Más democracia, mejor integración: la reacción danesa a los disparos en Copenhague

Artículo publicado el 1 de Marzo de 2015
Artículo publicado el 1 de Marzo de 2015

Los atentados de Copenhague distorsionaron gravemente la percepción del mundo sobre la nación considerada como la más feliz del mundo. El primer tiroteo, que se llevó a cabo en pleno  debate sobre la libertad de expresión en el este de Copenhague y en el que participaba el artista sueco Lars Vilks, conocido por sus dibujos sobre el profeta Mahoma, dejó un civil muerto y mucho sobre lo que pensar.

El delincuente de 22 años era un ciudadano danés de Palestina  al que la policía ya conocía por una serie de actividades delictivas antes de cometer los dos asesinatos, uno durante un debate sobre la libertad y otro horas más tarde en el que murió un judío danés. Como era de esperar, el suceso siguió la misma línea que el ataque a Charlie Hebdo, en París, a principios de enero.

Sin embargo, quizá no se esperaba que estos hechos ocurrieran en la utópica sociedad escandinava donde la solidaridad y la libertad de ejercer una amplia paleta de derechos humanos es constantemente ejercida por todos los ciudadanos. Este escenario "imposible" ha desatado muchos debates sobre la libertad de expresión, la seguridad y la integración de las minorías.

He aquí algunas cuestiones que se deben abordar en un futuro próximo:

Comprometer la libertad de expresión: ¿si o no?

La actitud de los políticos y de los ciudadanos tras las secuelas de los disparos fue clara y no comprometedora; cada individuo tiene que ser libre para expresar sus puntos de vista personales y sus opiniones en los medios de comunicación, a pesar de que puedan causar un mutuo desacuerdo. En lo que concierne a la opinión pública, es cuestionable si Vilk debió o no dibujar caricaturas del profeta Mahoma. Sin embargo, la elección de responder a sus acciones con el uso de las armas no es ni remotamente justificable a la hora de expresar desacuerdo. 

¡No tenemos miedo!

¡No tenemos miedo! Fue un mensaje que circuló por los medios de comunicación daneses durante la semana siguiente a los hechos para que todos se sintiesen seguros y sin miedo a cualquier ataque potencial contra los principios y valores democráticos. De igual modo, el Gobierno, la policía y todos los partidos políticos y representantes de las minorías en el país, mostraron una preparación sólida para responder de manera constructiva a cualquier forma de violencia contra los ciudadanos y estructuras del Estado.

Además, fuertes medidas de seguridad se desplegaron, no sólo con una masiva vigilancia el día del tiroteo, sino también después. Fue particularmente impresionante el hecho de que ni una sóla figura política nombrara el término culpa. Ni siquiera cuando las declaraciones se mezclaron con las acciones de una persona perturbada con toda una comunidad religiosa y con la inmigración.

Apoyo, solidaridad y una fuerte determinación para estar unidos, caracterizó la atmósfera general en un país que se esfuerza continuamente para mantener la igualdad social. Así fue destacada el día de la conmemoración a las víctimas que se celebró el lunes siguiente a la tragedia. 

Mejor integración de las minorías: ¿clave para reducir la radicalización religiosa?

La cuestión más intrigante, y que ha pasado más desapercibida, es el tema de las minorías en Dinamarca. Un tema que, sin embargo, ha tenido cierto éxito cuando han sido los jóvenes quienes lo han tenido en cuenta. Inicialmente, este debate surgió cuando Dinamarca fue clasificado como uno de los cinco países con más jóvenes yihadistas afiliados al Estado Islámico (ISIS). Aún así, esto se destacó, una vez más, después de conocer los motivos del agresor y la probabilidad de tener afiliaciones similares. La línea entre percibirlos como víctimas o agresores, es muy fina.

Es difícil entender por qué una persona joven que ha nacido en una sociedad pacífica y progresista, que ofrece grandes posibilidades, elegiría una ideología que le impidiera sacar provecho de ellas. El periódico danés Berlingske nos aporta una percepción sobre este dilema, sugiriendo que "estos chicos no tienen nada que perder". Lo que une a estos individuos es la falta de un sentimiento de pertenencia: todos ellos vienen de un lugar entre dos mundos, dos religiones, dos grupos étnicos y dos culturas. En vez de sentirse privilegiados se consideran maldecidos por esa identidad dividida.

El asesoramiento a los jóvenes y el apoyo social, son dos cuestiones que se transmiten constantemente en Dinamarca a través de los trabajadores sociales. Los niños y los jóvenes de origen inmigrante están igualmente involucrados, con el propósito de experimentar lo que significa ser un ciudadano danés. Por eso, un enfoque diferente podría ser necesario en un futuro para reconocer y rehabilitar a los potenciales criminales. Berlingske concluye con la idea de que uno puede volverse más abierto de mente en el plano religioso, cultural y nacional, pero teniendo en cuenta que ambos mundos necesitan adaptarse a esta voluntad.

Por ahora, podemos concluir que este ataque no ha modificado gravemente la visión cosmopolita que se tiene de Dinamarca. En consecuencia, es posible afirmar que la agresión no se vencerá con más agresión.