encuadres, la dirección, la ambientación. Sin embargo, –continúa– también estoy muy unido a mi cultura occidental y no puedo evitar buscar posibles puntos de conexión entre ambos mundos”.

De modo que el manga también se está globalizando. Como dice Andrea, “hoy más que nunca, en un mundo que se ha vuelto pequeñísimo en un abrir y cerrar de ojos, trazar fronteras nítidas y establecer modos inequívocos de diferenciación de tebeos maga de otras modalidades es difícil”. La llegada de manga a nuestros países es cada vez más abundante. ¿Entonces qué necesidad hay de producir manga nuevo si viene mucho de japón? “No es cuestión de necesidad –apunta Massimo-, es que es un género difuso, inmediato, fresco, estimulante y, sobre todo, libre de muchas de las reglas que caracterizan al tebeo occidental. ¡Quién sabe si dentro de unos años en las librerías de Tokio no se peleará la gente a bocados por los manga made in Europe!