Máscaras y carnaval, combinación inmortal

Artículo publicado el 16 de Febrero de 2007
Artículo publicado el 16 de Febrero de 2007
Las fiestas enmascaradas de Venecia y Viena se han ido convirtiendo cada vez más en atracciones turísticas. En medio de las celebraciones europeas, las máscaras han perdido su función social.

En el pasado, los actores enmascarados de la Commedia dell´arte y el carnaval ofrecían un espacio para dramatizar las tensiones de la sociedad fuera de su jerarquía. Hoy en día, se nos dice que podemos reinventarnos hasta el infinito. Los anuncios nos prometen un nuevo Yo con cada nueva compra. Ya no hay una jerarquía social a través de la cual encontrarle sentido a la vida, y a medida que nos cuestionamos nuestros roles, se parecen más y más a máscaras, mutables y cambiables. La idea de la máscara ha entrado en nuestra vida diaria, pero al hacerlo, las máscaras reales han desaparecido de ella.

Vestigios de vida

¿Qué pasa cuando llevas una máscara? La primera y más importante función de una máscara es la libertad que da para disfrazar la intención; la gente ya no sabe quién eres. En Sierra Leona, se lleva una máscara de cazar para moverse entre los arbustos sin ser visto y acechar a los animales. En la sociedad secreta Poro del mismo país, las máscaras son peligrosas, siempre sonrientes y mudas, nunca revelando lo que se esconde debajo.

De alguna manera, esto no tiene poco que ver con la experiencia europea. Cuando los manifestantes llevan máscaras de George Bush, se burlan de él, y le muestran en unión con los elementos de él mismo que preferiría no mostrar en público; le muestran portando un arma, por ejemplo. Tomando su forma, los manifestantes adquieren un cierto poder sobre él, igual que los Senufo de Costa de Marfil creen que ganan poder sobre el reino animal adquiriendo la forma de un animal mediante máscaras y, al mismo tiempo, absorben algo de su poder a cambio.

La tercera función de máscara es que con independencia de si se usa para la burla, la caza o el teatro, todas las máscaras comparten una tensión similar entre la apariencia visible y el poder oculto. La jerarquía social era burlada en el carnaval de Rabelais; por sólo un día, a los pobres se les permitiría actuar como si fueran ricos, y a los ricos como si fueran pobres. Llevar una máscara, y reimaginar el orden social: ¿Es esto lo que significa ser rico? ¿Es sólo una cuestión de disfrazarse? Nadie creía que fuera rico, pero a través de la máscara llegaban a darse cuenta de la medida en la que nuestras vidas diarias están también hechas de apariencias precarias.

Estar enmascarado

Hoy, estamos orgullosos y creemos que no tenemos jerarquías. ¿Por qué necesitarían los pobres disfrazarse de ricos, cuando podrían simplemente trabajar y hacerse ricos? Con la desparición de las jerarquías y las monarquías, y con hombres en el centro del mundo en lugar de Dios, sentimos que somos capaces de elegir nuestros propios caminos, reinventándonos a nosotros mismos en roles diferentes, del mismo modo en que podríamos probarnos una serie de máscaras.

Nos hemos convertido en las máscaras. La idea de elegir y crear el Yo es ahora el pilar central de nuestra cultura y economía. Sin embargo, al convertir la máscara en algo principal para nosotros hemos perdido lo que es principal para la máscara.

Nada molesta más a los otros niños como el que corre en el medio del juego rompiendo las normas y echándolo a perder, despojando al juego de su ilusión. De alguna manera, los juegos son menos satisfactorios que la vida. Y al igual que con los juegos pasa con las máscaras. Al final del carnaval, el orden social se restableció. El pobre volvió a ser pobre, el rico volvió a oprimir al pobre. Por un periodo limitado podemos imaginar el mundo de otra manera, pero si no fuera por un periodo de tiempo cocreto, no lo imaginaríamos en absoluto.

Hoy, no hay tiempo para la máscara. Nuestra reinvención es continua, y siempre se cree que hay una tensión entre la apariencia visible y el poder oculto. Si la máscara permite un reflejo del mundo social creando una distancia sobre él, entonces el hecho de que estemos permanentemente enmascarados significa que esta distancia se desvanece.

Ser enmascarado

Si no hay más tiempo para esas máscaras, entonces ¿Por qué deberíamos molestarnos en mirarlas? Hoy, los políticos exaltan la elección: elegir nuestros servicios médicos, elegir nuestros productos de consumo, elegir nuestra propia forma de vida. Parece que todo está abierto a la elección. Todo, excepto la elección en sí misma. Nos dicen que debemos elegir, que debemos crearnos a nosotros mismos. Haciéndolo, lo que no podemos hacer es apreciar la vida sin una máscara.

Foto máscara Bush, jotor/Flickr