Marius Ivaskevicius, evasivas

Artículo publicado el 22 de Septiembre de 2006
Artículo publicado el 22 de Septiembre de 2006
El poeta, dramaturgo y director de cine lituano de 33 años Marius Ivaskevicius, encarna la melancolía misma y la complejidad del alma eslava.

Sus traducciones, obras de teatro o libros, llenos de humor y de ternura, han hecho de él un artista emblemático de la nueva ola proveniente del Este. Me reúno con él a última hora de una tarde primaveral en la calle Bracka, detrás de la plaza principal de Cracovia. El artista, de origen lituano, ha venido a visitar la vecina Polonia para una feria literaria. “Vanishing Europe” (Europa desaparece) en el que dirige, en compañía de otros artistas, discusiones tintadas de nostalgia por los rincones europeos que han sido abandonados, olvidados o inútiles. Bien proporcionado, vestido con una simple camiseta negra y unos vaqueros, el aspecto de Ivaskevicius da una impresión de vigor matizado por sus frecuentes sonrisas.

“¿Qué por qué me encuentro aquí? Me gusta mucho el concepto de este festival”, me dice con sencillez. Tras un instante de reflexión, sus ojos repasan con aire soñador las paredes del café. “El trabajo de búsqueda, en particular cuando está ligado a la cultura, me proporciona siempre mucho placer”, prosigue. “Participar en el festival, es como estudiar mi vida. No muy lejos de aquí vivían mis abuelos a los que iba a ver durante mis vacaciones. Es en este lugar se representaron las principales escenas de mi infancia.” Mi interlocutor evoca enseguida el recuerdo de la estación de Wierzboowo al norte de su tierra natal, “símbolo de lujo y de riqueza de la Rusia de los Zares. Testimonio de su lento deterioro, he visto la manera en la que la Historia le ha asestado golpes sucesivos y fatales.”

Polivalencia melancólica

Nacido en 1973, reside ahora en Vilnius. Marius Ivaskevicius es a al vez poeta, dramaturgo y director de cine. Justo después de acabar sus estudios de lengua y literatura, colaboró con uno de los más prestigiosos periódicos del país, Respublika, antes de consagrarse a la escritura y al séptimo arte. Presenta en la actualidad una emisión cultural, Cultural trap en la televisión lituana. También ha publicado una selección de novelas (Kam Vaiks [Niños, ¿para qué?], 1996), novelas (Istorija nuo debesies [La historia de una nube], 1998); Los verdes, 2002), así como una trilogía dramática (El vecino, 2002).

Esta biografía ecléctica no me informa, sin embargo, sobre la personalidad de Marius Ivaskevicius. ¿Quién es realmente? El propio interesado no responde de inmediato. Parece temer dejarse encasillar en una definición precisa. “Mi vida es la que guardo en mi memoria. Son los recuerdos los que forjan nuestro alma”, añade.

Literatura del Este o del Oeste

Ahora que abordo la idea de universalidad literaria, veo que se dibuja en la cara de Ivaskevicius una especie de educado desacuerdo. “Cada autor posee una identidad típica constituida por el lugar en el que creció, del contexto específico en el que nació su obra. Todo esto no es fácil de transmitir”, replica. Ve aparecer sin sombra de duda el desequilibrio entre Este y Oeste en las obras europeas: “Otra manera de pensar implica necesariamente otra manera de escribir. La literatura del Este es más metafórica, tiene más símbolos. Como los artistas no saben comunicarse de manera directa, visten el mensaje con un traje.” A título de ejemplo, Ivaskevicius invoca los fantasmas de Fiódor Dostoievski o Anton Chéjov. Para él, esta manera tan metafórica de escribir es una ventaja: “Nos queda muy bien”, dice con satisfacción. En cuanto a los libros más occidentales, “son demasiado realistas”, zanja mi invitado.

La cuestión de la identidad europea entusiasma visiblemente a mi interlocutor que lanza su opinión devolviéndome la pelota. “Una fuerte identidad europea es imposible. Hace falta primero deshacerse de nuestra identidad actual antes de recibir una nueva. Lo cual no es tan fácil, pues cada hombre está muy atado a aquello con lo que ha crecido. Mi invitado cree que “la idea de la Europa común es justa” antes de acabar matizando: “Cuando Europa se entiende como sinónimo de democracia, Derechos Humanos y respeto al individuo. Nada más”.

Regreso a las fuentes

Sin embargo, tiene esperanza: hoy en día, el continente ya no está dividido por el telón de acero y tanto los artistas como los tipos de literatura comienzan a mezclarse y a influirse poco a poco. “Es un fenómeno muy positivo. Al final, los autores del Este podrán al fin aprender de sus colegas. Como escribir buenos relatos, por ejemplo, teniendo en cuenta que aún estamos muy lejos”, se alegra Ivaskevicius con una vaga sonrisa fluctuante en su cara.

Según él, los festivales multinacionales con el espíritu del de “Europa desaparece” mejoran las condiciones de la literatura moderna europea abriéndola a nuevos desafíos y presentando el mundo de una manera diferente. Salir del olvido de los lugares perdidos de Europa es, en verdad, una fuente de inspiración para las siguientes generaciones. Ivaskevicius parece en este aspecto muy optimista: “Cuanto más vuelvan a las fuentes de su pasado los jóvenes, mejores serán…”.