Mashrou’ Leila: música progay en Oriente Próximo

Artículo publicado el 17 de Octubre de 2012
Artículo publicado el 17 de Octubre de 2012
Si crees en la reencarnación, jurarías que Freddie Mercury reside en el cuerpo de Hamed Sinno, el carismático cantante —abiertamente homosexual— de la banda indie libanesa. Los siete jóvenes que forman Mashrou’ Leila —en árabe, Proyecto Nocturno— visitaron Jordania para embelesar a 3.000 personas,.

Hace una noche fresca en el teatro romano de Amán. Hamed Sinno toma el escenario apasionadamente, como si estuviera en su estudio privado. Los cambios de tono que es capaz de producir con su voz hechizan a cada una de las personas del público con ese encanto innato que lo caracteriza. Todo él es una verdadera bestia escénica de las que prácticamente ya no se encuentran en el mundo.

Sinno es un hombre abiertamente homosexual. Las canciones de Mashrou’ Leila abordan tabúes como el sexo prematrimonial, la vida en el armario, las relaciones entre personas de religiones diferentes o las relaciones homosexuales, y hacen llegar un mensaje de protesta política y religiosa. Además lo hacen sin pelos en la lengua. Mashrou’ Leila da a las comunidades LGBT árabes esa voz que tanto necesitaban —Jordania es un país profundamente religioso, machista y homófobo donde los homosexuales son prácticamente invisibles—. No hay duda de que, aunque todavía no cuenta con una larga carrera —solo dos discos grabados—,  ya se está convirtiendo en un icono a nivel mundial.

Los armarios abiertos del Líbano

Cabe mencionar, sin embargo, que la presencia escénica de Sinno es tan solo una diminuta parte de lo que ha transformado Mashrou’ Leila en el fenómeno que es hoy día. El grupo se formó después de que sus integrantes se conocieran en la Universidad Americana de Beirut en 2008. Su sonido, que combina guitarras y teclados eléctricos con violines tradicionales, no se caracteriza por ser ni exclusivamente moderno ni exclusivamente tradicional; quizá podría compararse con el rock balcánico que sedujo Europa hace unos años. Algo muy alejado, también, del pop facilón y de la música para bodas: dos de los clichés más comunes en la actual escena musical de Oriente Próximo.

No es algo común en la capital jordana ver a una multitud de 3.000 personas, tal como sucedió ayer en el teatro romano. En Jordania, el hombre es quien domina el espacio público. Si saliésemos a dar un paseo por el centro de Amán serían pocas las mujeres que encontraríamos y, de estas, seguramente la mayoría irían cubiertas de la cabeza a los pies —no les cabe otra—. Por eso, en la vida pública, las féminas deben ir vestidas acorde al recatado código de vestimenta que impera en Jordania: los pantalones y las faldas deben llegar hasta los pies, los jerséis deben cubrir los hombros, el pecho y los codos, y las prendas ajustadas quedan excluidas. En principio, el cuerpo de la mujer, sea turista o residente, debe permanecer oculto.

Éxito de la banda en el teatro romano de Amán.

Sin embargo, ayer, los vastos muros de piedra que encierran el teatro escondieron una realidad totalmente diferente en la que los hiyabs se mezclaron con prendas cortas y ajustadas. A los seguidores de Mashrou’ Leila, modernos y rebeldes como la misma banda, no les faltaron ganas de corear las canciones a todo pulmón. Shim El Yasmine (Huele el jazmín) —una sentida balada que habla de la ruptura entre dos chicos porque uno de ellos decide permanecer en el armario, con mujer e hijos incluidos— se convirtió en el momento perfecto para que las parejas pudieran darse algún que otro achuchón.

Viaje a Amán

Este es el segundo año consecutivo que Chady Baddarni, un palestino de 23 años de Tel Aviv, coordina un viaje organizado a Amán con motivo del concierto de Mashrou’ Leila. Lo que empezó como un simple deseo de ver al grupo tocar en directo en compañía de un par de amigos terminó atrayendo a decenas de jóvenes palestinos e israelíes que se embutieron en autocares para pasar el fin de semana en la capital jordana. Asimismo, este año también organizaron una fiesta israelo-palestina tras el concierto en una de las pocas discotecas de Amán llamada Seventh Heaven.

No obstante, como suele ocurrir en las políticas de Oriente Próximo, la música no es solo música. La semana anterior al viaje, el movimiento de boicot popular jordano BDS (algo así como Boicot, Desinversión y Sanciones) mandó un comunicado a través de Facebook a los organizadores del evento y, en particular, a Baddarni en el que expresaban ideas claramente racistas y de oposición política, además de amenazas descaradas hacia los participantes: “No podemos estar más en contra de cualquier actividad de normalización política y cultural con el llamado Estado de Israel que permita el acceso a artistas o asistentes sionistas a cualquier evento cultural que tenga lugar aquí en Jordania. […] Es totalmente inaceptable. A pesar de tu confirmación y la de tu socio en Amán, no se permitirá la entrada a sionistas en el evento que estáis organizando (de hecho, adoptamos esta postura en contra de todo aquel que posea nacionalidad israelí y no sea de procedencia árabe). Estamos al corriente de todos los eventos culturales que acontecen en Amán y permaneceremos alerta durante el transcurso del concierto, por lo que os rogamos que cumpláis vuestra palabra y prometáis que contribuiréis a mantener el evento y el país libre de sionistas”.

“En dos palabras: matones racistas”, contesta este activista palestino. “Esto contradice descaradamente las bases del movimiento BDS y asesta un golpe de gracia a los grandes esfuerzos vertidos para diferenciar el boicot institucional del individual. El objetivo no es solamente vencer el sionismo, sino, además, construir el futuro posterior”, añade Baddarni. Una semana más tarde, me hallo en el teatro romano de Amán junto a los otros 111 jóvenes que vinieron con Baddarni —29 de los cuales son judíos, como yo—. Hoy he pasado el día entero paseando por la ciudad bajo el sol abrasador. El viento sopla cálido, me arremango los pantalones y me entrego a la magnífica voz de Sinno.

Fotos: © cortesía de la página de Facebook de Mashrou’ Leila y © AB.