Martha Beatriz Roque, una cubana con coraje

Artículo publicado el 5 de Agosto de 2006
Artículo publicado el 5 de Agosto de 2006
Mientras Fidel Castro sigue ingresado y el poder en manos de su hermano Raúl, esta disidente acusa al régimen de olvidarse del pueblo. Roque nos cuenta su historia y sus difíciles condiciones.

“Atención, nos están filmando”. La entrevista aún no ha comenzado y la mirada indignada de la disidente cubana Martha Beatriz Roque Cabello atraviesa el ambiente aguanoso del patio en el que nos encontramos. Es uno de los muchos hoteles de La Habana Vieja controlados por la empresa estatal Habaguanex. Una señora posa para su supuesto marido turista y de apariencia cubana, pero el objeto de la filmación no es ella. Somos nosotros.

“La patria es de todos”

Roque no parece muy sorprendida: “Desde hace meses se me fotografía cada vez que entro o salgo de casa”. ¿Cómo ha llegado a ser una vigilada “especial” del régimen de Fidel castro? “Todo empezó en 1989. Yo enseñaba economía en la Universidad de La Habana y durante una clase critiqué el fusilamiento del general Arnaldo Ochoa, un antiguo héroe de la Revolución castrista acusado de narcotráfico. Pocos días después, me despidieron.” Eran los inicios de la crisis económica cubana, cuando la URSS de Gorbachov suspendió los acuerdos comerciales que permitían al país exportar azúcar a precios inflados y recibir petróleo a precios preferentes. “Entre el 89 y el 95 no se publicó ninguna estadística oficial”, acusa, airada, esta economista. “Por eso decidí fundar el Instituto Cubano de Economistas Independientes: para dar a conocer al mundo la situación de Cuba y combatir la desinformación”. El castigo llegaría en 1997, cuando fue encarcelada durante tres años junto a Félix Bonné, René Gómez y Vladimiro Roca, todos firmaban un documento, “La patria es de todos”, que osaba criticar un texto oficial del Partido Comunista Cubano. Una vez cumplida la pena, Martha Beatriz Roque volvería a la cárcel en marzo de 2003 como única mujer en el grupo de los 75 disidentes procesados por el régimen castrista. Esta vez la condena fue más severa: veinte años. La oleada de indignación internacional fue tal, que la UE anunció sanciones contra La Habana. En julio de 2004, tras sufrir un infarto, la disidente obtuvo el arresto domiciliario.

Un policía dentro de cada cubano

Sin embargo, los sufrimientos continúan: “El régimen me denigra continuamente. Mis allegados no pueden hablarme siquiera, pues perderían el trabajo; y el 25 de abril de 2006 fui víctima de una dura agresión en mi domicilio (ver foto)”. El régimen castrista está muy organizado: en cada edificio, incluso en los lugares más recónditos del país, hay un presidente voluntario del Comité de defensa de la revolución que controla la vida de los habitantes: “Saben todo de ti: cuánto ganas, dónde vas, a quién hospedas. Ahora con la excusa de las inspecciones para combatir los mosquitos, entran incluso en las casas. Es un control horrible en el que participa toda la población; hay un policía dentro de cada cubano”, explica Roque. Entre tanto, los camareros y el personal del hotel, generalmente ilocalizables, se demoran en nuestra mesa: “¿Desean algo, señores?”. Mientras la filmación continúa, el bochorno de la capital cubana carga el ambiente en un patio extrañamente desierto.

“Apartheid contra los cubanos”

¿Cuándo cambiarán las cosas en Cuba? “El régimen castrista vive en el futuro, prometiendo paraísos dorados a la población, pero olvida el presente”, alega Martha Beatriz Roque. “Cierto, son pocos los que creen en un cambio, muchos quieren dejar el país, pero la situación cotidiana de los cubanos, aquí y ahora, es tan desperada que el cambio no puede estar lejos”. ¿Habrá que esperar a la muerte de Castro, ya con ochenta años? “No necesariamente”, sostiene con coraje aunque poco convincente. “El cambio puede llegar antes porque los cubanos sufren un insoportable régimen de “apartheid”: se les excluye de muchos lugares reservados a turistas (como la región de Varadero, ndr) y de bienes de consumo (el salario medio es de 9 dólares y un par de zapatos cuestan 20, ndr)”. Si el acceso a los medios de comunicación está controlado, ¿cómo influir en la opinión pública? “Es cierto, el uso de Internet, por ejemplo, está estrictamente limitado. El periodista Guillermo Fariñas inició una huelga de hambre el 31 de enero de 2006 (que terminó el 30 de junio) precisamente porque el Gobierno no le permitía acceder a Internet. Ni siquiera en 1994 la oposición pudo hablarle a los cubanos, y sin embargo la gente salió espontáneamente al Malecón de La Habana para protestar contra el régimen.” Mientras tanto, los dos turistas que antes nos filmaban, ahora sacan fotos a la escalera de mármol que domina el patio del hotel.

¿Europa? “Ayuda pero no lo dice”

¿Qué pueden hacer los demás países por Cuba? “Mucho. Pero el cambio tiene que producirse desde dentro, no seremos nunca otra estrella de la bandera estadounidense ni otro Estado miembro de la Unión Europea.” Sin embargo, el apoyo internacional es fundamental: “Los EE UU apoyan nuestra lucha: a veces recibimos ayudas de de organizaciones no gubernamentales. Pero dinero no, no soy una mercenaria (en contra de lo que acusa el Gobierno a los disidentes, ndr). Lo que hago, lo hago por el deseo de democracia.”

¿Y Europa? “También la UE –incluida la Delegación oficial en La Habana– nos ayuda, pero no lo dice. Hace poco me entrevisté con el embajador francés que, como otros diplomáticos europeos, me envió flores después de la agresión.” ¿Y respecto al cese de las sanciones europeas contra el Gobierno cubano anunciada a finales de 2005? Roque lanza un claro mensaje político: “Creía que la UE era más fuerte. En realidad”, explica, “el Gobierno español presiona mucho por su amistad con La Habana”. El tiempo se acaba y la filmación también. ¿Preocupada por las consecuencias de la entrevista? “No”, bromea, “salgo siempre con una muda en el bolso, por si me arrestan.”

En cuanto a vuestro reportero, tendrá que enfrentarse a un sorprendente registro de dos horas en la aduana del aeropuerto... ¿Casualidad?