"Mauvaises herbes": ¡Cuidado, que pinta!

Artículo publicado el 18 de Febrero de 2016
Artículo publicado el 18 de Febrero de 2016

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Nos encontramos en los bajos del bar "Bravo", en Bruselas, lleno hasta la bandera. Es aquí donde  Cafébabel ha decidido proyectar el documental "Mauvaises Herbes", bajo la atenta mirada de la directora Catherine Wielant. Sin duda, un buen plan para iniciarse en el maravilloso mundo de la botánica ...y algo más.

Senecio, musgo, diente de león ... Las primeras secuencias del documental "Mauvaises herbes", rodado en Bruselas nos sirven para hacernos una idea del ambiente donde va a transcurrir la historia. Un sendero en el que encontramos todas esas plantas que a menudo ni miramos y que raramente usamos para decorar salones, nos conduce a un universo nocturno, dotado de sus propias leyes, normas y códigos, y formado por un grupo de indivíduos armados con botes de pintura y dispuesto a mostrar al mundo su legado: son los firmeros.

Bruselas la nuit

“Osmose“, “Escro“ o “Choc“ son palabras que por sí solas no dicen nada, pero si añadimos que se trata de las firmas de algunos de los artistas que dejan su huella en las paredes de Bruselas, la cosa cambia. Son algunos de los "firmeros" que uno se puede encontrar en el metro, a los pies de una valla metálica o incluso colgados a tres metros del suelo, plantando sus tags, o firmas a modo de dibujo con sus nombres o apodos, y que, como las flores silvestres del documental, invaden los espacios públicos de la ciudad. Con su obra, las directoras Catherine Weilant y Caroline Vercruysse nos abren las puertas de este controvertido arte callejero.

Ambas están de acuerdo en asumir el lado transgresor de este tipo de pintada, dentro del complejo mundo de los graffiti, y es que, a diferencia de éste, el tag tiene peor fama. Lo primero que a muchos les viene a la cabeza cuando se encuentran ante uno de estos garabatos en la pared es la idea de inutilidad e incluso suciedad, por no decir vandalismo. El documental trata de todas estas cosas, incidiendo en la complejidad de una forma de expresión que todavía hoy sigue siendo desconocida para el público en general. 

La inmersión que las dos directoras hacen en este mundillo de spray y pintura es total y lo hacen además, tratando de proteger al máximo la identidad de los artistas, con máscaras de animales y rostros ocultos, para ofrecer al espectador una visión realista y transparente de su manera de expresarse en los muros de Bruselas. Pese a tratarse de un acto ilegal, de acuerdo con la normativa y la legalidad vigentes, el documental no incide demasiado en este aspecto, mostrando simplemente la obra y la caligrafía de esta subespecie de grafiteros. Precisamente, su noción de mostrar su propia visión de caligrafía y su espíritu "Robin de los bosques", frente a una sociedad de consumo,  en relación con su deseo de ser conocidos y reconocidos en este mundillo, hacen que nos movamos entre la frontera del arte y la degradación. A menudo, los firmeros utilizan un vocabulario hiriente o al menos molesto para el espectador, con el fin de transmitir y compartir con él su "malestar social". El hecho de dejar su huella coloreada en un muro sin que nadie les vea, es para ellos una especie de terapia.

Expresión libre

El numeroso público asistente a la proyección no fue obstáculo para que Catherine Weilant se sometiera al juego de preguntas y respuestas, debate e intercambio de posturas, y aunque la peli gustó, hubo opiniones para todos los gustos. Alguno de los allí presentes, mantuvo su escepticismo frente a una práctica no del todo aceptada, poniendo en duda el aspecto reivindicativo al que aluden los firmeros a través de un tag o un mensaje subversivo en una pared. Obetre, artista y sociólogo de sobra conocido en el ambiente más alternativo de Bruselas, intervino en este punto para aclarar que, el problema, en su opinión, viene del propio concepto moderno y a menudo erróneo, de espacio público. Lo que se nos presenta como un espacio puramente funcional es, o debe ser en realidad, un lugar de expresión. Los muros de la ciudad son un "bien público" que tenemos que recuperar, y la calle, en realidad, es el terreno de juego ideal para llevar a cabo nuestra protesta.

Para Pierre, uno de los asistentes e intervinientes en el debate, el tag tiene otro significado en relación con el aspecto más puramente artístico. Él y su colectivo, Dynamic’Art, están llevando a cabo desde hace algunos meses una operación consistente en poner a disposición de firmeros y grafiteros lo que ellos denominan "muros de expresión libre", en Bruselas, pero también en otras ciudades, y ello con una finalidad muy clara: permitir que los artistas, emergentes o ya con cierta trayectoria, se expresen libremente y que lo hagan dentro de la ley.

Artistas callejeros para unos y delincuentes para otros, el caso es que los firmeros no lo tienen fácil. Ante las posturas encontradas de los asistentes, Catherine Weilant y Caroline Vercruysse lanzan varias preguntas al público: ¿Y qué pasa si ahora nos dedicamos a jerarquizar las distintas disciplinas del arte callejero? ¿No sería mejor, en lugar de intentar criminalizar la acción de los firmeros, tratar de integrar sus tags en nuestro entorno? Si es que no tenemos más que mirar a nuestro alrededor para ver que las firmas, como las flores, crecen por todas las esquinas.