¡Más fea que pegarle a un padre!

Artículo publicado el 24 de Enero de 2007
Artículo publicado el 24 de Enero de 2007

El mundo contemporáneo ha enloquecido con el tema de la imagen. Jóvenes brasileras que reciben su primera cirugía plástica como obsequio para sus quince años, modelos que mueren en la búsqueda de la belleza y, para los especialistas en marketing político, lo más importante del programa político es la apariencia física. A lo mejor es por eso que los europeos nos referimos tanto a la feladad.

¡Mira lo que el gato ha traído arrastrado de la calle! (look what the cat dragged in!) exclama el venenoso británico al ver personas mediocremente arregladas y, por si fuera poco, puede que pregunte “¿Lo has cosido sólo o lo has tomado de tu madre?”. El polaco, como eslavo más romántico, con el fin de no molestar a las personas poco atractivas reconoce: es fea como la noche. Es difícil aclarar el origen de esta definición, puede que se trate de afirmar que sólo la oscuridad nocturna tiene la capacidad de ocultar la fealdad ante la vista. Otra descripción bastante fuerte es la que dice: “parece sacada de la garganta de un perro”.

Las asociaciones del tema de la mala imagen con la garganta son conocidas en la particular fineza de los alemanes, quienes con más fuerza afirman: se ve como recién vomitado… ("wie ausgekotzt"). Son menos vulgares en estas situaciones los españoles, para quienes la fealdad física se compara con la fealdad moral: "Eres más feo que pegarle a un padre". Catalanes e italianos también se refieren a símiles morales: Eres más feo que un pecado, exclaman. ("Més lleig que un pecat" en catalán y "brutto come il peccato" en italiano).

Sin embargo, la definición francesa es la más interesante: “más feo que un piojo” ("plus laid qu'un poux"). Más allá de la evidente animadversión hacia estas criaturas, se puede esconder una alegoría más profunda: los piojos fueron la cuarta plaga bíblica llevada a Egipto.