Marsella y el arte de calle europeo: la ciudad se llenará de gente

Artículo publicado el 30 de Octubre de 2017
Artículo publicado el 30 de Octubre de 2017

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Una vez al año, durante la celebración del festival Travellings, el arte europeo toma el barrio de Les Aygalades de Marsella. Nos adentramos en esta correspondencia única entre artistas de calle y habitantes de barrios populares. 

Anochece justo cuando atravesamos un túnel de la autopista A7, a la altura de un barrio de Marsella. Esa tarde de septiembre, avanzamos completamente a oscuras hacia el pequeño parque donde tiene que celebrarse un espectáculo organizado en el marco de un festival dedicado a las artes de calle. Delante de nosotros: Maxime, una de las personas responsables del evento, camina con una linterna en la mano. Está hablando. No es frecuente que turistas u otros curiosos se pierdan por uno de los «barrios prioritarios» de Marsella: Les Aygalades. Si a veces lo hacen es para ir al festival europeo Travellings.

Una vez al año, el festival toma la Cité des Arts et de la Rue (Ciudad de las Artes Callejeras) en Les Aygalades, un barrio situado dentro del distrito 15 de Marsella y que forma parte de lo que se denomina «los Barrios Norte», expresión utilizada para designar los sitios supuestamente atrevidos o escandalosos de la segunda comuna (equivalente a lo que en España denominamos "municipio", N. del T.) de Francia. Les Aygalades son, en primer lugar, espantosos bloques de viviendas  amarillo-ocre, viviendas sociales en alquiler, la autopista A7 que separa el barrio en dos como si de un minimuro de Berlín se tratara; pero Les Aygalades también son niños curiosos, historias de familias immigrantes, jóvenes como Nas y Ryan que fuman soñando con una carrera en el rap, un montón de ropa tendida y curiosos que asoman la cabeza por sus ventanas cuando ven llegar a la pequeña jauría de jóvenes y no tan jóvenes venidos del centro de la ciudad, con bolso estilo hipster al hombro.

En 2017, la cuarta edición de Travellings, cita europea de Lugares públicos, ha invitado de nuevo a diversos artistas de las cuatro esquinas del continente a Les Aygalades hermanando a los habitantes de Marsella con los artistas del Viejo Continente, apoyados por la plataforma In Situ. Un italiano (Marco Barotti) que capta las ondas de los smartphones con pájaros  androides, una búlgara (Veronika Tzekova) que organiza un partido de fútbol con 4 equipos en el Estadio Oasis en ese barrio del que ni siquiera consigue «pronunciar bien el nombre», un «narrador de historias» griego (Alexandros Mistriotis) que lee poesías franco-griegas delante de una puesta de sol, con las viviendas sociales como línea del horizonte. El escenario está listo, el ambiente -a menudo mágico- de los contrastes se instala también cuando los bailarines de la compañía austriaca de Liquid Loft ponen en escena las lenguas europeas grabadas (Foreign Tongues) en la gran esplanada de la ciudad de las artes. Es un encuentro íntimo. Algo ya conocido entre artistas y asistentes al festival. Por la noche, en el puesto de bebidas de la entrada de la ciudad de las artes, un gran autobús transformado acoge al público. Allí se bebe cerveza y se saborea una cena casera antes de unirse al próximo espectáculo.

Esta noche el parque es un poco un caos: un enorme nido de paja se ha instalado en medio de la zona de actuaciones. Aquí es donde los bailarines de la compañía parisina ADHOK presentarán su espectáculo Immortels (El Nido y el vuelo), que analiza la forma de ser joven en 2017. ¿Entre los espectadores? Niños de todas las edades que ofrecen patatas fritas a la gente llegada de lejos mientras esperan. Aquí o allí, se escucha explotar un petardo. «Es difícil, hay que adaptarse a lugar, había jóvenes bastante agitados. Actuamos en un sitio hermético, un nido superpuesto, por lo que el mínimo ruido no se sabe muy bien  de donde viene. La verdad es que para actuar en condiciones así hay que prepararse», dice una de las bailarinas. «Hay algo gratificante al mismo itempo para actuar aquí. El teatro de calle es social y cultural», responde otro miembro de la compañía.

Esta noche, una vez que la zona de actuaciones queda vacía, algunos marselleses del centro se sitúan al lado del parque para tomar un blanco en el bar improvisado. La guirnalda alrededor del bar difumina una agradable luz en medio de nada. Es un pequeño grupo de iniciados venidos de París hasta Pristina que hablan del espectáculo y de Europa. A pesar de un ligero sentimiento de turismo social, el festival Travellings es quizá la única correspondencia entre Europa y Les Aygalades. Cinco minutos más y ya llega la hora de volver a coger el autobús-lanzadera para regresar al centro. Les ha impactado la conducta marsellesa y la diversidad de los espectáculos.