Marruecos es un país para turistas

Artículo publicado el 7 de Diciembre de 2017
Artículo publicado el 7 de Diciembre de 2017

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Aunque no haya cesado la afluencia de turistas, durante los últimos meses Marruecos ha estado sumido en una gran crisis política

Marruecos es un país para turistas, no para ciudadanos. Así es como lo perciben y lo conocen muchos occidentales, cautivados por la belleza del océano o por la magia del desierto. Disfrutan felices de una naturaleza que en parte permanece inmaculada, de precios bajos y de divertimentos preparados ad hoc para ellos.

Y así es como yo lo conocí también yo la primera vez que fui. Había aprendido bien el lema «Marruecos es uno de los países más abiertos y democráticos del mundo árabe». El monarca es moderado, el islam es moderado, el país es moderado.

No obstante, tras el velo de una moderación que se pregona tanto se oculta la realidad de una nación que padece fuertes tensiones sociales. Tras la muerte de Hassan II en 1999, el país vivió una década de mayor libertad. Una leve apertura de los debates del periodismo de investigación y de la libertad de expresión daban esperanzas para un futuro mejor. Este período duró hasta la primavera árabe de 2011. Desde entonces su majestad el rey ha decidido volver a tomar las riendas de la situación.

Sin embargo, hasta un simple turista que tenga un mínimo de curiosidad puede entender una realidad social que no está tranquila del todo. La primera vez que fui al sur de Marrakech, la policía detuvo el autobús en el que viajaba: no tenía los documentos en regla, pero sobornando a las fuerzas del orden el problema se resuelve en un santiamén. Poco después una manifestación bloqueó la carretera con una pancarta que decía: «el rey se queda con todo el dinero, ¿y qué pasa con nosotros?».

Volví unos meses después. Había decidido participar en la manifestación del 1 de mayo. Pregunté a algunos amigos adónde debía ir y cuándo debía ir para participar en el desfile de la fiesta de los trabajadores. La respuesta unánime fue «a ninguna parte». No me di por vencido, tomé un taxi y pedí que me llevara al lugar de la manifestación. Había unas diez personas con banderas sindicalistas. Un desierto. «El rey no ha autorizado la manifestación», dijo el taxista. Está bien, volvamos a casa. 

Sin embargo, Mohammed VI se empeña en autoproclamarse como el artífice de un islam iluminado y de una democracia sana basada en los valores occidentales. El país ha establecido vínculos de cercanía con los principales países europeos, sobre todo con Francia, y con Estados Unidos. París es el principal vendedor de armas en Rabat y a Washington le interesa el desarrollo turístico de Marruecos, por razones económicas y por las razones geopolíticas antiargelinas.

No obstante, este nuevo iluminismo político no ha impedido los atentados de Casablanca en 2003 ni las detenciones de periodistas, homosexuales, trabajadores y disidentes políticos. Hace seis meses que se celebran manifestaciones en el Rif. Un pescador murió aplastado entre las palas de un camión de basura. Estaba pidiendo trabajo y dignidad, ya que el gobierno había declarado ilegal la venta y el transporte de su pescado.

Durante las manifestaciones de apoyo a la víctima fueron arrestadas 200 personas. Los marroquíes reclaman a voces su liberación. Algunos, como Mohammed, un joven que trabaja en el sector de los recursos humanos en Casablanca, reconoce que hay una parte de culpa en lo ocurrido. Afirma que la muerte del pescador fue accidental y que, por un lado, la policía no tendría que haber efectuado un control sin permiso y que, por otro, es cierto que el transporte del pescado resultó ser ilegal. Pero apoya las protestas porque «como todos los marroquíes, se suma a las reivindicaciones que son de carácter social, exceptuando algún que otro separatismo o insurrección». 

Se muestra optimista y opina que «la solución del conflicto entre el Estado y el Rif debería estar próxima. Parece que, justo después del Ramadán, el rey liberará a los detenidos y después acudirá a los lugares de la protesta».

«En Marruecos el Ramadán vence a los derechos sociales», comienza diciendo Mariam, profesora en Casablanca. Entre los cinco pilares del islam, Marruecos ha elegido priorizar el ayuno durante todo el mes de Ramadán. Nadie se permite infringir la ley porque sería demasiado peligroso. «El control de la religión atraviesa toda la vida pública y social de una persona, sobre todo si es mujer. No está permitido que te beses por la calle, no puedes invitar a un hombre a tu casa, tienes que esconderte si comes o bebes en las horas del día durante el Ramadán. El Código Penal está muy influenciado por la ley del Corán. Incluso los aspectos más simples de la vida cotidiana, como tomar un taxi o sentarse a tomar el té en un bar están afectados por la moral patriarcal y religiosa de las que el país no consigue liberarse». 

Finalmente me encuentro con Mehdi, empleado de uno de los hoteles más prestigiosos de Marrakech.

«Aquí reinan el turismo y la prostitución». No es que sean lo mejor, pero al menos dan trabajo. Además, no le parece justo que hace poco se haya estrenado una película que denuncia la evolución de su ciudad. «Compromete la reputación de nuestro país». 

A continuación, le pregunto qué opina sobre las manifestaciones del Rif.

Me mira un instante y, sonriendo, me responde:

«En Marruecos no se habla de política».