“Mejor juntos”, una integración de los recién llegados de lujo

Artículo publicado el 5 de Mayo de 2009
Artículo publicado el 5 de Mayo de 2009

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Luiza Sosna es la primera responsable de la integración en Luxemburgo. Esta polaca de 30 años, recién instalada en el Gran Ducado, defiende una tesis propia: el choque cultural no puede evitarlo nadie

¿Dónde puedo jugar al fútbol? ¿Dónde se puede conseguir la tarjeta para la declaración del impuesto sobre la renta? Todos los luxemburgueses hablan tres idiomas, entonces ¿cuál es el que yo debo aprender primero?

Luiza Sosna lleva solo 22 meses de ventaja a los que tratan de encontrar respuestas a esas preguntas. En primer lugar, en mayo de 2007, esta polaca de 30 años se trasladó junto a su marido desde Kiel a Luxemburgo. Desde febrero, la resposable de la integración del país contesta a las preguntas de los recién llegados.

En su despacho en el Ayuntamiento, Luiza recibe a los vecinos recién llegados. Al principio con una cordial sonrisa, luego con un manual de emergencia, que en 49 páginas explica la vida cotidiana en las calles de la ciudad. Y eso sí, siempre con las orejas bien abiertas. A un advenedizo no le falta de nada en el municipio, que se encuentra entre las carreteras de salida, el centro financiero de la ciudad de Luxemburgo y la autovía en dirección a Bélgica. Más de 2.000 banqueros, interventores, empleados de la Unión Europea y otros muchos, sobre todo jóvenes europeos y americanos, se han mudado a la ciudad en los dos últimos años. Hoy en día, Luxemburgo tiene 7.300 habitantes de 93 nacionalidades diferentes empadronados en sus calles y, en menos de 5 años, serán 8.000. Este crecimiento se corresponde con la media del país.

La integración como desafío

La integración se ha convertido para el alcalde, Gaston Greiveldinger, en todo un desafío. “En las asociaciones y en los actos del municipio se encuentran siempre las mismas 200 ó 300 caras”, opina y, además, piensa bien en los que ya vivían en sus calles, cuando la ciudad aún era un pueblo. Los nuevos luxemburgueses de diferentes partes del país o los no luxemburgueses, que son mayoría con un 54% de la población, deben “sentirse satisfechos".

Por eso Luiza ha bautizado el proyecto piloto, recomendado y desarrollado por ella, y  financiado por el Ministerio de la Familia, como 'Together better' (Mejor juntos). Esta iniciativa se apoya en una tesis, que elaboró mientras estudiaba: cada persona que se incorpora a una nueva empresa, sigue un proceso de integración semejante. Y eso tiene sus trucos. Al principio todo es nuevo, fascinante, hay muchas cosas por descubrir. Sin embargo, a más tardar, en el endemoniado séptimo mes, esa euforia inicial desaparece. El choque cultural golpea duro. El nuevo se siente extranjero, distanciándose y buscando a sus iguales. Contra esa fase depresiva, hay solo una medicina, según Luiza: “Salir de casa y participar. Y es exactamente ahí donde nosotros queremos comenzar, para que esa nueva fase sea eterna”.

Un equipo maratoniano común, conocimientos sólidos y actos informativos no son los únicos medicamentos de la receta de Luiza. Ella piensa en entrenamientos interculturales, a los que les invitan, para después aclarar sus ideas. “Yo quiero explicar que es completamente normal no integrarse perfectamente y pronto cuando se llega a un nuevo país o se muda uno sólo a otra ciudad”, opina Luiza.

Su esquema se basó en lo que ella pasó años atrás como estudiante en Alemania, cuando se preguntaba por qué el país al que había llegado, en principio “país de los sueños”, la deprimía tanto. En su segunda integración, iba todo igual que en el pasado. Bien es verdad que Luiza no hablaba luxemburgués y solo un pocode francés, pero reaccionó rápido y fundó con compatriotas polacos un grupo de teatro.

Por este motivo el alcalde, Gaston Greiveldinger, usa a su encargada de integración también como un ejemplo. “No se trata en absoluto de que la gente que ha venido se conviertan al instante en luxemburgués y se amolde a nuestra cultura. Ellos deben encontrar algo que les divierta con lo que enriquecer las calles”, opina el primer edil y añade con una sonrisa burlona: “y cuando ellos se sientan por primera vez llenos, quizá haya llegado el momento de plantearse hacer un curso de luxemburgués”.

Conoce más sobre Luxemburgo en el blog del nuevo equipo babeliano  Babel de Lux.