Medidas lacrimógenas para una Europa en crisis

Artículo publicado el 12 de Diciembre de 2011
Artículo publicado el 12 de Diciembre de 2011
Lea y llore: “lacrimógeno” es un adjetivo que se puede traducir prácticamente en todas las lenguas europeas. Se suele usar para describir una película, un libro, un juego o una canción que nos da ganas de llorar. El mundo del espectáculo consigue subir el ánimo de Europa, pero estas perlas también podrían disminuir nuestra depresión por la crisis.

El sabor a gas lacrimógeno impregna el año 2011, en el que los ciudadanos se han alzado en protestas que van desde África del Norte a Oriente Medio, pasando por Europa en mayo y culminando en Estados Unidos al final del año. Si miramos atrás, la crisis ha sido la obra más dramática de todas, que ha hecho que los ciudadanos intenten chapotear en un mar salvaje de aguas saladas.

Mientras el clima económico y la política nos adormecen entre lágrimas, las dramáticas medidas nacionales nos unen y nos sumen en la emoción. Les advertimos que una buena sesión de llanto puede tener un efecto catártico sobre el humor general. En polaco “wyciskacz łez” (se pronuncia “‘wichiskat wes”, donde “wyciskacz” significa “exprimir” y “lez” lágrimas) tiene más bien una connotación peyorativa. La expresión “wyciskacz łez” está dirigida, por lo general, a una película mala y romanticona que hace que exprimas tus propias lágrimas, como por ejemplo la película Dlaczego nie! (en español, ¿Por qué no?, 2007). Una canción italiana “strappalacrime” (“strappare” significa tirar, “lacrime” significa lágrimas) podría ser la música de Mia Martini (“mi corazón se rebela contra ti, pero mi cuerpo no dice una palabra”), especialmente dado que el cantante tenía un carácter marcado por la soledad y la tristeza. El equivalente español es la oscarizada película de Alejandro AmenábarMar Adentro, 2004, un dramón. En cambio, una película conmovedora francesa o también llamada tirelarme (lacrimógena) puede llegar a tener una humedad equiparable a la del agua de rosas.

El público británico es susceptible a canciones lacrimógenas, como por ejemplo la sentimentaloide canción de Robbie WilliamsAngels, que capturó la imaginación colectiva a finales de los años noventa. Hoy en día, los alemanes son los únicos con pocas razones para gritar. Estos técnicos Tränendrüsendrücker (en español, constructores de presas para lágrimas) se rinden ante la influencia americana y se quedan “lo que ellos llaman música” como recopilatorios de los noventa, en alemán Kuschelrock, donde Jon Bon Jovi y Phil Collins recorren los corazones rotos alemanes. Tal y como indica una fuente, el término “lacrimógeno” (en inglés, tearjerker) tendría su origen en el papel del “camarero” (en inglés, soda jerker) de la literatura de los años veinte. La única diferencia aparece en la forma en la que se provocan esas lágrimas. En inglés, las lágrimas salen “disparadas” con un movimiento rápido, en francés e italiano hay que “tirar” de las lágrimas y para los polacos las lágrimas se “exprimen”. ¿Delata esto el alma afligida de una Europa excesivamente sentimental?

Foto: (cc) ★ spunkinator/ Danny/ Flickr; danieljacksondickman.com; ilustración en el texto © Henning Studte