¡Me voy a trabajar a Brno!

Artículo publicado el 2 de Octubre de 2014
Artículo publicado el 2 de Octubre de 2014

Algunas multinacionales, como IBM, AVG o Motorola, han trasladado su producción a varias zonas de Brno. La segunda ciudad de la República Checa dispone de todo tipo de servicios en un área razonablemente extensa y muy bien interconectada, y está comunicada con todo el centro de Europa. ¿Qué atrae tanta mano de obra a una ciudad que, en opinión de muchos, no destaca por su apertura y hospitalidad?

El castillo de Špilberk, que domina Brno desde lo alto, se distingue perfectamente desde el Spielberk Office Centre, un moderno complejo de edificios con vistas al río Svratka. Este lugar es también un oasis lingüístico para los muchos trabajadores extranjeros que, al menos aquí, no tienen la necesidad de hablar en checo.

Entre las multinacionales aquí presentes no es difícil encontrar empleo, con un contrato de tiempo indeterminado y partiendo de competencias básicas (basta con saber hablar inglés y al menos otra lengua). Por lo general, se trata de trabajos en centros de atención telefónica o como traductores, intérpretes o técnicos informáticos.

Laura se mudó a Brno en enero de 2013 con su marido Federico, su hijo Samuele de cuatro años y dos chihuahuas. Con los servicios y las distancias que hay en esta ciudad, aquí disponen de más tiempo libre, y los salarios y los costes son comparables a los que tenían en Italia; tratar cada día con los checos y con su lengua no es fácil, pero los colegas italianos se reúnen fuera del trabajo y se ayudan los unos a los otros. También tienen más tiempo libre Saúl y tantos otros jóvenes españoles que han encontrado aquí un empleo (quizá no aquel que soñaban) a través de una conversación por Skype, justo después de haber terminado la carrera universitaria. El clima y el carácter de la gente a menudo les hacen sentir nostalgia de España, pero la única perspectiva que quedaba ahí era la de vivir desempleado en casa de sus padres.

Un mercado abierto a todos los frentes

¿Qué y quién más se pasea por esta viva pequeña ciudad, entre estudiantes y trabajadores multilingües? ¿Qué hacen aquellos que trabajan fuera de las ventanas de esos enormes edificios como no los hay ni siquiera en la capital, Praga? ¿Son todos ciudadanos europeos que disfrutan de sus privilegios en un país que se está adaptando a los movimientos migratorios?

María ha hecho lo imposible para obtener un visado de estudiante que le permita trabajar solo a tiempo parcial, convencida de que aquí, le vaya como le vaya, ganará más que en Ucrania, adonde no volverá hasta que haya ahorrado lo suficiente como para empezar una nueva vida. Empezó trabajando en la cocina de un pequeño restaurante hasta que sus jefes, cansados de su escasa comprensión y de sus recetas extravagantes, la echaron de repente, pagándole menos de lo acordado.

Como María, muchos otros ucranianos y ciudadanos extracomunitarios buscan aquí una vía de acceso a Europa. Artyom se planteó seriamente solicitar el estado de refugiado, a pesar de haber sido advertido de los días terribles que hubiera pasado en semiaislamiento. Lo importante era no volver nunca más a Armenia, donde, por ser homosexual, debería esconder su propia identidad. También él, gracias a un visado de estudiante y a algo de ayuda por parte de algunos conocidos, encontró al fin trabajo como ayudante de carpintero, suficiente para pagar los gastos y vivir libremente.

Sin embargo, no todos están predispuestos a ayudar incondicionalmente a sus compatriotas. Hablar ruso y ucraniano es una ventaja que aquí permite inventarse negocios: buscando alojamiento, ayudando con los documentos o incluso organizando convivencias o matrimonios concertados, en un mercado poco lícito y con tarifas obviamente no regladas. Un compañero con quien compartir habitación puede pedirte alrededor de 30.000 coronas (algo más de mil euros). Quien llega aquí normalmente está dispuesto a gastarse el fruto de sus ahorros, préstamos y ayudas con tal de poder seguir soñando con un futuro que su país parece no poder garantizarle.

Esta ciudad en el corazón de Europa sirve de escenario para las distintas vicisitudes de quien llega desde fuera, tanto del Occidente en crisis al cual la República Checa se va pareciendo cada vez más, como de aquel Este al que el país estaba unido hasta hace no demasiado tiempo bajo la influencia soviética. A estos últimos les cuesta menos aprender la lengua checa, pero en general todos están de acuerdo en que para empezar basta con saber cómo pedir una cerveza.